Deber ser
El objeto de la lucha política en el país, debería centrarse en la promoción de la democracia, vale decir, en cómo este sistema político, considerado por muchos, como el menos malo en relación a otros, podría generar bienestar, prosperidad y aseguramiento de derechos y garantías a sus ciudadanos, en fin, dar felicidad, que es lo que persigue, mediante el equilibrio y armonización de los diferentes intereses que obran en una sociedad, y que tal vez, bajo otro sistema, no serían tratados conforme a principios de equidad o justicia social.
Estériles enfrentamientos
Las reglas de la democracia al parecer se han venido dejando atrás, para sumergirse ahora en enfrentamientos ideológicos o económicos, que además de estériles, resultan poco prácticos al interés social. En tal sentido, se presentan doctrinas rancias o excluyentes, de vieja data, aunque se exhiben como pensamientos de avanzada que, sin embargo, no toman en cuenta ciertos valores democráticos, como el pluralismo y la libertad de opinión, que son inherentes entre sí, quizá, porque no se tiene una verdadera formación democrática.
Ciudadanía sin poder
Hablar de democracia, no sólo es hablar de un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como la definió Abraham Lincoln en 1863, lo que no se hace en nuestro país, porque los ciudadanos, que son su razón de ser, sienten que el poder no reside en ellos, ni menos cuentan con una idónea representación política que sea vocera genuina de sus ideas y planteamientos, es decir, no hay voceros legítimos, para hablar de democracia, ellos solo hablan, de las pretensiones de su tendencia revolucionaria, antidemocrática.
De lo que se habla
Se habla sí, de autoritarismo, de líderes fuertes que imponen sus decisiones en abierto ultraje al Estado de Derecho, de lo lejos o apartada que debe estar esta conquista humana, para evitar excesos o abusos del poder, de las políticas del líder infalible, a pesar de que el Estado de Derecho sea el respaldo irremplazable de una verdadera Democracia, de éste no se habla con asertividad, sino con desdén, cualquier decisión que se escape a la voluntad de ese líder, es vista como una provocación o reto al poder de éste.
Se observa en la época que vivimos, que hay un intenso enfrentamiento entre extremos políticos que, aunque diversos, coinciden en sus posturas antidemocráticas, como por ejemplo, despreciar posiciones políticas de centro, con lo cual la pluralidad democrática queda mancillada, porque lo que importa es ganar o mantener poder, sin valorarse para nada, referentes democráticos, como mecanismos de negociación y acuerdos entre distintos, que den lugar a una mayor cohesión de toda la sociedad.
Hablar de democracia
Hablar de democracia implicaría una generalizada evaluación ciudadana, sin temores, a los diferentes actores que ocupan cargos gubernamentales, en nuestro caso, verbigracia, no se volvió a hablar de interpelaciones ministeriales a cargo de distintas comisiones del cuerpo legislativo nacional, mediante las cuales se confrontan sus políticas públicas, cuando las mismas resultan ineficaces e ineficientes a la colectividad, no hacerlo con la constancia, seriedad o profundidad debida, ha significado una degradación democrática, inaceptable.
Hablar de democracia implica deliberar sobre el alcance y grado de efectividad de los distintos derechos consagrados en la Constitución vigente, y se usa esta última palabra, para recordar que la misma puede y debe seguir siendo consultada, como fundamento de cualquier reclamo por una mejor democracia, pues se nota que hay como un desánimo para hablar de ella, pues al decir, de quienes sostienen esta postura, ya no hay nada que hacer, sin darse cuenta que es el texto supremo el que poco o mucho le da oxígeno a la democracia.
Claridad en el mensaje
Puede ser que, a muchos, sobre todo a las nuevas generaciones, no les interese, como debe funcionar un verdadero sistema democrático y sus principales instituciones, valer decir, el voto, los partidos políticos o las instituciones oficiales, entre otras, porque los que deben fungir como voceros democráticos de ellos, tampoco tienen muy claro, el peso o la función de los mismos, para garantizar una sociedad libre, lo que se puede constatar en nuestro caso, por el poco respeto que se tiene hacia los mismos en la actualidad.
Los demócratas, debemos dar a conocer a las nuevas generaciones, las bondades de la democracia, tenemos que hablarle de ella, de sus virtudes y defectos, de sus realizaciones fructíferas, identificando adicionalmente, los países que han conseguido bienestar y prosperidad a través de ella; como practicándola de manera cabal, se crea respeto y tolerancia entre los distintos sectores de la población, sobre todo cuando existen distintas visiones de la realidad, pues la democracia no es polarización, ni menos enfrentamientos.
La antipolítica
El auge de las redes sociales, de otra parte, ha permitido que personas con un marcado interés antipolítico, pero si económico o cultural, hayan irrumpido con una clara intención de hacer ver que la Democracia, no está en condiciones de ofrecer calidad de vida a sus adherentes, y que por eso hay que desterrarla definitivamente del radar ciudadano, aunque a la par de su mensaje destructivo, no propongan absolutamente nada, lo cual hace pensar que existiría una velada intención de terminarla, para imponer un sistema de exclusiones.
Atención a otros asuntos
Otros temas que nos distraen para no tener presente la Democracia, es la atención que suscita la geopolítica internacional, lo cual es muy importante, pero no es lo prioritario, por la falta de una presencia luminosa del país, en ese escenario, se queda uno sorprendido por decir lo menos, cuando algunos celebran que Estados Unidos, Rusia o China, alcancen grandes logros económicos, que nada tienen que ver con nuestro país, en lugar de analizarse esos modelos de gobierno, para mejorarlos con una Democracia verdadera.
En suma, a todo lo dicho, pareciera que los enemigos de la democracia o las desafortunadas circunstancias que la rodean, colocan sobre el espacio político una serie de asuntos o temas, que hacen que la misma se vaya olvidando, y en su lugar, vayan apareciendo cuando se suceden enfrentamientos entre partidos políticos o entre sus líderes, respuestas totalmente alejadas del marco democrático, algo así, como naves que se alejan de sus puertos, para en alta mar, agredirse y no aunar estrategias, que les permitan regresar con mejores ideas sobre la Democracia, de las que se puedan hablar en sana paz.

