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Eduardo Fernández: Acuerdo Nacional

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El movimiento ciudadano Unión y Progreso ha propuesto una estrategia dirigida a lograr la unión y el progreso de los venezolanos.

La unión debe lograrse alrededor de un gran acuerdo nacional que supere la división y la polarización política que ha prevalecido en el país durante los últimos 25 años. Un acuerdo de los ciudadanos, del país, de la nación.

A raíz de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, quien gobernó al país por 27 largos años, se inició un lento proceso hacia la democracia. Eso ocurrió durante los gobiernos de dos militares andinos que estuvieron vinculados con la dictadura gomecista. El del general Eleazar López Contreras y el del general Isaías Medina Angarita, desde diciembre de 1935 hasta octubre de 1945.

El 18 de octubre de 1945 un golpe militar acabó con el gobierno de Medina y se inició un proceso de aceleramiento hacia la democracia. Un documento importante para comprender ese proceso fue la Constitución de 1947 en la que, entre otras cosas, se consagró el principio de la elección universal, directa y secreta para elegir al presidente de la república y a los altos funcionarios del Estado.

El sectarismo y la polarización acabaron con aquella experiencia democratizadora. Los jefes políticos, con Rómulo Betancourt y Rafael Caldera a la cabeza, digirieron la lección y, después de pagar el elevado precio de 10 años de dictadura militar, regresaron al poder convencidos de la necesidad de promover una cultura democrática que convocará a la unión y el progreso de los ciudadanos. Así nació el Pacto de Puntofijo que le dio al país 40 años de gobiernos civiles y democráticos, respetuosos del estado de derecho y de los derechos humanos.

A finales del siglo pasado, volvimos a las andanzas: intentos de golpes de estado perpetrados por los militares, convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente para asegurar el poder absoluto a los nuevos gobernantes, y una experiencia de gobierno desastrosa que ya va hacia el cuarto de siglo en el poder.

Hoy se impone volver a la cultura del acuerdo, del entendimiento y de colocar los intereses del país por encima de los proyectos partidistas y de las ambiciones personales. Por eso, el planteamiento que hace Unión y Progreso.

Para que el ideal de unión no sea un sueño en el vacío hay que llenarlo de contenido. La propuesta consiste en promover un gran acuerdo alrededor de un programa que podría asumirse fácilmente. Ese programa, proponemos nosotros, debe estructurarse en torno a cinco puntos: el primero de ellos es “Más y mejor democracia”. Punto al que nos hemos referido en artículos anteriores y que constituye el requisito indispensable para todos los demás. Sólo en democracia podemos resolver los problemas.

El segundo punto se refiere a la definición de una política económica que nos permita alcanzar el ideal de progreso material para todos los ciudadanos y para todas las regiones. Venezuela tiene un gran potencial económico. La recuperación de la economía venezolana pasa por el gas y el petróleo, pero también por la petroquímica, la siderúrgica, la agricultura, el turismo, la infraestructura, el equipamiento y los servicios públicos. Pero, sobre todo, pasa por una palabra mágica: “Confianza”. Por eso es tan importante, tan necesario y tan urgente resolver el problema político. Resulta indispensable lograr un gobierno que merezca la confianza y el respaldo de los venezolanos, y de la comunidad internacional. Necesitamos muchas inversiones, públicas y sobre todo privadas. Inversiones nacionales pero también muchas inversiones de capitales internacionales. Para lograr esas inversiones necesitamos que prevalezca la confianza, y para crear un clima de confianza necesitamos un nuevo gobierno capaz de promover el acuerdo y no la división. Un gobierno que este comprometido con la unión de los venezolanos y con su progreso y que no caiga en la tentación de la diatriba inútil ni de la polarización exagerada.

Es evidente que en cualquier proyecto de recuperación de la economía venezolana el petróleo jugará un papel importante, lo que implica como mínimo tres aspectos: inversiones cuantiosas, tecnología de punta y el diseño de una política inteligente de mercadeo y comercialización.

El dinero necesario para las inversiones petroleras no lo tenemos y si lo tuviéramos deberíamos invertirlo en otros sectores, como la educación, la salud y la construcción de una infraestructura moderna y adecuada para el progreso del país. Necesitamos incentivar inversiones internacionales preferiblemente de carácter privado.

En cuanto a la tecnología de punta, tampoco la tenemos, por lo cual, debemos trabajar en esquemas idóneos de gerencia de conocimientos y de transferencia tecnológica que nos permita aprovechar los adelantos tecnológicos multiprovenientes en función de los objetivos establecidos.

Finalmente, el mercadeo y la comercialización de nuestros recursos energéticos requiere de una política exterior que nos reconcilie con viejos amigos y aliados en la comunidad internacional, comenzando con los Estados Unidos, país que por muchos años fue nuestro principal cliente comprador de energía.

Para emprender la recuperación de la economía venezolana será necesaria una política radicalmente diferente a la que ha prevalecido durante estos últimos 25 años, y distinta a la de antes también. La nueva política económica que propone Unión y Progreso se afianza en principios fundamentales como: menos estado y más mercado; menos dirección estatal y más libertad e iniciativa empresarial. Nuestra propuesta impulsa ideas de libertad económica, respeto a la ley, al estado de derecho, al orden y a la justicia, teniendo como objetivo el crecimiento económico, la estabilidad y la evolución del desarrollo.

Seguiremos conversando.

 

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