En la visita de Bitácora Energética a la ciudad de Puerto Ordaz, ubicada en el estado Bolívar, Venezuela, donde nos dedicamos a conectarnos con sus inicios nos encontramos que ostenta el título de ser la ciudad planificada más grande del país, un hito que la distingue en el panorama urbano nacional, en mi recorrido pudimos evaluar que es q estratégicamente en la confluencia de los ríos Orinoco y Caroní, esta ciudad forma parte del municipio Caroní, integrando junto a San Félix la conocida Ciudad Guayana. Su diseño y desarrollo planificado la convierten en un modelo singular de orden urbano, modernidad e industrialización en Venezuela.
Investigando en la historia Venezolana nos encontramos que su creación se remonta a la década de 1950, cuando el gobierno venezolano, en conjunto con la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), decidió impulsar el desarrollo económico del sur del país, aprovechando los ricos yacimientos de mineral de hierro y el potencial hidroeléctrico de la región. La planificación de esta ciudad es ejemplar y fue encomendada a un equipo de arquitectos e ingenieros que diseñaron una ciudad moderna, con amplias avenidas, zonas residenciales organizadas y espacios verdes bien definidos. Este enfoque contrastaba con el crecimiento orgánico y, a veces, caótico de otras ciudades venezolanas.
El diseño de Puerto Ordaz se inspiró en principios urbanísticos que priorizaban la funcionalidad y la calidad de vida. Sus calles rectilíneas, sectores residenciales y el desarrollo de áreas industriales reflejaron una visión de progreso que buscaba combinar la explotación de recursos naturales con un entorno habitable y estructurado.
Está ciudad destaca por su infraestructura moderna, con amplias avenidas que facilitan la movilidad. Entre sus atractivos naturales, el Parque Cachamay y el Parque La Llovizna, con sus imponentes cascadas, son emblemas de la integración entre urbanismo y naturaleza. Además, la ciudad cuenta con centros comerciales, instituciones educativas y un aeropuerto internacional, consolidándose como un polo de desarrollo en la región.
A diferencia de otras ciudades venezolanas, que crecieron de manera espontánea a lo largo de siglos, Puerto Ordaz fue concebida desde cero con un propósito claro: ser el epicentro industrial y económico de la Guayana venezolana. La presencia de industrias como la siderúrgica (Sidor) y del aluminio, junto a la cercanía de la represa de Guri, refuerzan su rol estratégico.
Aunque otras ciudades venezolanas, como Caracas o Maracaibo, cuentan con sectores planificados, ninguna fue diseñada en su totalidad bajo un esquema urbanístico integral como Puerto Ordaz. Este carácter único ha permitido a la ciudad mantener una identidad distintiva, hoy está ciudad ejemplar presenta desafíos económicos y sociales ya que su principal eje económico se encuentra en abandono y falta de mantenimiento tanto preventivo como correctivo.
A pesar de su planificación no ha estado exenta de problemas. La crisis económica del país ha afectado su desarrollo, y la infraestructura, aunque bien diseñada, requiere mantenimiento constante. Sin embargo, su legado como ciudad planificada sigue siendo un punto de referencia para urbanistas y un orgullo para sus habitantes.
Puerto Ordaz no solo es un testimonio del potencial industrial de Venezuela, sino también un ejemplo de cómo la planificación urbana puede transformar un territorio. Su diseño visionario y su entorno natural la convierten en una joya única en el país, un lugar donde la modernidad y la naturaleza coexisten en armonía, marcando un hito en la historia urbana venezolana.
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