Imagina dos formas de entender el tiempo. Cronos, el reloj que no para, el que marca hoy, 28 de mayo de 2025. Y luego está kairós, ese instante fugaz, el momento exacto para decir algo, actuar o cambiar. No lo mides; lo vives. Es un relámpago que te despierta, que te empuja a decidir. ¿Cuál es el kairós de los venezolanos? ¿El de los que resisten en las calles, entre rabia y esperanza? ¿El de los que se fueron, cargando sueños, tristezas y recuerdos? ¿O el de los que, desde lejos, miran con risa o alivio? ¿El de los que celebran o los que lloran? ¿Será el de quiénes están en guerra contra…? ¿O quiénes están luchando por buscar un bocado de pan? ¿Los que de ambula insomnes en el calabozo? ¿O aquel que celebra porque tiene la razón? ¿O será de aquel que llora porque nadie le dio la razón?
Nuestro tiempo es un enredo. Unos juran tener la verdad; otros ven solo mentiras. Hay quienes culpan a este, quienes señalan a aquella. Algunos siembran raíces en tierras nuevas, mientras otros se exilian sin salir del país, atrapados en un lugar que ya no sienten suyo. Los encuestólogos suman y restan: dos más dos no da cuatro, sino seis, menos cinco, más siete. Un rompecabezas sin solución.
Piensa en Kant o Aristóteles, como decía Heidegger: no solo filosofaban, capturaban el alma de su época. Aquí, dos gigantes, dos grandes intelectuales, lo hacen en un cruce en X el día de las elecciones. Ramón Guillermo Aveledo, un hombre que ha dado tanto, desde la academia hasta la política, escribe: “No quise dejar solos a los que nadaron contra la corriente”. Elías Pino Iturrieta, cuya pluma desentraña quiénes somos, responde: “Perfecto, muy solidario. Supongo que mañana los acompañarás en el entierro”. Dos frases. Un abismo. Ahí está nuestro kairós: un país fracturado, donde cada quien se atrinchera en su verdad.
Y las redes no ayudan. En 2013, el general ruso Gerasimov lo vio claro: la tecnología manipula mentes, borra distancias, acrecienta otras, aviva pasiones. Lo comprobamos en Myanmar, donde Facebook encendió un conflicto, entre musulmanes y budistas. Aquí, X, Instagram, YouTube nos encierran en burbujas donde todos creemos ser los dueños de la razón. Las redes sociales actualmente son utilizadas como armas de guerra por gobiernos, partidos políticos; hay empresas especializadas en eso; como se evidenció en la interpelación que se les hizo a los directivos de la compañía Cambridge Analytica en el 2019 en Estados Unidos.
Pero, ¿y si frenamos? ¿Y si, como los antiguos estoicos, intentamos pensar como el otro, no como el enemigo, sino como el aliado? ¿Y si dudamos, aunque sea un instante, de nuestra certeza?
Escribo para los que aún se sorprenden, para los que leen ese duelo de titanes y sienten un chispazo en el alma, en sus tuétanos. No busco a los que ya tienen todas las respuestas, sino a los que se atreven a hacerse preguntas. En este kairós venezolano, donde todo parece desarmarse, apuesto por quien murmura: “¡Caramba! Lo de Aveledo e Iturrieta, da que pensar”. Porque el tiempo no es solo lo que pasa; es lo que hacemos con él.

