Sigue dolida buena parte de lo que todavía denominan la izquierda continental, por el Premio Nobel de la Paz recién otorgado a la máxima dirigente política actual de Venezuela. El despecho no se les pasará nunca, supurando como andan por añejas heridas pútridas. No soportan que se metan contra sus amigos, hagan lo que hagan, traspasen los límites que traspasen, como en efecto han traspasado todas las rayas rojas.
Petro, en medio de su despertar diario y su posible reconocimiento de estar en el mundo sin saber bien para qué, dice algunas cosas y hace otras, típico de gente dominada no por el azar; por un lado dice no reconocer resultados electorales irreconocibles para muy buena parte del mundo, y por otro defiende verbalmente y seguramente no de único modo acciones y verbo contrario a las fechorías. ¿Partícipe? Muy mal parado queda una vez más el gritón en otros patios contra la democracia establecida. Por eso lo echaron y le negaron la visa. Por eso no podrá entrar nunca más a EE.UU.
Sheinbaum por su parte, tan habladora, como buena política que obtuvo la presidencia de México no por muda precisamente, se inclina hacia su grupete “izquierdista”, con cara de cuestión, al ser preguntada, evade la posibilidad de emitir opinión y así la emite, creyendo tal vez causar daño profundo a la búsqueda de democracia en Venezuela, lo que en el fondo representa la búsqueda de democracia definitiva en el continente. Ella bien lo sabe. Quedó sin palabras ante el mundo, por el Premio Nobel de la Paz del año 2025. A pesar de ser mujer, a pesar de ser política, a pesar de haber ganado unas elecciones y dirigir un país porque el resultado electoral le fue reconocido, como a Petro, por cierto. Su mudez resulta inútil. México sigue señalado por los cárteles también y sus negocios ilicitos. ¿Productivos?
A Adolfo Pérez Esquivel lo sacan del letargo de estos últimos años, adormecido ante lo que le ocurre a millones de venezolanos, nunca ha abierto la boca para indicar algo sobre la emigración más alta de América Latina y del mundo. El sueldo más bajo del orbe, la inflación más alta de la tierra. Jamás se ha pronunciado por detenciones arbitrarias en Venezuela, por muertes indebidas, por la permanencia de presos políticos que llegan casi a mil, por las libertades coartadas en Venezuela. Lo despiertan para oponerse al premio. Y va y se pronuncia con su autoridad. ¿Para qué? Pataletas de ahogados que ven el momento cercano de acabarse la fiesta del cruel estar en el poder de la “izquierda” en nuestro continente. Más decente moralmente resultó su vecino Boric. Y todos aquellos representantes de la “izquierda” que no miran para otro lado y reconocen los desmanes, las extralimitaciones inaceptables, propias del secuestro condenable de una sociedad.
Les tengo a los amigos de la trasnochada izquierda política latinoamericana una muy mala noticia: el premio no lo quitan. Siempre es muy bien ponderado por la Academia, así cierren dolidos embajadas y traten de hablar alto y pasajero los aullantes del dolor izquierdista. Algunos lo han dejado de retirar: Sarte entre ellos, fíjense bien. Y este de La Paz solo lo ha rechazado Le Duc Tho, precisamente un comunista. Pero ustedes no pueden quitarlo, ni que griten, ni mellarlo inmoralmente. Ahí está y seguirá vigente por el resto de los tiempos, a pesar suyo.

