En el artículo previo mencioné que la lectura de la obra de Heinz Schöbel, Olimpia y los Juegos, me motivó a elaborar una serie de artículos dedicados a Olimpia y su impacto cultural. De esta extraordinaria obra he obtenido información valiosa, como datos históricos, fechas y referencias, que han servido para nutrir el contenido de esta serie. En este segundo artículo, expondré la etapa durante la cual los Juegos Olímpicos de la Antigüedad llegaron a su término en el siglo IV d.C. y su ulterior renacimiento ya avanzado el siglo XIX.
A mediados del siglo II a.C., específicamente en 146 a.C., los griegos quedaron bajo el dominio romano, marcando un hito en la identidad cultural de la región. En ese contexto, los Juegos Olímpicos comenzaron a perder su carácter panhelénico, diluyendo su esencia como símbolo de unidad entre las polis griegas; así comenzó la transformación experimentada durante el período romano. Este cambio permitió que atletas de otras nacionalidades participaran en las competencias, cambio muy relevante, aunque los romanos inicialmente manifestaron muy poco interés por las tradiciones deportivas griegas. Este proceder prevaleció hasta comienzos del siglo I d.C. y se debió especialmente por una actitud patriótica que objetaba todo aquello que no fuera romano. Asimismo, los griegos practicaban las disciplinas atléticas completamente desnudos, una práctica que difería con las convenciones establecidas por los romanos, aunque hay que precisar que, si bien los romanos veían la desnudez de forma diferente a los griegos, admitieron las competencias desnudas en los juegos heredados.
Los romanos conocieron la gimnasia griega en un momento de crepúsculo, despreciaron a los entrenadores profesionales de baja condición social y no valoraron inicialmente a los atletas profesionales que buscaban la victoria como objetivo principal. En todo caso, el principal motivo de la poca estima que los romanos sentían por la gimnasia griega era la falta de funcionalidad que ellos detectaban en ella. Mientras que el entrenamiento físico de los romanos, similar al de los espartanos, estaba dirigido exclusivamente hacia necesidades militares, la mayor parte de los habitantes del imperio romano no le otorgaban un especial valor al cultivo físico, toda vez que los ejércitos estaban compuestos prácticamente por mercenarios. En consecuencia, consideraban la gimnasia griega como una mera actividad ociosa sin propósito. Más tarde, los romanos intentaron utilizar los Juegos Olímpicos como herramienta política.
Lucio Cornelio Sila, conocido político y militar de la etapa tardorrepublicana romana, buscó abolir completamente los Juegos de Olimpia para reemplazarlos por competencias organizadas en Roma, transformándola en el centro del mundo grecorromano. En el año 175, en el proceso de esta transición, los competidores fueron conducidos hasta Roma para participar en los juegos que allí se organizaban. Sin embargo, con la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 d.C., y el declive de la antigua Grecia, se marcó el fin definitivo de estas competiciones junto con la desaparición de los Juegos Olímpicos antiguos cuya última celebración tuvo lugar en el año 393 d.C., después de casi doce siglos de existencia. Sabemos que, incluso al celebrarse esta última edición, las ceremonias dejaron de tener ese estatus de lo tradicional por el contexto de profundas transformaciones sociales que sufrió la sociedad romana en ese momento.
El cristianismo niceno fue decretado como religión oficial del Imperio Romano de Oriente durante el mandato del emperador Teodosio I, mediante la promulgación del Edicto de Tesalónica (Cunctos Populos); este edicto trajo como consecuencia un fuerte impacto en las actividades consideradas idólatras. En el año 394 d. C., Teodosio I ordenó la abolición de los Juegos Olímpicos por considerarlos paganos y promovió la destrucción de templos y estatuas; muchos ídolos fueron fundidos y las construcciones saqueadas. En el año 426 d. C., Olimpia sufrió su mayor golpe con la destrucción del templo de Zeus, ordenada por el emperador.
El sitio, antaño emblemático para las competencias griegas durante siglos, quedó desierto y desolado: la vegetación comenzó a cubrir los estadios y edificios antiguos, mientras que los terremotos ocurridos en 522 y 555 d. C. terminaron de arrasar gran parte de las estructuras restantes. El río Cladeo alteró su completamente su curso, depositando a su paso acumulaciones de tierra que cubrieron los restos de lo que alguna vez fue Olimpia. En ese emblemático y legendario lugar, donde durante siglos, jóvenes griegos habían hecho gala de sus destrezas y fortalezas en un entorno caracterizado por el regocijo y el entusiasmo.
Con la desaparición física de este histórico recinto deportivo también se extinguió el ideal griego del desarrollo armónico entre cuerpo y espíritu. En lugar de admirar un cuerpo formado y saludable, surgió un menosprecio hacia él que prevaleció durante siglos. Tomó más de mil años para que las condiciones sociales y políticas progresaran para que se dieran las condiciones que facilitaron el renacimiento internacional de los Juegos Olímpicos, distanciándose del nacionalismo que los definió en la Antigüedad.
A lo largo de la historia, Olimpia se vio relegada al olvido, virtualmente desaparecida, especialmente en la época medieval cuando Grecia estuvo bajo el dominio de diferentes poderes, incluyendo a Turquía. Nadie se hubiese imaginado que algún día, con el transcurso de los años, esta ciudad se convertiría en el punto de encuentro de los griegos cada cuatrienio para celebrar los Juegos Olímpicos en un ambiente de paz y unidad. Esta Olimpia silenciada comenzó a ver resurgir una esperanza; en 1723, el famoso erudito francés Bernard de Montfaucon, un benedictino conocido por sus estudios clásicos, se puso en contacto con un obispo de Corfú que en ese momento era el Cardenal Quirini. En su correspondencia, Montfaucon afirmaba que el suelo de Olimpia seguramente escondía monumentos conmemorativos, reliquias y templos dedicados a la victoria olímpica, y especulaba que las estatuas, relieves o inscripciones que faltaban podrían ser de gran ayuda para las excavaciones, todo ello con una inversión asequible.
A pesar de su importancia, el escrito de Montfaucon fue olvidado en el «baúl de los recuerdos», sin causar un impacto inmediato. Años más tarde, en 1764, Johan Joachim Winckelmann, el célebre investigador alemán considerado el padre de la Arqueología moderna, comenzó a interesarse por Olimpia. Estaba convencido de que la rica historia de este lugar podría estar oculta bajo la tierra, como lo expresó en su obra «Historia del arte de la Antigüedad»: «No puedo por menos de confesar mi deseo, grande, claro está, de llevar a cabo un viaje que de muy grato modo ampliara nuestro conocimiento del arte y de la historia de Grecia. Este sería un viaje hacia Élide, lugar al que ningún experto en arte ha ido hasta ahora. Estoy absolutamente seguro de que los hallazgos serían extraordinarios». Lamentablemente, los anhelos e ilusiones de Winckelmann se cerraron de forma abrupta ya que falleció trágicamente en el año 1768 en Trieste, víctima de asesinato.
El arqueólogo inglés Richard Chandler había descubierto la población de Élide muy poco antes de su muerte, dos años antes. Chandler tuvo la fortuna de identificar el monte Cronos y el arroyo Cladeo, encontrando también vestigios de un templo dórico cercano. Así comenzaron las investigaciones modernas sobre Olimpia. Para finales del siglo XVIII, tanto ingleses como franceses visitaron con frecuencia el lugar. En el año 1787, el explorador francés Fauvel logró identificar el templo de Zeus, uno de los enclaves históricos más significativos en el legado cultural de Grecia. No obstante, para su desilusión, observó que los habitantes de la región empleaban las elaboradas piedras del templo como materiales de construcción. Este uso indiscriminado transformó un monumento de incalculable valor histórico en poco más que una cantera para quienes, paradójicamente, descendían de los antiguos griegos celebrados en obras épicas como la Ilíada y la Odisea (Por cierto, ¡qué mal aprovechada está la lectura de estos textos en nuestra educación!). Tal situación evoca el caso del Coliseo Romano en la época renacentista, cuando fue utilizado como cantera de materiales hasta que se reconoció su relevancia cultural y se prohibió seguir utilizando por sus piedras; durante la época de la lucha de la independencia griega contra Turquía (1821-1829) el interés por estos lugares no solo estuvo relacionado con su potencial valor estratégico y económico, sino también al simbolismo cultural que representaban tales espacios en el contexto de un pueblo decidido a recuperar su identidad y alcanzar la libertad.
La resistencia griega despertó la simpatía de los países europeos amantes de la libertad; incluso figuras como Lord Byron participaron activamente en la causa. Este entorno renovó el entusiasmo por la historia antigua, incluido el legado de Olimpia. En 1824, el inglés Stanhope incluyó en su libro sobre viajes en Grecia los primeros apuntes topográficos sobre la llanura del río Alfeo, información que resultó vital para excavaciones posteriores. Los hallazgos durante estas exploraciones fueron asombrosos. Se encontraron miles de objetos de bronce junto con utensilios diversos de hierro como trípodes, calderos y pesas utilizadas para competiciones deportivas; además de abundantes cerámicas, figuras de terracota y monedas, según datos obtenidos por Schöbel. Estos descubrimientos permitieron reconstruir una imagen bastante aproximada del lugar donde los griegos antiguos celebraban sus festividades. Vale la pena anotar que actualmente podemos disfrutar de una amplia reconstrucción del plano antiguo de Olimpia exhibido en el Museo Olímpico, que proporciona una «visualización gráfica» completa del entorno donde se llevaban a cabo estos juegos.
Tras analizar la relevancia histórica de Olimpia, se logró vincular sus restos arqueológicos con el renacimiento y la organización de los Juegos Olímpicos modernos. Este tema será tratado en un próximo y último artículo, el cual marcará el cierre de esta modesta contribución al conocimiento sobre Olimpia y su extraordinaria herencia.
@yorisvillasana

