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Alejandra Jiménez: El verdadero llamado

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Tiempos en los que de pronto te ves drenado de energía y solo necesitas volver a las bases de ese secreto con el Creador, donde las palabras más sinceras se transpiran como gotas unas fragantes y otras no tanto, pero todas en total y absoluta desnudez. Meditabunda en tales sensaciones viene a mi mente el significado de una llamada, como el medio por el cual son secuestrados los sentidos para fijar su atención en algo o alguien específicamente y durante un tiempo oportuno. Normalmente una llamada está sujeta a ciertas condiciones de comunicación muy específicas como el medio que se emplea para conectar validando esa atención precisa que se requiere.

Todo llamado tiene un saludo personalizado que responde al corazón y la dimensión de la relación de los interlocutores. Un llamado tiene un propósito que se revela en medio de ese tiempo de comunicación y manifiesta las intenciones de quien efectúa la llamada, mientras se abrazan silencios asociados a bocanadas de aire y fracciones atemporales reflexivas ocluidas en miradas, lágrimas sinceras y gestos que no siempre se alcanzan a descifrar con total claridad.

Asociando la sapiencia que esconde un llamado comparto la gracia escondida en un hermoso verso que ha ministrado el corazón de muchos incluyendo el mío, se encuentra en 1 Corintios 1:8 y dice: “Fiel es Dios por el cual fuiste llamado a la comunión con su hijo”. Pensando en dichas palabras noto que en primera instancia se manifiesta el carácter fiel de quien toma la iniciativa, y luego se revela su intención y es provocar la comunión con Cristo. El corazón decrece en tamaño imaginando si quiera el escenario en que fuesen anulados todos los demás llamamientos, como por ejemplo los asociados a la enseñanza, el animar o motivar, en las áreas de las artes, la ciencia, en la familia, la responsabilidad emocional que implican las relaciones, o las demandas asociadas al ejercicio de las profesiones.

Si todo aquello a lo que de una u otra forma nos sentimos asociados, encauzados o por lo cual hay demanda sobre nuestras cabezas fuese quitado, solo nos quedaría ese único llamado a permanecer unidos al redentor en quien cobran sentido los tiempos y sus diversas sazones, a quien acuden enlutados creyentes y ateos para guardar silencio, ante el cual todo corazón angustiado se rinde y aún dubitante espera ser escuchado. No se trata de quién recibe tal llamado, sino de quién se empeña en sostenerlo y de aquellos corazones propensos a reverenciarse ante el mismo, ya que en otro verso dice: “Muchos son los llamados y pocos los escogidos” Mateo 22:14, frente a lo cual entiendo que solo los corazones dispuestos a inclinarse serán escogidos.

@alelinssey20

 

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