Gaza sigue siendo un infierno. Una guerra sin tregua contra los gazatíes.
Y, por fin, comienza a decirse en voz alta lo que Gaza significa: un genocidio.
Existen innumerables problemas sobre los que reflexionar, pero todos pasan a un segundo nivel mientras Gaza siga siendo una matanza indiscriminada. Porque ahí se pervierten los derechos humanos, la justicia internacional y los mínimos éticos exigibles de humanidad.
Sin embargo, Israel con Netanyahu al frente siguen cosechando socios más que amigos, seguramente por varias razones: por la culpa del pasado nazi, por el poder económico de los judíos, o por su potencia estratégica y política en el centro del mundo árabe. Pero nada justifica ni atempera la barbarie israelí contra el pueblo de Gaza.
Empieza a reaccionarse de forma lenta, quizás excesivamente lenta porque Netanyahu sigue adelante con su ofensiva de destruir Gaza y de aniquilar a todos sus habitantes. Si no reaccionamos unidos todos los países democráticos, habremos perdido, no una batalla, sino el curso de la historia. Porque si Netanyahu y su sangriento gobierno consiguen su propósito ya no habrá orden internacional en el que confiar ni Unión Europea que simbolice la esencia de los derechos y valores humanos. Si Israel gana, el mundo será más cruel e inhumano.
Me siento agradecida por las posiciones del gobierno de Pedro Sánchez, que está liderando el camino de la UE. Y me enorgullezco del pueblo español.
España, su ciudadanía, pese a sus problemas y contradicciones, pese al aumento de voto a la ultraderecha (creo sinceramente que mucha culpa la tiene un PP que no sabe ser derecha democrática), ha sido y es un país pacifista.
Lo demostró con aquel “No a la guerra” y hoy vuelve a posicionarse mayoritariamente, vote lo que vote, contra la barbarie de Netanyahu.
¿Por qué el PP va en contra de estas posiciones, en contra del gobierno español, en contra de lo que proclama contundentemente la ONU?
La explicación más fácil y seguramente la más plausible es estar en contra del gobierno de Sánchez, diga lo que diga, tenga razón o no.
Pero esto no es una cuestión de estrategia política ni de cálculo electoral ni de pataleta contra Pedro Sánchez. Es algo más profundo, más serio, de mayor responsabilidad: es algo que golpea las conciencias y que nos obliga a no permitir exterminio ni genocidios.
Y no hay explicación política ni humana que lo justifique.
Gaza no es un tema de izquierdas o derechas, ni de gobierno u oposición. Es un asunto de todos los humanos.

