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César Pérez Vivas: La farsa parlamentaria

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La dictadura regresa este lunes 5 de enero del 2026 con su ya acostumbrada fórmula de la usurpación, el fraude y la manipulación para hacerle creer a nuestra sociedad y al mundo que Venezuela cuenta con una institución parlamentaria.

Si bien la Constitución vigente establece que las sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional deben iniciar cada 5 de Enero es conveniente recordar a propios y extraños que lo que va a reunirse este 5 de enero no es un cuerpo legislativo legal y legítimo, representante de la soberanía nacional. Lo que va a congregarse en la sede del Capitolio caraqueño es un grupo de personas investidas con la cualidad de diputados sin haber sido verdaderamente elegídos para representar a los ciudadanos porque ellos ofrecieron su nombre para avalar un sistema fraudulento instaurado por la cúpula usurpadora a partir del desconocimiento a la última asamblea elegida con un mínimo de legalidad como lo fue la que resultó de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre del 2015.

Cuando la dictadura sintió el efecto de la derrota, y observó que tendría un cuerpo legislativo que no estaría bajo su control, optó por darle una patada a la mesa y procedió a desconocer sus competencias hasta el punto de cerrarla e inventar otro cuerpo paralelo como lo fue la Asamblea Constituyente instalada a partir del 4 de agosto del 2017.

Es con este desconocimiento a la Asamblea del 2015 y con el establecimiento de una fraudulenta e inconstitucional Asamblea Constituyente que Maduro y su camarilla comenzaron a transitar de forma abierta y descarada la ruta de la usurpación y la dictadura. Hasta ese momento había guardado algunas formas, pero desde el golpe de estado legislativo la dictadura se hizo mucho más evidente pues el  grupete instalado en el poder decidió seguir ejerciendo el poder sin someterse a la constitución y mucho menos sin someterse al control político y administrativo de un parlamento. La camarilla se habia acostumbrado a controlar todo los poderes del estado y todo el poder de la sociedad. Pensar en una asamblea con una mayoría de las 2/3 partes en manos de la oposición democrática les movió de inmediato a su desconocimiento usando artificios burdos, como lo fueron las absurdas sentencias del tribunal supremo bajo su control.

Sabían que esa Asamblea del 2015 en el ejercicio de sus competencias cambiaría la ecuación del poder al establecer un equilibrio entre la toda poderosa presidencia de la República, diseñada en la constitución de 1999, y poderes como el Judicial y el llamado Ciudadano, vale decir Fiscalía, Contraloria, Defensoria, y por supuesto el Poder Electoral.

Maduro no podía dejar escapar el control del CNE, ya tenía en su fuero interno la determinación de hacer el fraude para mantenerse en Miraflores.

Es en ese marco de ilegalidad que convocan la elección de la Asamblea para el periodo legislativo 2020-2025.

En dicho proceso, además del ya conocido método fraudulento de adulterar los resultados, inflando la participación y asignando curules a fantasmas que no representan a absolutamente a nadie, se estableció otro mecanismo para inflar el número de curules a través de los cuales garantizarse un control, en la eventualidad que algunos de los elegidos se atreviesen a no acatar las instrucciones de la cúpula usurpadora.

Se trata de una decisión administrativa del poder electoral, absolutamente contraria a la letra y espíritu de la Constitución, de crear 120 curules adicionales mediante la elección de una lista nacional.

La lista nacional se inserta en un contexto de maniobras como

el control de las tarjetas de los partidos, donde se les prohíbe (de forma oficiosa) alianzas de sus listas de modo que al realizar la suma de los votos de cada

lista en todos los estados la suma nacional con la asignación de los cuocientes le permita al partido de gobierno, es decir al PSUV, asegurarse el 80% de esas fraudulentas curules. La manipulación de esos cuocientes, dado el secreto con que manejan esos resultados, le permiten a los usurpadores asignar curules a personajes que se presentan como opositores pero que todos sabemos son simples agentes mercenarios de la dictadura que ofrecen sus servicios como actores de reparto en la tragicomedia del poder corrompido del madurismo.

La fórmula fraudulenta de la insignificante asamblea capitaneada por ese funesto personaje de la usurpación llamado Jorge Rodriguez, volvió a repetirse el pasado 07 de agosto del 2025 cuando la dictadura celebró el simulacro de una elección parlamentaria para designar a los personajes que irán a fingir se integrantes de un poder que no es tal.

En efecto esta Asambela, la segunda de la usurpación, que se instala este 5 de enero del 2026, será una réplica de la vergonzosa agrupación que terminó su mandato en el 2025.

La simulación electoral del 25 de mayo

del 2025, quedará registrada como el

complemento al gran fraude electoral del 28 de Julio del 2024, mediante el cual el dictador Maduro y su camarilla dieron el golpe de estado a la soberanía

popular. Otro fraude para amarrar el control vergonzoso de todos los poderes del estado.

En ese súper fraude del 25 de Mayo se repitió el esquema fraudulento establecido con elección de la Constituyente del 2017 y  el instaurado con el evento del 6 de diciembre del 2020. Además de la burda manipulación de los números, al total ocultamiento de actas de totalización  de cada mesa y circuito electoral, se volvió a repetir el escandaloso método de la lista nacional

con la cual Maduro y Jorge Rodriguez se aseguran tener un 90% de agentes obedientes simulando ser diputados. Por supuesto que el otro 10% ante tamaña situación también ofrecerán su concurso

con su presencia donde tendrán que adecuarse a la narrativa de una dictadura que no acepta se le recuerde su origen fraudulento y su comportamiento criminal.

Puedo asegurar en esta nota que no habrá un solo “diputado” en esta asamblea que se atreva a plantear un debate serio sobre la negación del CNE a publicar las actas del proceso presidencial del 28 de julio del 2024, ni a exigir una interpelación de los ex ministros de petróleo de Maduro (Ramírez, Quevedo, Aleisami, Telechea.) para que expliquen el destino del dinero

robado a PDVSA, mucho menos exigir la

libertad de los presos políticos.

Quienes supuestamente son “diputados de la oposición” les dejarán decir algunas palabras mientras no toquen “los corotos del pesebre”.

Escribo esta nota antes de la instauración del show de este 5 de enero, pero estoy seguro que en esta nueva Asamblea no habrá una voz que se atreva a llamar las cosas por su nombre. A decirle a  la camarilla que son ilegítimos, que se robaron la elección presidencial y que ejercen ilegalmente el poder.

Menos ser atreverán a exigirles que se aparten de  la usurpación para permitirle a nuestra Venezuela retomar sus camino democrático, restablecer las relaciones con el mundo occidental superando el actual estado de conflicto

que tienen con los Estados Unidos y con buena parte de nuestros vecinos de América Latina y de Europa.

En esa simulación de parlamento que

hoy se instala no está presente la voluntad democrática de la nación venezolana, es solo un cuerpo de agentes de segunda categoría a quienes se les ha asignado el papel de fingir ser diputados de la República. Triste papel de la ese conjunto de personas que ofrecen su nombre para tamaño despropósito.

La lucha de la nación venezolana por recuperar la democracia continuará hasta lograr la expulsión de la camarilla usurpadora. Será en ese momento histórico cuando volveremos a tener verdaderos diputados, es decir verdaderos representantes de la soberanía popular. Entonces podremos decir que tendremos un PARLAMENTO.

Por supuesto debemos retornarle a esa institución fundamental de la democracia no solo su representatividad y dignidad, sino también su verdadero poder de cuerpo legislativo, de control y representación.

Para lograrlo hay que eliminar esta raquítica figura llamada Asamblea Nacional diseñada en la constituyente de 1999 para darle todo el poder a la figura del Presidente de la

República. Para que podamos hablar de Parlamento, en la Venezuela democrática que está por llegar, necesitamos establecer el Congreso

Bicameral, con Cámara de Senadores y Diputados, dotados dichos cuerpos de poderes suficientes para garantizar el equilibrio y la separación entre las diversas ramas del poder público.

 

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