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Rafael Simancas: No es xenofobia, es maldad

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No es verdad que la inmigración sea ya el “segundo problema para los españoles”, como afirma la portavoz parlamentaria del PP. El barómetro de septiembre del CIS indica que la inmigración ocupa el décimo puesto entre los asuntos que los españoles señalan como primer problema que les afecta personalmente, y el quinto puesto en lo referido al conjunto del país.

No obstante, es cierto que el 20,7% de la población sitúa la inmigración como uno de los tres problemas principales de España en la actualidad, solo detrás de la vivienda.

Por tanto, lo han conseguido. Hasta hace bien poco, los españoles lográbamos mantenernos al margen de la ola de miedo y odio que la ultraderecha desataba en buena parte del mundo contra quienes migran huyendo de la guerra y la miseria, o simplemente en busca de una vida mejor para ellos y sus familias.

Ahora ya no. Los odiadores han logrado inocular sus mentiras también entre nosotros. Parecieran haberse borrado de la memoria los millones de hombres y mujeres de nuestro país que no ha mucho metieron sus pocas pertenencias en maletas de cartón para dejar atrás el hambre y la pobreza en tierra ignota y temible. Mis padres, por ejemplo.

Lo peor es que mienten a conciencia, sabiendo la verdad. Y lo hacen para incitar el instinto que convierte lo diferente en amenaza, que mueve el miedo y la aversión ante el que llega de lejos, con otra piel, otra lengua, otras vivencias, para compartir nuestra tierra, trabajo y provisiones. Lo hacen para que los atemorizados y odiadores les sirvan de peldaño hacia el poder. Por eso no podemos hablar solo de xenofobia. Es inhumanidad. Es maldad.

Las mentiras que vierten suelen ser tres. Que los inmigrantes traten criminalidad. Que los inmigrantes colapsan servicios y prestaciones del Estado de Bienestar. Y que crece y crece la inmigración irregular. Todo mentira.

Entre 2005 y 2025, la población inmigrante en España ha pasado de 3,7 a 7 millones de personas, mientras la tasa de criminalidad se ha reducido de 49,4 delitos convencionales por 1000 habitantes a poco más de 41. Mentira.

Los inmigrantes pagan impuestos y cotizan a la Seguridad Social como el resto de la población, y usan los servicios de salud menos que el resto al tener una edad media más joven. Es más, resulta difícil asegurar la sostenibilidad futura de nuestro sistema de pensiones sin la contribución decisiva de los inmigrantes. Y no es cierto que copen el cobro del Ingreso Mínimo Vital, que cobran los autóctonos en más del 80% y que requiere al menos un año de residencia legal previa.

Tampoco crece la inmigración irregular, como pretenden hacer ver. En el primer semestre de 2025, las llegadas de migrantes a España por vías irregulares se han reducido en un 27,8% respecto al mismo periodo del año anterior.

Mentiras y mentiras.

La inmigración ha de gestionarse con racionalidad, claro, como todo. Y con humanidad también, si no queremos zambullirnos definitivamente en la indignidad.

Mienten porque quieren alcanzar el poder sobre la criminalización mendaz de millones de criaturas que tan solo aspiran a una vida digna, como tú y como yo. Y eso tiene un nombre: maldad.

 

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