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Crisanto Gregorio León: Los guardianes de la justicia

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He aprendido el silencio de los elocuentes y la prisa de los pausados, y de los amables he aprendido su fuerza. La cortesía no es debilidad, sino un tipo de poder que no se degrada ni se doblega. Khalil Gibran.

En el corazón de la administración de justicia, donde la solemnidad y la rigurosidad suelen ser la norma, existen figuras que, con su calidez humana y atención excepcional, transforman la experiencia de los ciudadanos. Tal es el caso de Alexis PietterWilfredo CastroLeonardo Ramírez y David Ordaz, cuatro baluartes de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, cuya labor, bajo la presidencia de la distinguida Magistrada Dra. Tania D’Amelio Cardiet, merece ser destacada por su invaluable aporte a la percepción de la justicia como un espacio cercano y humano.

Para comprender la magnitud de su presencia, es preciso hacer una analogía con un ícono de nuestra Maracaibo: los imponentes Atlantes de la Botica Nueva, ubicados en la emblemática Plaza Baralt. Estas majestuosas esculturas de mármol, conocidas popularmente como “Los Sansones”, no sólo soportan la estructura del histórico edificio, sino que han sido testigos silenciosos del devenir de nuestra ciudad, emanando una fortaleza intrínseca.

La similitud entre los Atlantes de la Plaza Baralt y estos cuatro caballeros de la Sala Constitucional no radica meramente en una apariencia de robustez física, sino en la esencia de su función y su impacto. Si los Atlantes sostienen con su fuerza una edificación histórica, Pietter, Castro, Ramírez y Ordaz sostienen, con su gentileza y disposición, la percepción de un servicio público accesible y empático en la Sala Constitucional.

La fuerza de la amabilidad en el corazón de la justicia

Al igual que los “Sansones” de la Plaza Baralt, que a pesar de su tamaño y poderío, se yerguen con una nobleza silenciosa, Alexis, Wilfredo, Leonardo y David son figuras de autoridad en sus respectivos roles, pero su verdadero poder reside en su amabilidad. Lejos de la frialdad que a veces se asocia con las instituciones judiciales, estos servidores públicos se desenvuelven con una cordialidad que desarma y una atención que reconforta.

Alexis Pietter y Wilfredo Castro, custodios de la presidencia de la Sala Constitucional, son los primeros rostros de cordialidad. Su presencia imponente se equilibra con un trato afable, garantizando que el visitante se sienta respetado y orientado desde el primer momento.

A ellos se suma Leonardo Ramírez, quien con su amabilidad contribuye a la atmósfera acogedora de la Sala. Su presencia añade a la sensación de un entorno donde la atención al público es una prioridad.

Y en la recepción de la taquilla de documentos, encontramos a David Ordaz, un abogado que ejemplifica la importancia de la calidez en los trámites administrativos. Su capacidad para atender al público con paciencia y claridad, incluso en momentos de alta demanda, es invaluable, transformando un proceso que podría ser tedioso en una interacción positiva.

Amabilidad inquebrantable ante la reserva profesional

Es crucial destacar que esta generosidad en el trato y esta innata capacidad de servicio no menoscaban en absoluto la reserva y la discreción que sus cargos exigen. Por el contrario, a pesar de la confidencialidad inherente a sus funciones y el deber de mantener el debido sigilo sobre los asuntos que manejan, su profesionalismo se complementa con un don de gentes que los enaltece. Lejos de deslucirse por la necesidad de guardar distancia o discreción, la amabilidad, la cortesía y el buen trato de Alexis Pietter, Wilfredo Castro, Leonardo Ramírez y David Ordaz se manifiestan como una cualidad intrínseca que potencia su labor y caracteriza su excelencia. No es una contradicción, sino una virtud que refuerza su capacidad de servicio.

El ángel que escucha en la sala constitucional

Más allá de los nombres que podemos mencionar, la Sala Constitucional es también hogar de figuras cuyo impacto trasciende su identificación formal. Tal es el caso de una distinguida Doctora, cuyo nombre no pudo ser revelado debido a la estricta reserva de sus funciones, pero cuyo trato marcó una diferencia imborrable.

Con una inteligencia palpable y una formación académica y jurídica evidente en cada palabra, esta dama de la justicia se presentó no solo como una profesional de sapiencia extrema, sino como un verdadero ángel de escucha. En un acto de empatía profunda, y como si de una parábola bíblica se tratara donde Jesús inclina su oído para escuchar la imploración, ella inclinó su oído hacia la necesidad y el ruego. Es importante precisar que esta escucha atenta y compasiva no implica de modo alguno la concesión de lo solicitado, sino que forma parte esencial de su deber de comprensión y formación de un juicio informado sobre las situaciones que se le presentan. Su atención especialísima, un trato lleno de humanidad y comprensión a pesar de las limitaciones de su cargo, son un testimonio poderoso de que la verdadera autoridad se mide también por la capacidad de conectar con el ser humano en su momento de vulnerabilidad.

Un legado de atención humana

Cualquier visitante que llega a la Sala Constitucional, a menudo cargado de incertidumbre o preocupación, se encuentra con la sorpresa de ser recibido no solo con respeto, sino con una genuina disposición a orientar y asistir. Desde un saludo amable hasta una indicación precisa, estos pilares de la Sala Constitucional, junto con el invaluable ejemplo de profesionales como la Doctora mencionada, encarnan la nobleza de servir, transformando la percepción de un espacio que podría parecer intimidante en uno donde el ciudadano se siente regocijado y valorado.

Sus gestos, su paciencia y su trato humano son un testimonio viviente de que la fortaleza de una institución no solo reside en sus leyes y procedimientos, sino también, y quizás de manera fundamental, en la calidad humana de quienes la integran. Son estos “gigantes” de la amabilidad quienes, día a día, demuestran que la justicia también puede ser un rostro afable y un hombro amigo.

En un entorno donde la eficiencia es crucial, la amabilidad de Alexis Pietter, Wilfredo Castro, Leonardo Ramírez, David Ordaz y el trato excepcional de la Doctora anónima elevan el estándar, recordándonos que el respeto y la empatía son pilares esenciales para una interacción cívica saludable. Son, en efecto, los Atlantes humanos que sostienen el espíritu de cordialidad en la Sala Constitucional, dejando una huella positiva en cada persona que cruza su umbral.

El hombre más fuerte es aquel que es capaz de dominar su temperamento. El más sabio es aquel que conoce su debilidad y se esfuerza por superarla, mientras que el más bondadoso es aquel cuya fortaleza se manifiesta en su mansedumbre. Khalil Gibran.

Profesor Universitario – crisantogleon@gmail.com

 

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