Concepto autónomo
Hannah Arendt, consideraba de manera autónoma y distinta a la autoridad, en relación al poder, la fuerza o la coerción. Ello, por las turbulencias políticas y militares que le tocó vivir, las cuales cuestionó, pagando con su nacionalidad judío alemana tal postura, al ser despojada de la misma por el Führer Adolfo Hitler en 1937, en donde la obediencia se lograba por los métodos enunciados, prescindiendo de la autoridad, lo que la llevó a interesarse por esta noción, más que por su vigencia.
Lenta extinción
En términos políticos, ella consideraba que, luego de la segunda conflagración mundial, la tendencia en el mundo moderno era hacia la desaparición del concepto democrático de autoridad, ante el avance de los autoritarismos en el mundo libre, lo que desafortunadamente se mantiene en la actualidad, en detrimento del valor de la libertad, que hace que los movimientos de los seres humanos, se vean amenazados en muchas partes de la tierra, al restringirse importantes derechos.
Formas de autoridad
Para el escritor español, Andreu Jaume, “Arendt encarnó, quizá como nadie, en el campo del pensamiento político, las turbulencias del siglo XX. El rasgo, que más la distinguió según Jaume, fue la osadía. En aquella Europa no se daba un patrón común respecto del manejo de la autoridad, que se acometía de distintas maneras en Alemania, Italia, España respecto de Inglaterra, Francia o Estados Unidos. En su invocación y uso, surgieron controversias y confusiones, que llevaron incluso a considerarla en crisis, lo cual puede estar reeditándose nuevamente un siglo después.
De aquellos enfrentamientos, entre sistemas políticos autoritarios, versus los democráticos, se originó un nuevo orden mundial que, al cabo de los años, nuevamente vuelve a resentirse respecto de la idea de autoridad, motivado a causas políticas, dado el renacer de movimientos populistas, autoritarios y totalitarios, que lentamente han ido reemplazando al sistema de partidos políticos en la conducción de los asuntos del Estado, lo que hace bajo criterios sofisticados, pero en esencia cargados de hegemonismo y dominación.
Como se recordará, la “autoridad legítima” de aquellos años, fue progresivamente sustituida por el nazismo, el fascismo y el franquismo, por causa de la guerra y las dificultades para encausar de nuevo a las Naciones beligerantes hacia la recuperación económica, que fueron víctimas de la depresión de 1929, que produjo grandes masas de desempleados, pobreza y una galopante hiperinflación, que ayer como en la actualidad, fueron capitalizadas por aquellos sistemas políticos, beneficiados además, por las lentas e ineficaces respuestas de los gobiernos democráticos a esas duras realidades.
Frente a las anteriores circunstancias, aquellos movimientos totalitarios se presentaron como una alternativa vigorosa, unitaria y efectiva, en oposición a los partidos democráticos que se encontraban débiles, fragmentados e ineficaces en sus quehaceres. Asociaciones que habían perdido su prestigio, ergo, ya no se les reconocía de buena manera en sus funciones de Gobierno, lo que llevó a que estos movimientos liderados por Hitler, Mussolini y Franco, se convirtieran por largos años, en las verdaderas instituciones estatales.
Idea de autoridad
Para Arendt la autoridad, implicaba obediencia con exclusión del uso de medios externos de coacción, cuya aplicación significaba fallas de la autoridad y ejercicio del poder o de la violencia estatal, cuando la autoridad perdía respeto, aunque muchas veces las consabidas persuasiones oficialistas, pretendían adentrarse en la “razón”, de quienes cuestionaban esa violencia. Para la escritora, determinar cuándo se perdía la autoridad, era lo que iba a visibilizar el “carácter coactivo o totalitario” de un régimen político, pues aquella en sus palabras era el “fundamento del mundo” al tener que garantizar un orden político estable y no imponerlo.
Tipos de autoridad
Sobre los grados de autoridad, Arendt, estableció la diferencia entre tiranía y gobierno autoritario, considerando como tirano al que mandaba según su voluntad, en interés personal o grupal y en detrimento o manipulación de la ley, en donde sus actos se regían por percepciones o formas particulares de concebir el poder; en cambio, para el autoritario, su fuente de acción era el pueblo, concebido más como entelequia que, como realidad, pues justamente era a ese pueblo real al que oprimía y desconocía.
Edulcuramiento
Esa noción de autoridad, por supuesto que, en distintos intervalos históricos, fue o es adulterada por fuerzas oscuras, que ocultan detrás de ella el garrote opresor, aunque en su parte frontal traten una y otra vez de hacerla aparecer, como una institución que aseguraba distintas libertades, aun en la forma de ser concebida por los “neoconservadores”, para quienes la autoridad, debe disminuir, para adaptarla a sus ideales de libertad, los que se concretarían con la aplicación de más libertad individual, alejada de las principales tareas que debería cumplir el Estado y sobre todo de esta noción de autoridad.
Pirámide autoritaria
Arendt asemejaba los gobiernos autoritarios con la imagen de una pirámide en donde la fuente de la autoridad se encontraba fuera de la estructura gubernamental en este caso las “tradiciones” con lo cual daba a entender que la costumbre o las costumbres servirían como referentes estables para legitimar la acción de un gobierno, en donde el líder (fuhrer- ducce) se presentaban como guardianes y fieles intérpretes de aquellas tradiciones, apelando a un pasado idealizado, para justificar sus acciones y demandar lealtad u obediencia. Estos líderes por supuesto se situaban en la cúspide y su autoridad era o es descendente.
¿Cómo menoscabarla?
Recordó que cuando se gobernaba con violencia, con escoltas para protegerse del pueblo, ese mismo al que citaba con frecuencia, sin promover la participación ciudadana a pesar de que estaba obligado, se acababa con el concepto de “autoridad legítima”, al considerarse que, sólo el fuhrer, el ducce o como se haga llamar el líder, eran los únicos capaces de gobernar, con lo cual se enviaba un mensaje subliminal de dominación y desconocimiento al valor de la alternancia, que destruía también, todo el sector público, al dejarse su funcionamiento a un único hombre, que privaba a los demás, del ejercicio de la autoridad.
Dialéctica circunstancial
En resumen, al pensamiento de Arendt, se agrega que la autoridad debe representar una forma de orden y estabilidad basada en el consentimiento voluntario y espiritual de un sistema político; pero cuando el mismo se mantiene con base a la violencia, la coacción o la retórica, cualquier evento, serviría para calificar o evaluar su rendimiento o, tal vez, constatar su desaparición, lo que también se puede corroborar por la presencia de organismos militares o policiales en el seno de una sociedad y la calidad de la actividad política desplegada por factores contrarios de quien se dice representar esa autoridad.

