En las acomodadas clases medias y altas latinoamericanas se suele creer que el terror y el sadismo que caracteriza la subcultura del narcotráfico es un asunto lejano, un mal de países como México y Colombia que solo vemos en las series que presentan las plataformas de streaming. Sin embargo, país tras país de la región esa ilusión viene siendo destruida por ese tipo de sucesos que estremecen a una sociedad.
En lo que ha ocurrido hace pocos días en Argentina, cuya opinión pública se encuentra en estos momentos en estado de shock.
El pasado 24 de septiembre fueron hallados los cuerpos sin vida de tres jóvenes mujeres enterrados en un pozo en el fondo de una vivienda de Villa Vatteone, correspondiente al partido (municipio) de Florencio Varela, en la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país.
Todas presentaban signos de tortura y mutilaciones. Las víctimas fueron Brenda Loreley del Castillo (20 años), Morena Verri (20 años) y Lara Morena Gutiérrez (de 15). Las tres desaparecieron el 19 de septiembre tras abordar un vehículo en otro lugar del conurbano bonaerense alrededor de las 09:30 pm.
Las tres víctimas fueron vistas por última vez en una estación de servicio.
Según registros de las cámaras de seguridad municipales, abordaron una camioneta con patente adulterada. De acuerdo con la investigación, habrían sido engañadas con la excusa de asistir a una fiesta en Florencio Varela, donde se activó la última señal del teléfono celular de una de las jóvenes.
Tráfico de drogas en Argentina
La principal hipótesis de la investigación apunta a una venganza vinculada a una organización delictiva dedicada al tráfico de drogas de origen peruano, presuntamente liderada por Janzen Valverde Victoriano, alías “Pequeño J”. El móvil del crimen habría sido una venganza por disputas internas del narcotráfico; se especula que la hermana de una de las víctimas, Lara Gutiérrez, habría robado una cantidad significativa de cocaína.
Las autopsias revelaron que las jóvenes fueron sometidas a torturas extremas antes de su muerte, incluyendo amputaciones, quemaduras, puñaladas y golpizas severas. A una le amputaron los cinco dedos de la mano izquierda y una oreja, y fue ultimada con una puñalada en el cuello; otra recibió múltiples heridas punzocortantes en el cuello, golpes en la cabeza y una evisceración post mortem; la menor fue golpeada en el rostro y sufrió una fractura cervical.
Estos terribles detalles se conocen porque la investigación policial encontró que la sesión de tortura fue transmitida en vivo a través de un grupo cerrado de Instagram en el que participaron alrededor de 40 personas. Se presume que, en su mayoría, eran mandos medios de una organización narcocriminal.
Evidentemente, con esa transmisión se buscaba enviar un mensaje de advertencia tanto a miembros propios como a grupos rivales en el marco de disputas territoriales por narcotráfico
Los cuerpos de las chicas fueron descuartizados y enterrados en el patio de la propiedad.
Redes de prostitución
La investigación también ha revelado conexiones entre los sospechosos y redes de prostitución, porque varios de los detenidos integraban estructuras criminales que combinan narcotráfico con explotación sexual.
Todo indica que la organización criminal ha ejercido la clásica operación de las bandas dedicas al microtráfico en los barrios vulnerables latinoamericanos, mediante el control territorial, la extorsión y el reclutamiento con fines de trata de personas, aunque esto último no se ha confirmado como motivación directa del triple homicidio.
Hasta ahora las autoridades policiales argentinas, tanto federales como provinciales, han actuado de manera expedita y eficaz. En pocos días detuvieron a nueve personas cuyos distintos grados de vinculación con los asesinatos ya han sido establecidos. Dos fueron halladas infraganti, otro ha confesado su participación.
El 30 de septiembre, en un operativo a cargo de la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional del Perú, con colaboración de la Policía Bonaerense, se arrestó en Lima, a Matías Agustín Ozorio (28 años), octavo detenido, señalado como la mano derecha de “Pequeño J” y responsable de la logística del hecho.
Horas más tarde este último, considerado el presunto autor intelectual del triple crimen, fue también capturado en esa ciudad.
El proceso de extradición solicitado por la justicia argentina ya se inició.
Indignación
El suceso ha generado una amplia ola de indignación social en Argentina, que se expresó en movilizaciones, protestas y reclamos públicos de justicia. Las primeras manifestaciones se han dado en las principales ciudades del país. El movimiento Ni una menos convocó a una marcha en Plaza de Mayo bajo la consigna “ninguna víctima es descartable” y calificando el caso como de triple feminicidio.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, calificó el hecho como un “narcofemicidio planificado para que los cuerpos desaparecieran” y reclamó al presidente Javier Milei convocar a los gobernadores para coordinar una estrategia federal frente al narcotráfico.
Sin embargo, se han multiplicado las críticas a la gestión de seguridad en la provincia de Buenos Aires, pero también ha provocado controversia las declaraciones de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, puesto que el narcotráfico es un delito federal.
Visto desde afuera, ese hecho trae a la memoria lo ocurrido el 19 de enero de 2024 en Ecuador, cuando un grupo de delincuentes fuertemente armados ingresó a las instalaciones del canal de televisión TC Televisión en Guayaquil y tomó como rehenes a periodistas y personal operativo, secuestrándolos momentáneamente. El acontecimiento se transmitió en vivo y directo.
Investigaciones posteriores determinaron que se trató de una banda directamente relacionada con el narcotráfico en el contexto de otros ataques y actos violentos que llevaron al gobierno ecuatoriano a declarar el estado de conflicto armado interno.
Se encienden las alarmas en Argentina
Y tal vez se recuerde el dramático homicidio del periodista y candidato presidencial Fernando Villavicencio, tras salir de un mitin de campaña en Quito, ocurrido el 9 de agosto de 2023, once días antes de las elecciones generales ecuatorianas de 2023. El móvil de este crimen se atribuyó también al narco.
Es decir, es el tipo de sucesos que prenden las alarmas. Ese punto de inflexión en el cual se pone de manifiesto que el cáncer del narcotráfico, con su inevitable secuela de violencia y crueldad, ha avanzado mucho en el cuerpo social.
De manera más o menos imperceptible, como suele ocurrir, el narcotráfico en Argentina ha experimentado un notable crecimiento en los últimos 25 años. Las crisis económicas han agravado la vulnerabilidad social en asentamientos urbanos informales, haciendo de estos focos de esa actividad ilícita, con bandas controlando o disputando la distribución de estupefacientes como marihuana y cocaína.
Lo usual en cualquier gran ciudad del continente. Distintos operativos policiales han revelado la escala de esas actividades, con decomisos de grandes cantidades de sustancias y detenciones de redes integradas por vendedores locales.
Pero el estado argentino no ha desarrollado las capacidades para enfrentar este reto, a diferencia de Brasil, México y Colombia, donde sus autoridades judiciales y policiales llevan más de tres décadas de enfrentamiento abierto con varios de los carteles del narco mejor armados y financiados del mundo. Auténticas transnacionales del crimen.
En el resto de la región se tiene poca conciencia del peligro de un negocio ilícito que todos los días busca nuevos territorios para operar. Aunque no es una parte del mundo dividida por conflictos étnicos o religiosos milenarios, Latinoamérica es considerada la región más insegura del planeta. Con apenas 8% de la población mundial, acumula el 37% de los homicidios.
Son diversas las causas que se citan, pero siempre aparece un común denominador: el narcotráfico. Ese, más que cualquier otro, parece ser la principal amenaza a las instituciones de la región.
@PedroBenitezF.

