Darle un caramelo o una galleta para calmar las lágrimas de los niños como premio o en la merienda, parece un acto tan inofensivo, pero estos alimentos hechos con azúcar refinada si son consumidos a diario y en exceso, potencian la aparición de enfermedades relacionadas con la nutrición: Como obesidad, diabetes tipo dos, hipertensión, caries y desequilibrios metabólicos que acompañan al infante a lo largo de su vida.
¡Los niños no necesitan el azúcar añadida en su alimentación!», exclamó la doctora María Ferrer, médico pediatra especialista en nutrición infantil y coordinadora de la consulta de nutrición del Hospital Pediátrico Dr. Agustín Zubillaga.
Según la Academia Estadounidense de Pediatría y la OMS, durante los primeros 1.000 días de vida de un bebé, que se cuentan desde el momento de la concepción hasta los dos años, no deben comer nada de azúcar procesada ni sal, ya que los alimentos naturales contienen el azúcar o la fructosa necesaria, al igual que el sodio.
Ana Uzcátegui – La Prensa de Lara

