Punto de quiere.
En mi cumpleaños.
Ubicando algunas pistas…
Procuramos no zanjar el entorno y las oscilaciones del alma, mientras creemos gravitar, narcotizados y tranquilos, en un envase de inmovilidad; convencidos de tenerlo todo dominado en la suave frescura de una aparente paz.
Pero, lenta e ineluctablemente, se nos formando una pátina rugosa de óxido, sobre la voluntad de perpetuar esa condición inalterada que nos achica la existencia. Por fortuna, la naturaleza humana, es transitoria, mortal, mutable. Nada de lo que queremos, sentimos o hacemos es absoluto. No importa en qué tramo de nuestra existencia nos encontremos, no es suficiente, nuestro poder, nuestra raza, ni nuestro sexo, ni nuestras creencias, hay un instante que aparece una turbación, que como “piquiña” no conseguimos terminar de rascar.
Las largas noches se vuelven cómplices (nos desvelan), se vuelven partícipes de los pensamientos y nos asalta una sospecha: que la vida puede ser diferente, quizá mejor. Se nos mezclan las pasadas obsesiones con nuevas imágenes. Como placas tectónicas que chocan en nuestras entrañas, los sueños que siempre quisimos hacer realidades, someten a prueba nuestra capacidad de asombro, ante la indetenible cadenas de actos que son la vida.
Las pulsiones del espíritu cobran entusiasmo y se erectan ante ese estado de inercia en la que hemos estado instalados. Ese control al que nos hemos aferrado confusos ante un espectro que aparece y se disipa nos encontramos en medio de la nada vacía y blanca.
Entonces interpelados por los diferentes ramales del camino, miramos aun lado, miramos al otro, desconcertados, sin saber que hacer, ni adónde ir.
Pero ese desvío revelado, punzado por las espinas de la incertidumbre. Sentimos pánico, y no queremos distanciarnos del arraigo y la costumbre. Quisiéramos seguir en la comodidad, sin cuestionarla ya que hacerlo nos socavaría las bases y nos causaría dolor. Pero si rastreamos a nuestro espacio intimo que conocemos poco o no conocemos, es como se hubiésemos sido visitantes de nosotros mismos.
Es desenlace es un renovado sentido de nuestra realidad, en la liviandad de la certeza que todo no está finalizado, de que hay un algo más por consumar y que existe un plan infinito para nuestro tránsito por este mundo. Entonces como un salto resoluto de fe, tanteamos, probamos algunas veces fayamos y retornamos comenzar, nadie enseña a la semiya a germinar, ni a la frágil crisálida a volverse multicolor mariposa, así en el final escatológico tengamos una leyenda que contar.
El país parece tener una grave epidemia de sonnolencia.
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