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Neuro Villalobos: Ética en el comportamiento y transparencia en la actuación

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Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado. Margaret Mead.

Revisando algunos viejos documentos me llamó la atención el “Informe de Conclusiones” del X Congreso Internacional del CLAD sobre “La reforma del Estado y de la Administración pública” realizado en Santiago, Chile, del 18 al 21 de octubre de 2005. Es decir, hace ya casi 20 años.

En el área temática: “La promoción de la ética y la transparencia en la gestión pública” el panel 65 estaba referido a “Transparencia y negociación: herramientas básicas para la construcción de la trama ética en la sociedad”, en el cual debía participar Venezuela, encontrándose la aclaratoria que “fue suspendido por causa de fuerza mayor.” No podía ser de otra manera. Para Venezuela, y la mayoría del mundo político Latinoamericano, el tema significaba algo así como nombrar la soga en la casa del ahorcado.

La plutocracia en el poder ha transformado semánticamente el concepto de transparencia en “tramparencia”, la cual se practica impúdicamente a la vista de propios y extraños. La negociación sólo se realiza entre las élites de poder, conducta delictiva que ha dado forma a las más inimaginables formas de corrupción. La concentración de poderes ha dado lugar a que la gestión pública sea una de las empresas más rentables a nivel individual y de los grupos que mueven los hilos fundamentales en la toma de decisiones.

En el evento en referencia, “a la transparencia se le reconoce como parte del derecho a la información y por tanto se asimila a la exigencia de un derecho humano fundamental y no como una graciosa concesión de la clase gobernante.” Esta precisión es para espantar a cualquier gobierno, sobre todo los que manejan la Hacienda Pública como una hacienda particular. Es una causa mayor para estar ausente de cualquier evento de esa naturaleza. Mucho más para aquellos que generan desconfianza y adolecen de legitimación frente a los ciudadanos porque se ha roto el tejido social que los vincula con el gobierno.

Hubo consenso en que “la corrupción produce deslegitimación no solo de la clase gobernante sino del Estado mismo”. En las dictaduras de cualquier signo, florece la corrupción, se entierra la ética y se adecúa la moral a los fines de la clase en el poder. En ese ambiente de descomposición social se imponen los Yagos y los Tartufos.

Esa situación nos permite deducir que el proceso de recomposición social en Venezuela, después de este devastador tsunami político, va a ser arduo y difícil. Afortunadamente el país cuenta con reservas morales suficientes para promover la ética a través de la educación en valores, como una forma de renovar la mística del servidor público. La justicia y la libertad son valores que atraen y hay que aprender a degustarlos. Adela Cortina nos dice que estos valores son como los vinos, más se aprenden por degustación que por instrucción. Aunque seamos un pequeño grupo, sigamos degustándolos y educando en valores, Eso es lo que permitirá que la actuación de los servidores públicos sea cada vez más transparente, la corrupción se minimice, y la ética florezca en su comportamiento.

nevillarin@gmail.com

 

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