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Pedro Mosqueda: El príncipe de las tinieblas

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Domingo Kultural.

En materia de rock soy, digamos un neofito. Mi experticia llega hasta The Beatles y los Rolling Stone (sus satánicas majestades); por eso quedé boquiabierto ante el torrente informativo generado por la muerte de Ozzy  Osbourne (1948-2025) líder (¿un príncipe de las tinieblas?) fundador de la banda inglesa de heavy metal o rock ácido Black Sabbath.

Pasé excelentes jornadas asistiendo al espacio Disco Club que funcionó hasta hace poco en La Guacamaya (un bar icónico de Chacao que ya no está). Eran unos deliciosos conversatorios entre melómanos con el periodista Humberto Sánchez Amaya, que se transmitía por radio, una iniciativa apoyada por la crema de la crema especializada en la materia musical: rock, salsa, pop, lo que se te ocurra. Migró a otro local en Bello Monte, luego al Centro Cultural Chacao… y espero seguir yendo como asomado cuando regrese a Caracas, a ver qué se me sigue pegando.

Tengo una deuda pendiente con la música de todos los tiempos y géneros, uno agradece el esfuerzo de Humberto, un duro que nunca se rinde, que sigue por allí itinerante para no dejar caer tan importante espacio del saber. Gracias porque algo he aprendido entre tantos tertulianos ilustrados.

Puestos en contexto, les diré ahora que la curiosidad está vez no mató al gato, me puse a husmear en Internet sobre ese tal Ozzy que había fallecido y que tanto revuelo causa todavía.

El tipo era una verdadera leyenda, una “ave rara”. Éxito y locura extrema que podía tutearse con cualquiera de sus colegas pasados y presentes. Incluyendo a sus admirados Beatles.

De origen muy humilde y disléxico como otros ricos y famosos. Desde que escuchó por primera vez “She Loves You” dijo: esto es lo mío.

Mala conducta desde la cuna, a los 15 años ingresó a un correccional, y ya había sido víctima de abusos sexuales. Siempre cargó con ese niño herido; imposible separar músico y personaje.

Excéntrico, genial, adicto a todo y burlón: ni él se salvaba de sus ironías.

Fundó la Banda Black Sabbath (Sábado negro) con tres amigos del barrio, aunque habían probado con otros ensayos. Tienen como epicentro Birminghan, Inglaterra; era una especie de escape a tantas precariedades y mala leche. Allí gestaron ese sonido rudo y duro que cambió la historia del rock: el heavy metal.

Se inspiran en la imagineria del cine de terror, su referente principal fué Boris Karloff y su película de 1963 Black Saabath (Las tres caras del miedo).

Sería ocioso y difícil por el poco espacio entrar a clasificar todos los lanzamientos discográficos de la banda. Cada uno caló hondo en las multitudes juveniles. Parecían vainas de locos, pero queridos; una banda maravillosa que Osbourne con su carisma, su estilo estrambótico, talento y locuacidad se los llevaba por delante. Al final de muchos excesos, sus compañeros deciden expulsarlo.

Pero los talentos son como los corchos: flotan. Se lanza en solitario y obtiene un exito mayor, siempre de la mano de su segunda esposa Sharon Arden, hija del manager de la banda que trató de borrarlo. Arrancó así una disputa que terminó ganando en todos los terrenos el adicto-locuaz. Todo debe ser dicho: siempre de la mano de su esposa. Hasta Elton John le rindió pleistesía.

En la etapa en que se reinventaba, a los que no le gustaba su música los atrapó de otro modo: tuvieron que verlo en su famoso reality show The Ousbournes, que transmitía MTV, y que era una especie de familia Adams rockera, oscura pero a la vez luminosa en sus rarezas. En ese programa sus hijos demostraron que también forman parte del “mito Osbourne”; y continúan protagonizando varias excentricidades.

Allí echará los cuentos de tantas travesuras, como aquella vez que en un concierto le lanzaron un murciélago vivo y le clavó los dientes. Igual cuando cerró un contrato y llevaba una paloma en la mano en símbolo de paz; al firmar le dió un mordisco en la cabeza. Era como para amarrarlo y pasarle lejos.

En medio de sus dislates, chocancias y rarezas singulares, siempre mantuvo su espíritu de clase y crítico de la sobreexplotación a los trabajadores. Fue solidario con su gente.

Hay quien dice que Ozzy es el artista con más éxito en todos los tiempos. Muchos reconocimientos internacionales, varios Grammy’s y placas y estrellas en el Paseo de la Fama de Inglaterra y Hollywood.

Un grupo de científicos de Boston estudiaron sus ADN para poder explicar cómo un ser humano vive a tantos excesos. Es verdad y les confieso que es materia de otra entrega.

El Papa Benedicto XVI llegó a condenar su música: “Es una influencia satánica subliminal”. Otros dijeron que incitaba al suicidio.

Antes de morir aceptó darse su último baño de masas, fue el pasado 5 de Julio, en un concierto de despedida, 20 años después nuevamente con su Black Saabath en su ciudad Birminghan; allí estaba en su trono, con un decorado alusivo a los murciélagos y al lado de él sus panas del barrio: Geezer Butter, Billy Ward y Toni Iommi.

Importantes bandas mundiales asistieron al concierto, todo lo recaudado fué donado a varios hospitales.

Queda para la posteridad un documental realizado por su hijo Jack,  “Home to Roost” (Volver al Nido) que se estrenó en 2024.

Él no quería morir “como un hombre ordinario”. Suficiente con llegar a ser el Príncipe de las Tinieblas.

Nos vemos por ahí.

 

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