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Jesús Alberto Castillo: Gobernar para generar calidad de vida

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Quien pretenda gobernar debe estar consciente de que su misión es crear condiciones necesarias para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Al sagrado ejercicio del poder público no se debe ir para improvisar o enriquecerse a merced del sufrimiento humano.

Ya lo advirtió Aristóteles en su maravillosa obra “La política” para quien el Estado ideal es aquel que es capaz de garantizar la mayor suma de felicidad posible a sus habitantes. Por cierto, nuestro Libertador Simón Bolívar tomó parte de esa frase en su famoso Discurso de Angostura, el 15 de febrero de 1819, cuando dijo: “El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.

Esto pone de manifiesto que Bolívar era un predilecto lector de la filosofía griega y siempre defendió las virtudes éticas y preparación del individuo a la hora de asumir un cargo público, cualidades que hoy no están presentes en muchos gobernantes, independientemente de su ideología política.

Se trata de elevar el ejercicio de la política al verdadero lugar que le corresponde. Contar con verdaderos estadistas, no demagogos de oficio, que sean capaces de visualizar escenarios futuros y tomar decisiones acertadas que permitan alcanzar niveles de progreso económico, convivencia social y estabilidad democrática.

El terrible drama que viven diversas naciones se debe en gran manera por la falta de preparación de sus gobernantes. Ha prevalecido más el factor carismático, el cual ha incidido en la emocionalidad de las mayorías, que el perfil del líder, basado en integridad moral, sentido común, sensibilidad social, formación intelectual, diálogo y capacidad de unificar. Para ello es clave una pedagogía ciudadana que forme sujetos críticos y reflexivos, no seres invertebrados o masas amorfas, tal como lo advirtió José Ortega y Gasset, ese enjundioso filósofo español.

El gobernante instruido en valores y conocimiento tiene mayores posibilidades de mejorar la gerencia pública. Significa convertir al Estado en una instancia que promueva, entre otras cosas, inversión privada para la generación de recursos, acceso a la educación de calidad para que los ciudadanos tengan pensamiento crítico y apueste en proyectos de emprendimiento, Innovaciones tecnológicas e invenciones científicas para el bienestar social, vigilar por el cumplimiento de la ley y sus instituciones en función de la convivencia ciudadana.

Lo que cuenta realmente en un verdadero gobernante es su capacidad para generar calidad de vida y satisfacciones a los ciudadanos, no desesperanzas ni frustraciones como ocurren en la realidad actual. Vivimos tiempos de cambio donde se hace necesario modificar los viejos esquemas que han regido la política tradicional. Es ahora o nunca. Lo que está en juego es devolverle la confianza a la gente sobre la actividad política.

 

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