En los dos últimos años, el inicio de octubre ha coincidido con la decisión del Estado venezolano de adelantar la Navidad, extendiendo oficialmente la temporada festiva desde ese mes. Este gesto, reiterado y planificado, trasciende lo meramente comercial: constituye una estrategia simbólica que, desde una mirada antropológica, enlaza la religiosidad popular con la narrativa política del régimen. Al hacerlo, genera una continuidad afectiva y ritual que mantiene a la población emocionalmente vinculada a los símbolos de identidad nacional y a una espiritualidad popular reinterpretada bajo el signo del poder.
Al superponerse la festividad de María Lionza con la temporada navideña y la participación directa del Estado —como la entrega, este año, de la escultura del Negro Primero por el ministro de Cultura, Ernesto Villegas, a la Montaña de Sorte— se crea un efecto de legitimación simbólica, donde el público se mantiene movilizado y vinculado tanto al imaginario sagrado como al poder político. Esta estrategia evidencia la capacidad del régimen para instrumentalizar fechas, rituales y emociones, consolidando su narrativa y proyectando control social.
1.- María Lionza y la Montaña de Sorte: religiosidad popular y memoria colectiva
El 12 de octubre se celebra la festividad más significativa del espiritismo venezolano: el culto a María Lionza, que combina elementos indígenas, africanos y católicos. La Montaña de Sorte, en el estado Yaracuy, se convierte en el epicentro de esta manifestación, congregando miles de devotos que buscan contacto con lo sagrado. La diosa es percibida como la reina de los espíritus, mediadora entre el mundo humano y las fuerzas de la naturaleza.
Dentro del culto marialioncero, se destacan distintas cortes espirituales:
– La Corte Libertadora, que homenajea a los héroes de la independencia, simbolizando lucha, libertad y justicia.
– La Corte Negra, que preserva las raíces africanas, honrando la memoria de los ancestros y la riqueza del sincretismo cultural.
En los últimos años, la figura de Hugo Chávez ha sido incorporada a la ritualidad, reconocido por algunos devotos como un espíritu asociado a la justicia social dentro de la corte libertadora. Este fenómeno tiene raíces más hondas: desde aquel gesto de Chávez de dejar una silla vacía para el Libertador en sus reuniones —símbolo de una mística política en gestación— hasta la oración “Chávez nuestro que estás en el cielo”, pronunciada el 1 de septiembre de 2014 ante Nicolás Maduro, que consolidó una liturgia capaz de transformar el movimiento político en culto. De ese modo, la religiosidad popular fue cooptada por el poder del régimen, y el culto marialioncero se convirtió en un espacio donde lo espiritual y lo político se funden bajo una narrativa sagrada de legitimación.
2.- El Baile en Candela: patrimonio cultural y expresión de fe
El Baile en Candela, ritual donde los participantes caminan sobre brasas ardientes en trance, se ha arraigado como la expresión más icónica del culto a María Lionza. Precisamente, en octubre de 2024, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de Venezuela, reforzando su relevancia espiritual y social para el régimen. Este acto masivo moviliza a cientos de personas, genera cohesión comunitaria y demuestra la fuerza simbólica del culto.
3.- Helicoide: estetización del terror y convergencia simbólica
El paralelismo entre la ritualidad de octubre y la anticipación de la Navidad en el Helicoide revela la coherencia de la estrategia del poder. El primero de octubre, el régimen adornó con luces y fuegos artificiales la sede del SEBIN, centro de tortura conocido, anticipando la Navidad. Aquí, la violencia y el terror se estetizan, convirtiéndose en espectáculo y banalizando el sufrimiento; como diría Arendt, es una expresión de la banalidad del mal.
En ambos casos —Sorte y Helicoide— el Estado manipula fechas, rituales y emociones para consolidar su narrativa: en la montaña, moviliza la religiosidad y la memoria histórica; en Caracas, transforma el terror en adorno y espectáculo. La convergencia entre ritualidad y política evidencia una continuidad simbólica, donde la banalidad del mal se articula con la emoción colectiva y la identidad nacional.
4.- Llamado a la conciencia y a la acción
La combinación de religiosidad popular, manipulación política y espectáculo autoritario nos confronta con un desafío que va más allá del análisis académico: la defensa de la memoria, la dignidad y la justicia en Venezuela requiere una reacción ética y cívica de todos los ciudadanos. No es suficiente analizar o criticar desde la distancia; es necesario reconocer cómo el poder utiliza la cultura, la religión y el tiempo mismo para normalizar lo intolerable y proyectar control absoluto.
Los venezolanos debemos aprender de estas prácticas: cada ritual, cada festividad y cada fecha manipulada por el régimen son también espacios de disputa simbólica y política. Confrontar al poder exige comprender estas estrategias y responder en todos los frentes: cultural, social, espiritual y político. Reivindicar la autenticidad de nuestras tradiciones, denunciar la profanación de valores y rituales, y mantener activa la memoria histórica de la nación son actos de resistencia tan esenciales como cualquier acción política directa.
En definitiva, la espiritualidad, la cultura y la historia no son neutrales; son armas de conciencia y libertad. Frente a la banalidad del mal y la estetización del terror, callar es complicidad. Cada ciudadano, cada comunidad y cada manifestación cultural pueden convertirse en un contrapoder ético que haga visible la verdad y exija justicia. La invitación es clara: observar, pensar y actuar, desde la fe, la razón y la solidaridad, para que Venezuela recupere su dignidad y su libertad.
Profesor universitario

