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Jonatan Alzuru: Oposición del adjetivo al acuerdo

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El peso de las palabras

El lenguaje, aquello que decimos, expresa nuestras formas de ser y estar en el mundo. Los adjetivos calificativos dicen más de quien los pronuncia que de aquello que pretenden describir. Por ejemplo: “los musulmanes son terroristas”. Adjetivar a los musulmanes de esa forma revela que desconocemos el mundo musulmán. Desconocemos, por ejemplo, que dentro de sus tradiciones están los sufíes: místicos, creyentes en el diálogo interreligioso, promotores de la no violencia, seguidores de Rumi, un gran pensador del siglo XIII cuya poesía influyó en la tradición mística cristiana, como en San Juan de la Cruz.

Reflexión: cuando se abusa del adjetivo, se clausura el entendimiento.

El origen de la adjetivación política

Venezuela vive un momento crítico de su historia. Quien inició la adjetivación como lenguaje político de forma sistemática fue Chávez: “escuálidos”, “traidores a la patria”… Durante estos veinticinco años hemos replicado esa forma de interpretar y comunicarnos políticamente. ¿Cuál es la consecuencia práctica de la adjetivación? Lo mismo que cuando generalizamos sobre los musulmanes: dejamos de percibir las diferencias internas. Es distinto afirmar: “Osama Bin Laden realizó prácticas terroristas; tenía un grupo de seguidores llamado Al-Qaeda, que dicen practicar el islam.” Allí la descripción se focaliza en las acciones, no en el credo. Quien se expresa así no tiene problema en conversar con un musulmán, porque no lo ve como parte de un bloque homogéneo.

Reflexión: la política que etiqueta destruye los puentes antes de construirlos.

La necesidad de distinguir

En toda práctica política hay personas que piensan distinto en cómo resolver una situación, aunque compartan los mismos fines; otras que tienen intereses opuestos y, por ello, se enfrentan. Y otras cuyo único objetivo es mantenerse en el poder. ¿Por qué es importante observar las prácticas sin adjetivar? Para no construir conjuntos abstractos y poder identificar aliados, incluso en partidos dirigidos por personas con las que no compartimos ni pensamiento ni acción. Un ejemplo de nuestra política pasada.

Reflexión: no todos los adversarios son enemigos ni todos los aliados son iguales.

Un ejemplo: Capriles y la confianza política

Quien escribe no comparte las prácticas políticas de Henrique Capriles. En 2013 nos dijo que habíamos ganado. Cuando íbamos a realizar la gran marcha en defensa del voto, anunció que la batalla sería jurídica y que debíamos bailar salsa. Luego argumentó que su decisión evitaba un baño de sangre. En 2024, tras el 28, Juan Barreto, Enrique Márquez y Vladimir Villegas recordaron que hubo auditoría caja por caja y perdimos. José Guerra, en nuestro programa Venezuela como problema. De la filosofía al diálogo, lo dijo de otra manera: no teníamos cómo demostrar la victoria. En cualquier caso, Capriles no fue honesto y su acción debilitó la confianza en el voto como forma de lucha. Ha sido inconsecuente: en campaña denunció al gobierno como “narco-régimen” y luego afirmó que no había pruebas. Ahora bien, hay políticos que lo acompañan, como José Guerra, que han mostrado comportamientos distintos.

Reflexión: la oposición pierde fuerza cuando convierte la inconsecuencia en costumbre.

El día después

En una circunstancia como la actual, no basta pensar en la salida de Maduro: hay que pensar con quién se gobernará al día siguiente. Los ministros del nuevo gobierno no solo deben ser los mejores en sus áreas, sino también representar distintas formas de ver la política. De lo contrario, ese nuevo gobierno sería sumamente frágil. Para seguir con el ejemplo de José Guerra: tiene la formación y pericia para asumir Finanzas. Otro caso, Andrés Caleca: con una visión distinta a la de MCM, pero con un interés común en salir de Maduro y con experiencia en el manejo de las empresas básicas de Guayana. Podría ocuparse de su campo. Pero esto, que parecen detalles, solo será posible con un pacto previo entre la oposición.

Reflexión: pensar el día después es la única forma de no repetir el día anterior.

Fuerzas que permanecen

¿Por qué debemos pensar el día después? Porque está claro que hay fuerzas organizadas como el ELN y las FARC; intereses económicos de militares que manejan empresas desde el Arco Minero hasta redes alimenticias; militares asociados con privados en el negocio de hidrocarburos. A Cuba no le interesa la liberación de Venezuela: somos su caja chica, y tienen pericia en sostener el poder a través de aparatos represivos y de espionaje. También actuarán contra un gobierno emergente.

Reflexión: la transición no se juega solo en Caracas, también en los intereses que nos rodean.

Puentes equivocados

El régimen sabe construir puentes con sectores poderosos que poseen redes sociales e institucionales. Ejemplo: el rector de la Católica, Arturo Peraza SJ, propuso que Maduro y MCM se sienten a negociar. Desde mi punto de vista, es un error. Primero: la confrontación no es entre dos sectores de la sociedad, sino entre un régimen que le quitó la soberanía al pueblo y el liderazgo reconocido por el presidente electo. Un presidente tiene asesores, pero el asesor no dirige al presidente. Segundo: las fuerzas aliadas que llevaron a EGU a la presidencia están fracturadas. Una negociación exclusiva entre Maduro y MCM niega a las demás fuerzas políticas. No estamos en julio de 2024: estamos en septiembre de 2025. La realidad ha cambiado, y debemos construir respuestas distintas; aunque una condición sine qua non es que EGU sea el presidente de la transición.

Reflexión: negociar mal es prolongar la agonía.

Variables externas

Estamos en un momento crítico con variables que no dependen del liderazgo venezolano. Por ejemplo, las decisiones de Trump. También Maduro buscará cohesionar a quienes se benefician del poder o dependen de las dádivas del ejército pretoriano. Y existe la posibilidad de que, por alguna contingencia, ese núcleo se resquebraje. Un equipo político diverso debe evaluar escenarios y decidir autónomamente cuándo y cómo negociar. El criterio para negociar debería ser un régimen debilitado militar y políticamente, frente a una oposición representativa de la pluralidad venezolana: política, empresarial y gremial. Ninguna de estas condiciones se cumple hoy. Cualquier otra negociación solo preservará a Maduro en el poder.

Reflexión: quien no prepara escenarios, termina reaccionando a los ajenos.

Cambiar el lenguaje, cambiar la política

Debemos cambiar nuestro lenguaje: mientras sigamos en descalificaciones gruesas, se aleja la posibilidad de construir un pacto sólido que gobierne y alcance la estabilidad de la transición hacia un Estado democrático.

Reflexión final: cambiar el lenguaje es el primer paso para cambiar la historia.

La oposición debe decidir si quiere derrotar a Maduro o seguir derrotándose a sí misma.

Profesor Universitario

 

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