pancarta sol scaled

Pedro Benítez: Las tres derechas chilenas

Compartir

 

El próximo domingo 16 se efectuará en Chile la primera vuelta de la elección presidencial y, si tal como indican las encuestas, ninguno de los dos candidatos más votados supera la mitad más uno de los sufragios emitidos, se realizará una segunda vuelta el 14 de diciembre en la cual se elegirá al sucesor del presidente Gabriel Boric.

Esos estudios de opinión pronostican que, con alrededor del 30% de los votos, Janet Jara se impondrá con facilidad en esa instancia. Jara, exministra del Trabajo de Boric y militante comunista, es la candidata de Unidad por Chile, la coalición de partidos de izquierda y centroizquierda que respaldan el gobierno. Entre los mismos se cuentan el Frente Amplio (FA) y el Partido Comunista, con los cuales el actual mandatario ganó la elección de hace cuatro años; más los partidos Socialista, Demócrata Cristiano, Por la Democracia (PPD) del expresidente Ricardo Lagos, que en el pasado formaron la Concertación.

No obstante, esas mismas encuestas también coinciden en vaticinar que en esa segunda instancia comicial la candidatura de la derecha se podría imponer con el 60% o más de los sufragios. Esos números no son sorpresa alguna puesto que son, aproximadamente, las mismas cifras de aprobación (30%) y desaprobación (60%) que ha tenido la gestión de Boric a lo largo de estos casi cuatro años que lleva despachando en el Palacio de La Moneda.

Y también son similares, no por casualidad, con la votación del plebiscito constitucional del 4 de septiembre de 2022 en donde casi el 62% de electores chilenos rechazaron la propuesta constitucional redactada por la Convención Constitucional, dominada por la izquierda y respaldada por el presidente. Solo el 38% de los electores la apoyaron.

Aquel fue el peor resultado para la izquierda chilena desde el retorno de la democracia en 1990 y, según todo indica, constituyó un realineamiento del electorado de ese país solo comparable al ocurrido en el referéndum en el que se derrotó con los votos la pretensión continuista del régimen militar en 1988.

Meses después la derecha y la centroderecha chilenas se impusieron cómodamente en las elecciones de consejeros constitucionales, ganando, insólitamente, un proceso político que la izquierda había impulsado.

Gobierno de Boric

Aunque el gobierno de Boric no ha sido tan desastroso como pronosticaron sus críticos, lo cierto es que para la mayoría determinante de sus conciudadanos ha resultado decepcionante y muy alejado de las expectativas iniciales. La generación de políticos surgida de las protestas estudiantiles de 2011, de la cual el actual presidente terminó siendo la figura más destacada, vio en el proceso iniciado con el denominado “estallido social” de octubre de 2019 la oportunidad de refundar el país y, con ello, enterrar el modelo económico “neoliberal” que la democracia heredó de la dictadura. Pero en el ejercicio de la administración pública su desempeño ha sido mediocre, incluso reeditando los vicios de la clase política anterior.

Pero si algo ha golpeado la imagen del gobierno de Boric ha sido su incapacidad para atajar el creciente deterioro de la seguridad pública de los últimos años, causando profunda alarma entre la mayoría de los chilenos.

Todo eso ha provocado el clásico movimiento de péndulo en el espectro político/ideológico. Si hace cuatro años la mayoría apostó a las promesas de justicia social y redistribución de la riqueza, ahora una nueva mayoría se inclina por el orden en las calles y el crecimiento económico.

Ante esa perspectiva la izquierda y la centroizquierda se han cohesionado de manera casi instintiva para salvar lo que pueda del aluvión electoral que se les viene encima. En cambio, en la derecha ha ocurrido todo lo contrario; la perspectiva de la victoria ha estimulado la dispersión de sus candidaturas, concretamente en tres: Evelyn Matthei, de Chile Vamos (la coalición del expresidente Sebastián Piñera); José Antonio Kast, del Partido Republicano (en 2022 disputó la segunda vuelta con Boric); y Johannes Kaiser, del Partido Nacional Libertario.

A lo largo de estos meses de campaña cada uno se ha movido en distintos momentos en torno al 20% de las preferencias, y aunque ni Kaiser ni Kast aceptaron ir a primarias oficiales con Matthei en junio pasado (a diferencia de la izquierda, que eligió su candidata única), se da como altamente probable que casi todos sus votantes se trasladen de manera natural hacia el candidato que se enfrente a Jara en la segunda vuelta.

Sin embargo, la dura competencia entre los tres ha puesto en evidencia una circunstancia que se suele pasar por alto: las derechas (al igual que las izquierdas) se parecen, pero no siempre son exactamente lo mismo. Este caso es bastante representativo.

Matthei y Kast

Matthei, que se presenta por segunda ocasión (perdió en 2013 con Michelle Bachelet), exalcaldesa de una de las comunas (municipios) más acomodadas de Santiago, exministra del Trabajo y exsenadora, representa a la derecha institucional y moderada. Partidaria de los acuerdos y el consenso, su política es homologable a Mauricio Macri, Piñera, Luis Lacalle Pou, Geraldo Alckmin (actual vicepresidente de Brasil), el PAN mexicano o el Partido Popular español. Ubicados en las clases medias y altas, sus votantes son los conservadores clásicos. Es lo que la nueva derecha populista e identitaria califica como “derechita cobarde”.

Kast, en cambio, representa la derecha nostálgica y nacionalista. Abierto defensor del régimen de Augusto Pinochet, ha encarnado la oposición más dura a Boric; fiero crítico de la izquierda, su mensaje central consiste en combatir el crimen y la inmigración ilegal. Un tenaz trabajo político (esta es su tercera candidatura presidencial) y un discurso enfocado en orden, propiedad, familia y Dios le ha permitido calar en los sectores populares y entre los jóvenes. Para que nos entendamos, va por la línea de Jair Bolsonaro, Donald Trump, Marine Le Pen o Vox en España; aunque su promesa estrella consiste en seguir el ejemplo de Nayib Bukele.

Las distintas encuestadoras y analistas señalan que cualquiera de los dos le ganaría a Jara en la segunda vuelta. Solo que Matthei con un margen fácilmente superior al 60% por su capacidad de atraer votos provenientes de la centroizquierda.

Incluso, en algún momento se pensó que la segunda vuelta de este año la protagonizarían Matthei y Kast, obligando a la izquierda a escoger por el “mal menor”, tal como acaba de ocurrir en Bolivia. No obstante, el enfrentamiento mutuo y el repentino ascenso del outsider de esta elección ha dividido todavía más a la derecha, siendo esta la tabla de salvación para la candidatura de izquierda.

Johannes Kaiser, el tercero en liza, se ha visto favorecido por el “efecto Milei” que viene del otro lado de la Cordillera. Esta es la nueva ola de la derecha, cuyo destino depende mucho de cómo le vaya al controversial presidente argentino. Si bien Matthei y Kast coinciden en favorecer la inversión privada, ofrecen menos impuestos y regulaciones, ninguno reniega del Estado. Pero Kaiser va más allá y reedita mucho del discurso de Milei, aunque no su estilo. Es el más radical de los tres. Abomina de cualquier acuerdo con la izquierda, es duro y pareciera que no le interesara ganar la elección. En su ascenso le ha quitado muchos votantes tanto a Matthei como a Kast.

No obstante, para ganar la segunda vuelta (y gobernar) las tres derechas están condenadas a unirse. Ese cuadro guarda cierta similitud con la elección de 2022 que ganó Giorgia Meloni en Italia, donde también se presentaron tres derechas. Salvando las distancias, porque este caso se trata de un sistema parlamentario, la líder italiana ganó la mayoría como la más radical de su grupo, pero ha gobernado con el pragmatismo propio de un conservador tradicional. Incluso, se temió sobre actitud ante la invasión rusa a Ucrania por la conocida influencia que Vladimir Putin tiene sobre la nueva derecha populista; sin embargo, Meloni se alineó con la posición mayoritaria dentro de Europa pese a haber sido una conocida crítica de la Unión Europea.

Como la legislación chilena prohíbe la difusión de encuestas en los últimos días de campaña, no se puede saber cómo van variando las tendencias de los electores en las últimas horas. Los más recientes estudios conocidos públicamente daban a Kast la primera opción de pasar al balotaje, mientras que Matthei, que empezó la campaña siendo la favorita, se ha ido diluyendo.

El más radical de las tres derechas

Queda en suspenso hasta el domingo saber si Kaiser tendrá suficiente impulso como para desplazar a los dos. Por lo pronto, a eso apuesta el comando de Jara; por ser el más radical de las tres derechas es el rival que prefiere.

La candidata del oficialismo ha hecho todo lo posible por presentarse como una moderada, pero su militancia comunista y el intenso deseo de cambio que prevalece en la mayoría del electorado chileno le pesa como una losa. Las encuestas la colocan todavía lejos del 38% que consiguió el apruebo en 2022, aunque no falta quien recuerde las repetidas fallas de las encuestadoras en los recientes procesos electorales efectuados en Suramérica.

Sin embargo, hay un dato pertinente a agregar: desde 2010 todos los candidatos oficialistas han perdido las elecciones en Chile. Una y otra vez la gente ha castigado a los gobiernos de turno.

Cuando Sebastián Piñera fue elegido presidente por primera vez se pensó que la derecha iniciaba un largo ciclo de dominio y cuatro años después regresó Michelle Bachelet. En 2022, con la elección de Boric, se razonó con bastante fundamento que la izquierda dominaría el gobierno por al menos ocho años, pero ahora la derecha pinochetista está a un paso de regresar a La Moneda con los votos y no con las balas.

 

Traducción »