La decadencia del movimiento sindical venezolano y la devaluación continua de nuestra moneda se originan en 1983 y coinciden con el bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar. En los años ochenta también se instala una crisis política,económica y social sin precedentes en la región. Por supuesto, la dirigencia sindical también entró en crisis, pero lo peor estaba por venir, con unos militares y aventureros resentidos y ávidos de poder que identificaron a los sindicatos como un peligro para sus planes. Con el predicador de mentiras Hugo Chávez, electo presidente en 1998 montado en una ola de populismo, se retó al movimiento sindical, obligando a los sindicatos y gremios a legitimarse en elecciones por las bases. El resultado fue una gran derrota para Chávez y sus candidatos encabezados por Aristóbulo Isturiz. Este escenario, hizo que la oposición política y Fedecámaras hicieran una alianza con la CTV para intentar la salida de Chávez. El 11 de Abril del 2002 una gigantesca ola de protesta popular hizo correr a Chávez y sus cómplices, lamentablemente, el momento histórico no fue entendido por algunos sectores visibles de la oposición y de los intelectuales, amalgamados con los errores cometidos por Pedro Carmona Estanga.
En diciembre de 2002 fue convocado por Fedecámaras, la oposición y la CTV un paro indefinido, lo que trajo como consecuencia el despido de decenas de miles de trabajadores petroleros. Desde ese momento el movimiento sindical que había derrotado a Chávez un año antes, perdía su fuerza y el apoyo de los trabajadores y fue desapareciendo paulatinamente la contratación colectiva.
Desde 2003 hasta hoy el poder político y económico chavista es quien decide en materia laboral. Sin embargo, debemos reconocer que el movimiento sindical ha resistido y lucha por una revisión a fondo de sus liderazgos. Los verdaderos líderes de base siguen luchando y derrotando en las fábricas a los candidatos patronales, quienes siguiendo los lineamientos políticos partidistas se niegan a reconocer los resultados de las elecciones en los sindicatos.
Este 1ro de mayo debemos promover un sindicato NO domesticado, NO alineado con las prácticas antilaborales y menos ser un peón del poder político y económico. Un sindicato genuino, donde los trabajadores sean los que tengan el poder y no permitir que sus directivos actúen con lineamientos políticos-económicos de otros sectores del país. Al sindicalismo se le presenta una oportunidad de refrescarse, de reinventarse, de refundarse y ser el protagonista de los cambios que están por venir.
Trabajadores a la calle por un nuevo sindicalismo
No más sindicatos domesticados. ¡Autonomía y lucha!

