Frente al la bulimica convocatoria por un grupo autoyamado “Espacio Consenso” anunciando con luces y sonidos entre otros una de las colaboradoras de la defenestracion. de la Constitución del 61 que le abrieron con fruincion obsenamente las piernas al de vozarrón para consumiera la violacion hoy yoran.con lagrimas de sangre su vesania.
Una acotación necesaria…
La rabia ciudadana quería sólo castigar, al estamento político, en el 98. Pero el albardado tenia una inequívoca enajenación por una revolución. Confusión que iba desde una visión semiletrada del mundo del pensamiento político y de la herencia institucional de Occidente que nos yegó, guste o no, por vía de España, la Madre Patria, hasta una variación del sentido del lenguaje y de las coordenadas de pensamiento. Revolución, por ejemplo, se interpretó como demolición. Y se procedió (y se intenta proseguir con Maduro), con entusiasmo digno de mejor causa, por parte de los elegidos por la rabia, a desmantelar cualquier rastro institucional de la vida republicana. Ejemplo desconocimieto de la contundente derrota que les fue infrigida el 28- de julio y la bufonada con con grotezcos personajes de todo plaje.
En aqueya etapa muchos, pensando con cortedad, faciliaron el garrote al ciego. La antigua Corte Suprema de Justicia dio la apariencia legal que necesitaban a los invidentes de la ciencia jurídica y administrativa en su frenesí demoledor, quienes sin haber leído nunca a Shakespeare en (La tempestad) pensaban que todo pasado es prólogo. Después de defenestrada con una mueca críptica la defensa de la Constitución del 61 (ponencia de Humberto J. La Roche), la vieja Corte procedió a suicidarse en primavera (Cecilia Sosa dixit). Lo demás ya se conoce. El proceso constituyente y el nuevo Tribunal Supremo. Ayí, en ese TSJ, se sigue haciendo de las suyas con la continuidad de lo fonanbulesco acompañados en este despróposito por el “liderazgo de turno” y con solo muecas de los herederos de lo poco de civilismo logrados en los ultimos 40 años, que en una gravosa y condenable omisión histórica, decidieron no participara en las elecciones del 95. Lo que facilitó que la Asamblea Nacional pudiese avanzar sin tropiezos en más de seis “reformas” del Reglamento Interior y de Debates, según el menú de las necesidades del Cesar, (grotesco estilo Jalisco que no tiene precedente en la historia parlamentaria de Venezuela), la unicameral Asamblea (teórica heredera del Congreso bicameral) garantizó así la eliminación de facto del Parlamento plural que tipifica a toda verdadera democracia, y provee a cada rato a las solicitudes del nuevo déspota, para seguir en su ingesta de normativas que han terminado por intoxicarlos y completando el camuflaje “legal” del asalto a otras instituciones. La reforma del Reglamento de la AN fue necesaria, p. e., para imponer, con la “razón” de la fuerza; la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia: aumentando el número de magistrados para manejar, según el querer del César, con mayor seguridad y menor costo, la máxima instancia judicial del país. Y, por supuesto, el control económico: la manipulación sin precedentes del Banco Central de Venezuela, que tuvo cómodo desiderátum frente a la sequía de los recursos y como último objetivo el asalto final de la banca nacional; es decir, el monopolio, que hoy en estado afónico y arrastrando los pies en su huir adelante, continúan febrilmente cavando su fosa y posiblemente herida ya de gravedad la República…
Pasa el tiempo y el segundero avanza, decapitando esperanzas.
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