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Rafael Sanabria Martínez: La señorita Vicentica Ramos y su Santo Sepulcro

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A la memoria de Tita Amanda Díaz de Gutiérrez, quien adornó la imagen durante tantos años.

La fe sostiene a los pueblos y abre senderos de paz donde convergen todos los intereses de los pobladores, así surge el fervor religioso que transforma la angustia en esperanza. En El Consejo uno de los más significativos y relevantes símbolos de religiosidad es el viernes santo, que convierte a la añejada población consejeña en una oración colectiva. Cada año el féretro sale a las calles adornado de flores de papel, las suplicas y plegarias se hacen repetitivas. El Sepulcro de Vicentica media entre Dios y poblador para transmutar tristeza en alegría.

Pero es en el año 1857 cuando llega la sagrada imagen a El Consejo, destinada a la honorable familia Ramos Betancourt. La reliquia llega para el bautizo del niño Andrés Misael Ramos Betancourt, hijo mayor del matrimonio de Andrés María Ramos y Encarnación Betancourt. Encarnación Betancourt era a su vez nieta de José Gregorio Betancourt y de Josefa María Niño Ladrón y Guevara, quienes residían en la esquina de las calles Bolívar y Villapol, actual Bar Miranday, Josefa María era nieta del prócer de la Independencia José María Niño Ladrón y Guevara, personas de linaje y abolengo procedentes de Carora, estado Lara. El matrimonio de Andrés Ramos y Encarnación Betancourt está registrado en el libro N° 4 folio 62 del registro eclesiástico de la Parroquia Nuestra Señora del Buen Consejo con fecha de 30 de enero de 1856.

Nace Andrés Misael Ramos Betancourt en El Consejo el 11 de diciembre de 1856 según libro de bautismos N°8 folio 166, bautizado por el párroco José Ángel de Jesús Alemán el 23 de febrero de 1857 (día en que llega la imagen a El Consejo) siendo su padrino: Francisco Casimiro Pérez (natural de las Islas Canarias y cofundador de la Sociedad del Carmen benefactora de sus miembros el 16 de julio de 1865). Entre sus hermanos tenemos: Vicenta Ramos Betancourt nacida en El Consejo en 1876 y fallecida el 14 de septiembre de 1929 en El Consejo y Micaela Ramos Betancourt nacida en El Consejo el 14 de enero de 1861 fallece el 29 de agosto de 1943 en la población de El Consejo, cabe destacar que ejerció durante años el cargo de operaria de oficina de teléfono en la población. Andrés Misael Ramos contrae matrimonio con Magdalena Hortencia Cicardit (de origen Italiano) en la ciudad de Caracas. Fruto de su matrimonio nacen: Vicenta Ramos Cicardit ella nacida en Caracas el 15 de agosto de 1896 y José Antonio Ramos Cicardit nacido en Caracas el 15 de diciembre de 1898 y falleció en El Consejo el 2 de septiembre de 1948. Establecieron su hogar en el sito denominado Tiquire, donde fallece Andrés Misael Ramos Betancourt el 13 de enero 1919 de profesión agricultor, muerte que certifica el doctor Pedro García Espino, según acta N°11 del libro de registro civil del municipio José Rafael Revenga. Esta costumbre fue pasando de generación en generación, hasta llegar a la última descendiente de la familia: Vicenta Ramos, la cual se responsabiliza desde 1920 al cuidado y resguardo de la imagen después de la muerte de su padre. Cuenta la historia oral que Vicentica pidió fervorosamente al Santo Sepulcro le concediera una vivienda propia, por lo cual ella compró un quinto el cual ganó y pudo comprar la vivienda que fue de su propiedad y del Santo, ante tal milagro prometió confeccionar sus flores y coronas para su día, las cuales las comenzaba a hacer un año antes y que fueron consideradas una muestra de artesanía, creatividad y singularidad. Tal devoción le permitió que más adelante, por su religiosidad, fuese llamada Vicentica del Santo Sepulcro.

Fueron muchos los oficios que se concentraban en la persona de la señorita Vicentica Ramos. En ella la vida se dibujó en su mirada desde donde se proyectaba la historia de una señorita cuyas manos conocieron el atrevimiento de su creatividad en su labor cotidiana. Vicentica Ramos retrataba el paisaje con sus mañanas en las ventanas, con el vestido del atardecer, con la alegría de los árboles y con las viejas casonas que recuerdan las primeras travesías de El Consejo, cuando los luceros visitaban los patios almendrados de las viejas casonas coloniales. En su alma candorosa Vicentica llevaba la magia de una filmadora que mantuvo en su retentiva los colores de la tierra prospera y atrayente de El Consejo, la travesuras de las flores de papel para su Santo Sepulcro que aprendió en los tiempos en que se fabricaba unas alas para volar de noche y ver el firmamento. El Consejo fue la tierra escogida para el crecimiento de su esencia caraqueña. Es testigo de su amor por el trabajo de la floristería, su inspiración y su técnica, que se erige desde la misma concepción del pueblo. La enseñanza de sus flores se prolongó en niños y viejos consejeños que aprendieron de su humildad, sencillez y devoción a Dios. Esta respetable señorita integró las filas de la sociedad de Nuestra Señora del Buen Consejo y tuvo el honor de confeccionar el traje de la Virgen del Buen Consejo en las fiestas patronales de 1963, donativo especial de Doña Carmen Valverde de Betancourt.

En su casa de habitación funcionó la oficina central de teléfonos de manillitas en la cual ella era la jefa (hoy en día funciona Provive) Ella con un celo constante hace de la sagrada imagen algo tan especial que hoy a tantos años de su llegada a la población es una de las más veneradas.

La señorita Vicentica Ramos contó con el apoyo de Melquiades del Carmen Ustáriz nacido en El Consejo el 10 de diciembre de 1881, hijo de Carmelita Ustariz, bautizado por el padre José Ángel de Jesús Alemán el 7 de mayo de 1882 siendo sus padrinos el general Timoteo Lugo y Rosa Godoy. Este personaje casó con Eloina Betancourt Gil (tía de Vicentica Ramos) el 14 de abril de 1919. De allí su relación con la familia para que el 11 de enero de 1920 fundara la sociedad del Cristo en El Sepulcro, como reza en el libro de gobierno de la Santa Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Buen Consejo. Melquiades Ustáriz se destacó por ser músico, albañil reconocido y fundador del Deportivo Obrero BBC, acompañó a la sociedad hasta el momento de su muerte ocurrida en El Consejo el 10 de febrero de 1951. Ante tal hecho se refunda la sociedad el 11 de enero de 1952 para contribuir a colaborar y mantener la tradición viva cada Viernes Santo. La señorita Vicentica resguarda su imagen hasta el 7 de agosto de 1977 que fallece de un infarto en la población de El Consejo a los 80 años de edad. Esto motivó el traslado de la imagen a la sede de la sociedad donde permanece hasta los actuales momentos. La muerte de Vicentica Ramos llevó a la recordada Tita Amanda Díaz de Gutiérrez a utilizar el ingenio, la creatividad, la osadía y sus hábiles manos para confeccionar desde ese entonces las flores de papel con que fue adornada la sagrada imagen, a ella debemos que la tradición de adornar El Sepulcro con flores de papel permaneciera en el tiempo. En el presente las flores son confeccionadas por Wismar Delgado Azuaje, discípulo de Tita Amanda Díaz de Gutiérrez y quien además es escultor y debe ser reconocido en El Consejo como artista integral ya que descolla brillantemente en las artes. Es el actual presidente de la Sociedad del Santo Sepulcro.

Vicentica Ramos y su Santo Sepulcro

El viernes santo a partir de la una de la tarde, el silencio se apodera de El Consejo, en donde la feligresía consejeña, solo eleva cánticos eucarísticos, plegarias, rezos y peticiones, pidiendo salud, abundancia y libertad perpetua.

Es tanto la relevancia del Sepulcro en El Consejo, que los pobladores abandonan sus hogares a la una de la tarde para ir al encuentro del Sepulcro con su Madre, San Juan y la Verónica, la comarca se muda temprano a las soleadas calles para ir a depositar los clamores de sus corazones.

La liturgia centenaria estremece y eriza, porque Jesús doliente y silencioso exclama siete palabras de dolor pero a su vez de reflexión, para que el pueblo busque la fe interior que debe habitar en él. El feligrés inspirado en la humilde imagen, y pidiendo el milagro que necesita, hace sus promesas arrodillados en la procesión y alumbrando. La Avenida Bolívar es un santuario el viernes santo; el vía crucis hace que sus estaciones propicien el bienestar individual y colectivo. La música triste hace que el promesario y el religioso fervoroso derramen sus lágrimas durante el acompañamiento del Sepulcro de Vicentica, que adornado con delicados ornamentos bendice cada año las calles de El Consejo, que después de su paso duermen purificadas.

Cuando declina el sol y llega la noche, el Sepulcro de Vicentica vuelve a su morada con un repertorio de plegarias y súplicas hechas por sus pobladores; para atenderlas como buen abogado y devolverlas en asombrosos milagros.

Poema al Santo Sepulcro

 

Ya es la una de la tarde

el sol bravío rocía los rostros de los promesaríos

el sepulcro de Vicentica se apodera de las calles

el feligrés creyente y fervoroso eleva su oración

como ave herida que la brisa envuelve.

 

Las plegarias se hacen colectivas

el vendaval recoge las suaves canciones

que los pobladores recitan en plena procesión

con música y rezos llega el Sepulcro

al templo que enciende las velas y cirios

al hombre de la cruz, al abogado del pueblo.

 

Y en la noche el Sepulcro ilumina las calles

con velas y velones que brotan como estrellas encendidas

iluminando los rostros dolientes de sus fieles promesarios

quienes esperan con ansias la respuesta del Sepulcro.

 

Es el Sepulcro milagroso

que vestido de flores moradas y de blancura

devuelve en cosecha milagrosa

la súplica hecha antes

el ataúd de la hermosura.

 

Foto cortesía del Dr. Marcos Antonio Sabino Gutiérrez.

 

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