Bendiciendo a esta hermosa madre que me ha dado cobijo.
Me ha dado una identidad, su huella, un nombre y un apellido del cual enorgullecerme sin habérmelo quizás, no sé, merecido.
Porque digo, grito con un orgullo inconmensurable a cualquiera que pregunte y sin que nadie diga nada, justo por eso… porque me enorgullece de una forma que me enciende, que se explica amplia y profundamente por lo que representa, íntegramente. Y te llena abrumadoramente decir…
¡Venezolano, soy venezolano!
Una madre que ha hecho un extraordinario aporte a los mejores pensadores, filósofos, libertadores, científicos, humanistas, apóstoles para iluminar la evolución humana de este mundo.
Muchos sin ser de esta tierra se han inspirado en nuestra historia para ser mejores siguiendo nuestro ejemplo. Una historia universal, intimidante, imponente, que a muchos al igual que los inspira, los estremece.
Sí, tenemos una hermosa madre, que nos amamanta a todos.
Una madre que me ha legado su historia extraordinaria colmada de proezas, actos heroicos, ejemplos de grandeza humana.
La historia de nuestros líderes indígenas, civiles, militares, humanistas, pensadores, científicos, filósofos, apóstoles, próceres, poetas, dramaturgos, literatos, novelistas, escritores de diversa índole, maestros de maestros, hombres y mujeres de vasta cultura útiles a nuestro pueblo, útiles al humano mundo.
Llenaríamos millones de páginas…
Es una historia para enorgullecerse, una historia, unos hombres, próceres y apóstoles de la cual no pueden hacer alarde otros pueblos del mundo; yo diría que ninguno.
Este ha sido un pueblo de luchadores, libertadores, generosos, benevolentes, magnánimos, apóstoles de elevadísimos compromisos humanos.
Es una madre, una historia que me llena, me eleva, me hace grande aunque yo no lo sea…
Es un poco como para sentir vergüenza, si, es algo como para sentirse avergonzados, de no haber hecho nada, o por haber hecho muy poco, ante tanta grandeza humana.
Una historia en la que nosotros no hemos puesto nada…
Sin embargo nos cubre, nos abraza, nos inspira, nos llama, nos convoca, nos compromete, cosciente de que apenas llevo su nombre. Un nombre que me ha dado por alguna razón, generosamente. Quizás por eso mismo.
Porque es una madre magnánima, generosa, grandiosa, privilegiada tan solo por la providencia, con las suficientes riquezas para llenarnos de satisfacciones, más que suficientes.
Sin que talvez pidiera nada a cambio excepto que la valoremos. Lo que no es mucho pedir para una madre.
Una madre que nos ama, nos cuida, nos enorgullece, nos acompaña, nos protege.
Incluso al más ingrato podría ser tratado en modo distinto en cualquier lugar del orbe tan solo con decir Soy Venezolano.
Una madre por la que vale la pena hacer más allá de lo que hemos hecho hasta ahora.
Es la madre que nos ha permitido decir con orgullo: Soy venezolano
Venezuela me llena totalmente…me anima, me compromete, me reclama legítimamente como lo hace una excelsa madre cuando sus hijos le fallan…
Hagamos más allá de lo que parece imposible…por nuestra madre
Venezuela

