En este camino, el sentido de ‘caminar juntos’ es lo que mejor realiza y manifiesta el rostro de la Iglesia como Pueblo de Dios peregrino y asambleario. No se trata simplemente de un método de trabajo, sino de la forma peculiar de la Iglesia que asume las decisiones, es la forma de la Iglesia. (Francisco, Discurso en la Sesión de Apertura del Sínodo sobre la Sinodalidad, 9 de octubre de 2021).
Introducción: Una Iglesia que respira con el pueblo
El Papa Francisco, entronizado el 13 de marzo de 2013, esbozó un horizonte de esperanza: una Iglesia que no se recluye en torres de marfil, sino que se aventura hacia las periferias, con los pies hundidos en el polvo de los caminos humanos. Su pontificado fue un lienzo vivo, tejido con pinceladas de audacia y ternura, un proyecto de transformaciones que no solo reconfiguró estructuras, sino que convocó a los fieles a encarnar una fe vibrante, arraigada en el encuentro con el otro. Estas imágenes, que podrían parecer idealistas, se materializaron en gestos concretos, como mostraré a lo largo de este ensayo.
La Constitución Apostólica Praedicate Evangelium, promulgada por el Papa Francisco el 19 de marzo de 2022, redefinió la Curia Romana como un cuerpo sinodal, un organismo vivo que latía al ritmo de la misión evangelizadora y abrazaba a todos los bautizados. En este documento, Francisco, fiel al espíritu del Concilio Vaticano II, proclamó que la autoridad eclesial brotaba del bautismo, no exclusivamente del orden sagrado, abriendo las puertas del liderazgo a laicos y mujeres en un gesto que desmanteló siglos de tradición clerical. Esta visión se cristalizó en el artículo 10, subtitulado:
“Todo cristiano es un discípulo misionero”.
10. El Papa, los obispos y otros ministros ordenados no son los únicos evangelizadores de la Iglesia. Ellos saben «que no han sido instituidos por Cristo para asumir por sí solos toda la misión salvífica de la Iglesia en el mundo» (Conc. Ecum. Vat. II, Lumen gentium, 30). Todo cristiano, en virtud del Bautismo, es discípulo-misionero «en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús» (Evangelii gaudium, 120). Esto no puede ser ignorado en la actualización de la Curia, cuya reforma, por tanto, debe prever la participación de los laicos, incluso en funciones de gobierno y responsabilidad. Su presencia y participación es también esencial, porque cooperan por el bien de toda la Iglesia (Lumen gentium, 30) y, por su vida familiar, por su conocimiento de las realidades sociales y por su fe, que les lleva a descubrir los caminos de Dios en el mundo, pueden hacer contribuciones válidas, especialmente cuando se trata de promover la familia y el respeto de los valores de la vida y de la creación, del Evangelio como fermento de las realidades temporales y del discernimiento de los signos de los tiempos.” (Praedicate Evangelium).
Dos hitos iluminaron este sendero: el nombramiento de María Lía Zervino, una laica argentina, como miembro del Dicasterio para los Obispos en 2022, un organismo que, durante 434 años, fue coto exclusivo de cardenales y obispos; y la apertura del Sínodo de los Obispos en 2023, donde Francisco otorgó el derecho al voto a laicos y mujeres, una prerrogativa hasta entonces reservada a los obispos. Estos gestos encarnaron una Iglesia que escuchaba, discernía y caminaba en comunión, como un pueblo peregrino que se reconocía en la diversidad de sus voces.
Este ensayo explora la estructura burocrática del Vaticano bajo las reformas de Francisco, desentrañando cómo estas equilibraron la continuidad de la tradición, la renovación de las instituciones y la innovación audaz que proyectó una Iglesia en salida.
1.- La estructura burocrática del Vaticano
Desde 1929, cuando el Vaticano se constituyó como estado soberano, su ordenamiento descansa en una Ley Fundamental, promulgada inicialmente en aquel año, renovada en el 2000 y reformulada por Francisco en 2023. Esta norma, como un cimiento que sostiene el edificio vaticano, articula la singularidad de un estado al servicio de una misión trascendente. Aunque el Papa conserva la plenitud de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, según lo estipulado en el artículo primero, la nueva ley clarificó la distinción y la colaboración entre los órganos de gobierno, tejiendo un entramado de equilibrios que reflejó la prudencia de un pastor y la visión de un reformador. Además, introdujo mecanismos modernos para la gestión de recursos, el control interno y la administración, respondiendo a las exigencias de transparencia de nuestro tiempo.
La burocracia vaticana se bifurca en dos esferas complementarias: la Santa Sede, custodia de la autoridad doctrinal, pastoral y administrativa de la Iglesia universal; y el Estado de la Ciudad del Vaticano, que administra un territorio pequeño pero cargado de simbolismo, un enclave donde la fe se encuentra con la historia. La Curia Romana, núcleo pulsante de la Santa Sede, se compone de dicasterios —equivalentes a ministerios— que abordan la evangelización, la doctrina, los obispos, la comunicación y las finanzas; tribunales, como la Penitenciaría Apostólica, que resuelven cuestiones canónicas; y oficinas, como la Secretaría de Estado, que articula la diplomacia y la coordinación interna con una visión global. La estructura de la Curia se detalla en Praedicate Evangelium, desde el artículo 12 al 19, como un mapa que orienta la misión de la Iglesia en el mundo.
El Estado de la Ciudad del Vaticano, bajo la Pontificia Comisión presidida por el cardenal Fernando Vérgez Alzaga hasta el 10 de abril de 2025, ejerce el poder legislativo (Lex Fundamentalis, 2023, Art. 3). El Gobernatorato, también liderado por el cardenal Fernando Vérgez Alzaga, gestiona servicios esenciales: la seguridad (Cuerpo de Gendarmería), los Museos Vaticanos, los correos y la infraestructura, con un Secretario General y un Vicesecretario General que aseguran la operatividad diaria (Vatican News, 2023b). Organismos como la Autoridad de Supervisión e Información Financiera (ASIF) regulan las finanzas, mientras las Pontificias Academias promueven el diálogo entre fe, ciencia y cultura (Praedicate Evangelium, 2022, Art. 183), en un esfuerzo por tender puentes entre el Evangelio y las aspiraciones del mundo contemporáneo.
2.- Lo que el Papa Francisco mantuvo: La raíz petrina
Francisco, como un tejedor que honra los hilos antiguos, preservó los fundamentos teológicos y jerárquicos de la Curia Romana, anclados en el ministerio petrino, esa roca firme que garantiza la unidad de la Iglesia y su fidelidad al mandato de Cristo (Lumen Gentium, 1964, n. 18). La Secretaría de Estado, bajo la guía del cardenal Pietro Parolin, permanecía como el eje de la diplomacia vaticana, un rol que exige experiencia canónica y eclesial, reservado a clérigos. Los tribunales apostólicos, como la Penitenciaría Apostólica y la Signatura Apostólica, continuaban bajo liderazgo clerical, dado su carácter sacramental y doctrinal que sostienen la vida de la Iglesia. En el Estado de la Ciudad del Vaticano, la Pontificia Comisión y roles litúrgicos, como el Vicario General (arzobispo Mauro Gambetti), permanecían en manos de clérigos, respetando el derecho canónico (Lex Fundamentalis, 2023, Art. 5), en un testimonio de continuidad que honra la tradición apostólica.
3.- Lo que el Papa Francisco renovó: Una Curia que camina con el Evangelio
La renovación de Francisco, plasmada en Praedicate Evangelium (2022), fue un canto vibrante a la misión evangelizadora. La Curia, proclamó el documento, “no se sitúa entre el Papa y los Obispos, sino que se pone al servicio de ambos” (2022, Preámbulo, núm. 8). Esta visión sinodal transformó la Curia en un puente, un espacio de comunión que fortalecía los lazos entre el Papa, los obispos y las Iglesias locales, como un cuerpo que respiraba en armonía. Para lograrlo, Francisco fusionó consejos pontificios en dicasterios más amplios: el Consejo para los Laicos y el Consejo para la Familia se integraron en el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, mientras que los Consejos para la Cultura y la Educación formaron el Dicasterio para la Cultura y la Educación (2022, Art. 139-152). Esta consolidación no era meramente administrativa; fue un gesto teológico que reflejaba una Iglesia en comunión, donde la misión evangelizadora unía las vocaciones de los fieles en un abrazo fraterno y, a su vez, implicó una reestructuración gerencial y administrativa.
En el ámbito financiero, la Secretaría para la Economía, creada en 2014 y liderada desde 2022 por el laico Maximino Caballero Ledo, había profesionalizado la gestión tras los escándalos del Instituto para las Obras de Religión (Vatican News, 2022a). La Ley fundamental de 2023 modernizó el Estado de la Ciudad del Vaticano, abriendo roles como el del Secretario General del Gobernatorado a laicos, aunque el liderazgo seguía siendo clerical (Lex Fundamentalis, 2023, Art. 7). La Autoridad de Supervisión e Información Financiera (ASIF), con la incorporación de laicas como Concetta Brescia Morra en 2024, reforzaba la transparencia (Vatican News, 2024a).
4.- Lo que el Papa Francisco innovó: Laicos y mujeres en el latir de la Iglesia
La innovación más audaz de Francisco fue la apertura de la gobernanza a laicos y mujeres, un gesto que desmontó la noción de que el liderazgo eclesial requería el orden sagrado. Praedicate Evangelium lo proclamó con claridad, en la sección segunda del preámbulo, titulada: “Principios y criterios para el servicio de la curia romana” en el numeral cinco reza lo siguiente:
“Carácter vicario de la Curia Romana. Cada institución curial cumple su misión en virtud de la potestad recibida del Romano Pontífice, en cuyo nombre opera con potestad vicaria en el ejercicio de su munus primacial. Por eso, cualquier fiel puede presidir un dicasterio o un organismo, teniendo en cuenta la particular competencia, potestad de gobierno y función de estos últimos” (Praedicate Evangelium).
Este principio, como un río que rompe barreras y fertiliza la tierra, permite que cualquier bautizado ejerza autoridad, reflejando la universalidad de la vocación cristiana. En el Dicasterio para la Comunicación, el laico Paolo Ruffini lideraba desde 2018 medios como Vatican News, llevando el Evangelio a un mundo digital (Vatican News, 2018). En el Gobernatorado, Giuseppe Puglisi-Alibrandi, un laico, asumió como Vicesecretario General en 2023 (Vatican News, 2023b), encarnando una Iglesia que confiaba en la sabiduría de sus hijos.
Las mujeres, históricamente silenciadas, encontraron un lugar central en el corazón de la Iglesia. Barbara Jatta, directora de los Museos Vaticanos desde 2017, custodia tesoros como la Capilla Sixtina con una visión que une arte y fe (Vatican News, 2016). Francesca Di Giovanni, subsecretaria de la Secretaría de Estado desde 2020, fortalece la diplomacia vaticana (Vatican News, 2020). En el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, Linda Ghisoni y Gabriella Gambino aportan perspectivas femeninas desde 2017 (Vatican News, 2017). La ASIF, con Concetta Brescia Morra y Carmela Ventrella, refleja la profesionalización femenina (Vatican News, 2024a). Estas mujeres, como antorchas en la noche, iluminan el camino hacia una Iglesia que reconoce el genio femenino como un don de Dios.
El Sínodo de los Obispos, transformado en 2023, fue un hito luminoso: laicos y mujeres, por primera vez, tuvieron voto, un derecho antes exclusivo de obispos, encarnando una Iglesia sinodal que escucha y discierne colectivamente (Vatican News, 2023a). Por ejemplo, Momoko Nishimura, japonesa una laica teóloga, que llegó a presidir sesiones de la asamblea en ausencia del Papa, junto a figuras como el cardenal Mario Grech y el cardenal Jean-Claude Hollerich.
Este cambio, como un eco de las comunidades de base latinoamericanas, donde las voces de todos tejen la fe, proyectó una Iglesia que abraza la diversidad como un regalo del Espíritu.
5.- Breve historia de los sínodos
Los sínodos de los obispos, instituidos por Pablo VI en 1965 tras el Concilio Vaticano II (Pablo VI, Motu Proprio Apostolica Sollicitudo, 15 de septiembre de 1965), fueron concebidos como un órgano consultivo para asistir al Papa en la guía de la Iglesia. Desde su origen, su composición fue casi exclusivamente episcopal, reflejando la tradición de que los obispos, como sucesores de los apóstoles, tienen la responsabilidad principal de la enseñanza y el gobierno eclesial (Lumen Gentium, 1964, n. 22). Aunque los laicos participaron ocasionalmente como observadores o expertos, especialmente tras Gaudium et Spes (1965, n. 43), no tuvieron voto hasta 2023, cuando Francisco, respondiendo al llamado del Concilio a una mayor corresponsabilidad, abrió la asamblea a laicos y mujeres, transformando el sínodo en un espacio de discernimiento colectivo. Este cambio, amparado por la eclesiología sinodal, marcó un retorno a la comunión primitiva, donde todos los bautizados, como un solo cuerpo, compartían la misión evangelizadora (Hechos 15:6-29).
Estas innovaciones no fueron un capricho, sino un diálogo vivo con el mundo, una respuesta a un tiempo que clama por inclusión y esperanza. Como en las calles de América Latina, donde mujeres y laicos sostienen la vida cotidiana con fe inquebrantable, Francisco invitó a contemplar en ellos el rostro de una Iglesia viva, palpitante, en salida.
6.- Historia y relevancia del Dicasterio para los Obispos
El Dicasterio para los Obispos, con raíces en el siglo XVI, fue fundado por el Papa Sixto V el 22 de enero de 1588, bajo el nombre de Congregación para la Erección de Iglesias y Provisiones Consistoriales. Posteriormente, renombrado como Congregación para los Obispos, asumió la tarea crucial de nombrar obispos, un pilar de la Curia que asegura la unidad burocrática y espiritual de la Iglesia. Durante siglos, sus miembros fueron exclusivamente clérigos, una tradición que perduró incluso tras el Concilio Vaticano II, que abogó por la corresponsabilidad laical (Lumen Gentium, 1964, n. 31). En 2022, Francisco rompió este molde al nombrar a María Lía Zervino, presidenta de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, as miembro del dicasterio (Vatican News, 2022b). Este hito, fundamentado en Praedicate Evangelium, fue un acontecimiento histórico: por primera vez, una mujer laica participó en la selección de obispos. Su presencia democratizó la gobernanza eclesial, reforzó la corresponsabilidad bautismal (Gaudium et Spes, 1965, n. 43) y proyectó una imagen de apertura. Aunque sectores conservadores, cardenales y obispos aferrados a una mentalidad preconciliar, criticaron este cambio como una ruptura de la institucionalidad, la Iglesia, bajo el timón de Francisco, no se fracturó, sino que se fortaleció en su comunión.
7.- Reflexión final: Un legado de comunión y audacia
Las reformas de Francisco fueron un tapiz donde la tradición se entrelazaba con la audacia, donde la fidelidad al Evangelio respiraba en la fragilidad y la esperanza del mundo. Al mantener roles litúrgicos y doctrinales en manos de clérigos, honró la identidad petrina. Sus renovaciones, como la fusión de dicasterios y la profesionalización financiera, dotaron a la burocracia vaticana de agilidad y transparencia. Sus innovaciones, como la inclusión de laicos y mujeres, transformaron la Curia en un reflejo de una Iglesia diversa y sinodal, un pueblo en camino que abraza a todos como protagonistas de la misión.
Estas transformaciones, aunque enfrentaron resistencias, son un legado perdurable. Francisco invitó a la Iglesia a ser una comunidad en salida, que vive el Evangelio con valentía y acoge a todos con los brazos abiertos. El Vaticano, bajo su liderazgo, se erigió como un faro de comunión, un signo de esperanza para un mundo que anhela fraternidad y encuentro.
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