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Jesús Alberto Castillo: Educar para garantizar ciudadanos

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La construcción de una república supone, primeramente, contar con ciudadanos criticos que apuesten al fortalecimiento de la cultura democrática, al funcionamiento de las instituciones y al progreso económico. Pero, para que haya ciudadanos de ese talento se requiere una formación en valores.

La lógica nos dice, por consiguiente, que la educación es el motor clave para el desarrollo de la persona y, en consecuencia, la construcción de la república. Ella vence las sombras y da herramientas útiles para que el individuo se defienda en la vida y trascienda favorablemente. Es una gran ventana que brinda oportunidades a granel.

Esta concepción estuvo presente en la mente de Simón Bolívar, El Libertador, quien fue un furibundo defensor de la educación ciudadana. Consideraba que la ignorancia es uno de los peores males de la sociedad. Representa el peso muerto en el camino de los pueblos y la conducción hacia la propia destrucción de la humanidad.

De manera que los pueblos que han alcanzado un alto nivel de desarrollo se debe a la existencia de un modelo educativo capaz de generar esencia creadora y cultura permanente en los miembros de la comunidad. La grandeza de los pueblos se mide por sus obras y su avance civilizatorio. Este estadio es lo que le permite crear y asumir un compromiso eco- responsable con su hábitat. Las obras de los pueblos son sus manifestaciones culturales, ideas y prácticas sociales.

Es aquí donde juega un papel importante la educación. El propio Bolívar sostenía, en carta dirigida a su hermana María Antonia desde Lima el 25 de abril de 1825, que “la instrucción es la felicidad de la vida y el ignorante está próximo a revolverse en el lodo de la corrupción; se precipita luego infalible ente en el lodo de las tinieblas y la servidumbre”. De allí que sea presa fácil de opresión y miseria, sin capacidad de reflexionar sobre lo que acontece a su alrededor. Solo ve sombras que nublan su existencia humana.

Hoy, en un mundo vacío y de supersticiones, cobra vigencia esa frase lapidaria del Libertador: “Moral y luces son los dos polos de la República. Moral y luces son nuestras primeras necesidades”. ¡Qué maravillosa es la pluma de Bolívar! Estaba convencido que para ser ciudadano activo, de acuerdo a su Discurso en Angostura, era necesario saber leer y escribir y profesar alguna disciplina científica. Valoraba el estudio como vía de superación del ser humano.

 

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