Hemos conocido la decisión judicial que condenó al expresidente Álvaro Uribe a prisión por el delito “Soborno en Actuación Penal en concurso homogéneo en concurso heterogéneo con Fraude Procesal en concurso homogéneo”. La sentencia tiene 1114 páginas, fuera de lo común, normalmente en casos complejos y de impacto social no pasan de 250 páginas. ¿Significa esto que ha sido muy trabajado y existen muchos elementos probatorios? Por mi experiencia en análisis jurisprudencial y haber examinado jurisprudencia colombiana durante muchos años, mi asistencia los congresos colombianos de Derecho Procesal desde 1996 en donde se debaten temas álgidos sobre decisiones judiciales, puede opinar que en realidad no es tan profuso el material probatorio que sustenta el fallo, hay muchas transcripciones y cháchara dogmática sin relación directa con el caso.
Este caso me hizo recordar el juicio a Carlos Andrés Pérez, muchas piezas, muchas de ellas contenían informaciones no relevantes para el caso, por ejemplo, 15 páginas relativas a las salutaciones que el gobierno de Pérez felicitó a Violeta Chamorro por su triunfo electoral (estas 15 páginas contenían las caratulas de los periódicos, la página donde salió la salutación y certificación del periódico que era cierta), y en juicio citación de representante del periódico para que reconociera lo anterior, en el interrogatorio se añadían 3 o 4 páginas. Se trataba de hacer voluminoso algo para justificar que se había investigado y la condena tenía fundamento.
En el caso de Pérez, hoy no hay duda, que fue un gran error ese juzgamiento, realizado más por revanchismo, odio, envidia y resentimiento político. Allí se conjugaron políticos de su propio partido, de otros partidos rivales, los llamados notables (porque así lo destacaba la prensa) y un sector empresarial que se negaba a los cambios que proponía Pérez y querían seguir subvencionados por el Estado. Fue una aventura sin objetivo claro de interés general. Se uso el poder judicial y el ius puniendi del Estado para defenestrar a un político incomodo para ciertos sectores de la oligarquía nacional. El juicio fue por doscientos cincuenta mil dólares de la partida secreta que se aportaron para la campaña de Violeta Chamorro. Cuestión que se justificaba como aspecto geopolítico del Estado venezolano, pues el rival de Violeta era el sandinismo vinculado a sectores radicales del marxismo venezolano.
Nos preguntamos ¿Dónde estaban esos notables cuando Chávez salía por el mundo con chequera en mano para financiar grupos de izquierda, subvencionar gobiernos y políticos para conseguir apoyos? Muchos de ellos se iban detrás para ver que negocios hacían, que pescaban. Se regaló dinero a montón. Se compró a precio gordo, cuando en el mercado no alcanzaba ni precio de gallina vieja y flaca, la deuda argentina para salvar a los corruptos Kirchner.
Hoy día vemos que los hijos políticos de Chávez que conforman la kakistocracia cívico-militar gobernante, que fieles a su ideología fascista utilizan el poder de las armas para reprimir violentamente a la población que los rechaza y emplea el poder judicial para perseguir y encarcelas la disidencia con juicios amañados, con pruebas inventadas y delitos ficticios.
En Colombia está sucediendo algo parecido a la confabulación contra Pérez, que abrió el camino de la desestabilización y posibilito discurso violento y odio para la llegada de Chávez al poder. Muchos de los notables apoyaron a Chávez y le abrieron las puertas en los medios y lo endiosaron, no percibieron que estaban cavando su propia tumba.
Debo advertir que Uribe no es santo de mi devoción, critiqué sus posturas violentas en su gobierno, y se me parecía mucho a Chávez, obviamente, culto. Pero creo que el juicio a Uribe es una venganza política y grupal, de igual forma lo aprecian Carlos Alaimo y Abdón Vivas. No hay análisis claro cuál debe ser el rumbo político de Colombia, que sea inclusivo y apunte a superar las inmensas desigualdades existentes, ni cómo fortalecer las instituciones para superar la corrupción y alcanzar un estado de bienestar general. Caer en el canibalismo político es ahondar en el apoliticismo social, en especial de las nuevas generaciones, lo que impide la formación de una opinión pública libre, democrática y crítica. Usarse el poder para someter al otro y sacarlo fuera de juego es una estrategia peligrosa, pueden surgir outsiders que discurran como redentores sociales y oculten su verdadera estrategia de suprimir libertades y eternizarse en el poder. El caso de Venezuela debe servir de ejemplo a los colombianos. Están a tiempo. Finalmente, que la muerte de Miguel Uribe sea una llama para que inspire a la paz y al bien común.

