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Isabel Pereira Pizani: El reto es sustituir lo que la motosierra destruye

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Muy acertado Moisés Naím cuando afirma que el desafío que tenemos por delante en esta época de la historia, algo que está muy claro en Venezuela, es el reto de sustituir aquello que la motosierra debe destruir. Esto es así porque las pruebas las tenemos en la mano, forman nuestra cotidianidad y definen nuestro futuro.

Este convencimiento se basa en el reconocimiento de los ciudadanos venezolanos de los grandes saltos ocurridos en nuestras percepciones y haber podido demostrarlo fehacientemente. La primera prueba de esta afirmación se desprende de la conducta electoral de los sectores populares venezolanos, aquellos que en realidad representan a 90% de la población, pues bien, Venezuela es el primer país de Latinoamérica donde los ciudadanos de los sectores más pobres se han desprendido nítidamente del embrujo socialista. Una tesis que se comprueba en los distintos eventos electorales acaecidos en los últimos tiempos. Ha sido un festín para los analistas políticos, constatar como el país que apoyó y alimentó la figura de un líder socialista que prometía salvar al pueblo y eliminar a los poderosos, ha perdido los efluvios magnéticos que enceguecían a las masas. El “exprópiese” que fungía como canto de guerra ya saben los venezolanos que sólo es un preludio de la miseria, de la destrucción de los salarios, de la capacidad de generar empleos, la desaparición de las empresas y la disolución del poder de la moneda. Frente a esta debacle poco han podido hacer los bonos y las bolsas de alimentos.

La realidad inocultable es que estamos parados frente a una tragedia histórica que ha expulsado a 9 millones de venezolanos de sus hogares, de sus pueblos, para perseguir en otros países alguna esperanza que les permita sobrevivir a ellos y a las familias que han dejado atrás.

Mucho nos costó entender que la promesa socialista era una puerta abierta a la tragedia humana, hambre, desempleo, inseguridad, sin ninguna posibilidad de encontrar alivio, refugios que permitieran resistir ante la inclemente tormenta. La motosierra que ruge en Argentina tiene unos fines contrarios a la energía que ha movido nuestro país en las ultimas décadas.

Es hora de preguntarnos porque creímos ingenuamente en esas promesas de cambio, si las pruebas históricas decían lo contario. La Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas con los 16 países que la integraban había naufragado, dejando escombros y millones de víctimas. Ningún país socialista sobrevivió a la crisis que destruyó sus bases económicas y sociales. Los chinos se pudieron salvar cuando Deng Xiaoping a partir de 1978, implementó las “Reformas y Apertura”, que implicaron una transición desde una economía planificada hacia un modelo más abierto y orientado al mercado, permitiendo la inversión extranjera y el desarrollo del sector privado. Este dirigente admitió que había que generar riquezas a toda costa, «no importa si un gato es blanco o negro, si caza ratones es un buen gato». Muy cerca de nosotros tenemos el ejemplo de Cuba, un país en ruinas, viviendo en una época del subsidio del bloque socialista y ahora recibiendo petróleo venezolano gratuitamente para al menos alumbrar sus hogares.

Esto deberíamos verlo como un recuento del pasado, hoy tenemos otra mirada como lo hemos demostrado en los tres últimos eventos electorales ocurridos en este país, donde las masas de participantes no eran la clase media, porque estaba y está prácticamente extinguida, eran las familias, las madres, los padres de los hogares en las barriadas los que en esas ocasiones bajaron de los cerros, en los caseríos rurales, comprometidos en dar un claro testimonio de lo que habían vivido y lo que aspiraban cambiar.

Por estas razones intentemos un corto recorrido por lo que podríamos llamar los grandes retos para sustituir lo destruido y crear un país nuevo lleno de esperanzas y sabiduría popular:

1. Lo primero es apoderarnos, tener la convicción de que nuestro bienestar depende de nosotros mismos, de nuestras capacidades, de la valoración del trabajo no como una maldición sino la puerta de todas las oportunidades. La ética del trabajo tiene que sustituir a la ética rentista aquella que imponía una estructura de poder a cambio de mendrugos, limosnas y sumisión.

2. Si dependemos de nuestras capacidades tenemos entonces que hacer esfuerzos en varios sentidos, el primero apoderarnos de una nueva cultura económica, aquella donde el ser humano, la persona se convierte en un ente productivo, emplea sus fuerzas para alcanzar el bienestar que desea. Una nueva cultura económica que rompe con todas las mentiras que victimizan al trabajador y condenan al que emprende alguna actividad económica, produce bienes y riquezas, tesis que han convertido al empresario en una figura miserable, un  ladrón del esfuerzo del otro y al trabajador en una víctima y que por tanto están condenados a enfrentarse, a ser protagonistas de la llamada “lucha de clases”, en lugar de combinar escuerzos y voluntades para alcanzar objetivos que funcionen como soportes del bienestar. Para lograr este objetivo tenemos que acercarnos a la formulación de las ideas que proponen que el valor es el producto de la apreciación que tenemos de las cosas como ya lo saben en otras sociedades donde han desmontado las falacias de “Teoría del Valor” como un himno de guerra. “La teoría del valor trabajo clave del marxismo sostiene que el pilar central de un bien depende exclusivamente del trabajo incorporado en su producción. Carl Menger en 1871 introdujo un cambio radical, el valor no es intrínseco ni objetivo, sino subjetivo depende de del valor que le atribuya el consumidor. Allí donde Marx veía explotación, Menger veía cooperación voluntaria y valoración subjetiva”.

3. Para lograr asentar una nueva cultura económica, tenemos que lograr que la educación sea el camino para formar gentes, infundir valores y crear capacidades en perfecta alineación con la economía. La educación en su aspecto mas integral significa amor al conocimiento, entrar en el universo de la razón y la ciencia pero sin dejar de lado los componentes críticos que nos convierten en verdaderos seres humanos, como señala el filósofo español José Antonio Marina, “ni el conocimiento profundo científico ni la posibilidad de regularnos emocionalmente tiene real valor si no está basado en fundamentos éticos que asignan responsabilidades individuales y construyen mundos en base a la confianza en el otro, en el respeto y en la solidaridad”.

4. Cambiar las relaciones de poder, nuevas reglas de juego para construir las relaciones entre los individuos y sus instancias de poder. Fortalecer la relación entre las asociaciones de individuos que dictan las pautas y las instituciones que ejercen el poder directo concebidas como instancias al servicio del ciudadano. Las organizaciones ciudadanas civiles son la representación de las aspiraciones ciudadanas en todos los campos en la economía, en los servicios sociales, en la calidad de vida y en todos aquellos espacios que constituyen la esencia de nuestra vida activa. La aspiración es construir un Estado convertido en una institución al servicio del ciudadano.

5. Plasmar o edificar un Estado de derecho basado en normas cuyo sentido es realzar y respetar la integridad del ser humano. El Estado liberal de derecho es un tipo de organización estatal que se caracteriza por la limitación del poder público y la protección de los derechos individuales. Se basa en la idea de que el poder del gobierno debe estar restringido por la ley y la Constitución, y que los ciudadanos gozan de libertades y derechos fundamentales que deben ser respetados y garantizados, se distingue por la separación de poderes, la democracia, el libre mercado.

Se le puede quitar todo a un hombre excepto una cosa, la última de las libertades humanas: elegir la actitud de uno en cualquier conjunto dado de circunstancias, elegir su propio camino. Víctor Frankl.

 

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