En su trabajo El alma y las formas, Gyorg Lukacs habla de una búsqueda de unidad como el más eficaz propósito por asignar coherencia a nuestra relación con el mundo. Búsqueda de unidad o búsqueda de un orden desde el cual vislumbrar nuestra existencia alrededor de cierta íntima verdad. Quizá, acaso por sobre todo, una vocación sea eso: una verdad; verdad de la voluntad, verdad del esfuerzo, verdad del propósito por conjurar la pesadilla de la ausencia de significado en nuestro tiempo.
Verdadero es lo que acatamos, lo que no podemos dejar de reconocer en nosotros mismos, lo que nos centra; lo siempre próximo a nuestras ilusiones, creencias y principales descubrimientos. Verdadera es la exactitud que percibimos en ciertos valores, en ciertos principios.
Cierta ley apócrifa sostiene que “lo que solo para nosotros vale, nada vale”. Es cierta; y, sin embargo: ¡qué fructífera puede ser esa opción de singularidad! ¡De qué manera permitir expresar tantas ilusiones y certezas, tantos sueños y esperanzas! Pero, además, y como resultado de nuestra búsqueda de un sentido para la realidad que vivimos, pudiéramos llegar a descubrir que eso que “solo para nosotros vale” puede convertirse, también, en algo valioso para otros.
Creo que la escritura, si realmente amamos escribir, si necesitamos hacerlo y no podríamos dejar de hacerlo, está destinada a convertirse en expresión de un compromiso con eso que somos y pensamos, sentimos y creemos.
En su libro Introducción al método de Leonardo da Vinci, Paul Valéry dice: “Lo que queda de un hombre es aquello que su nombre nos lleva a pensar y las obras que hacen de ese nombre un signo”. Acaso ésa pudiera ser la principal referencia al intelectual que busca proyectarse sobre esas palabras que trabaja una y otra vez hasta el cansancio: un signo, una distintiva señal relacionada con sus voces escritas.
Decidimos hacer las cosas -al menos, deberíamos hacerlo- según la manera como ellas nos enriquecen y comprometen. Comunicar lo moralmente necesario, ilustrar lo inspirador; o, en otras palabras: voluntad de hacer de la escritura un propósito por transmitir nuestra presencia en el mundo junto a la veracidad de nuestras voces.

