Poco ha durado ese “buenismo” que molestaba a tantos líderes soberbios y dictadores del mundo. El buenismo de los derechos sociales, el Estado de Bienestar y las políticas keynesianas. El buenismo que trajo la paz en Europa durante la segunda mitad del siglo XX. El buenismo que nos ha hecho progresar, desarrollarnos y enfrentarnos a los problemas con una red social que, con sus defectos, ha sido la única aproximación que hemos vivido a una sociedad de iguales y libres.
Y ese buenismo no olvidemos nunca que se produjo después de haber descendido a los infiernos más crueles y salvajes, a la deshumanización más horrible que pudiéramos imaginar.
Pero hoy es el malismo en todas sus formas y fondo lo que pretende gobernar el mundo. El malismo que encarna Trump reúne también otros vicios preocupantes: la soberbia, la ignorancia, la frivolidad, la falta de escrúpulos, la mala educación, el matonismo y la ley de la fuerza….
Cada día nos sorprende con alguna estupidez cada vez mayor. Ahora vemos que el gurú de economía de Trump sobre el que ha edificado el despropósito de los aranceles no tiene más solvencia y fundamento que un “falso economista inexistente” inventado por otro economista de tercera división encontrado por su yerno buscando en Amazon; el mundo está temblando por un iluminado que tiene en su contra al resto de economistas solventes, de empresarios de primer nivel, de los ricos del mundo como Musk, y, sobre todo, de los Premios Nobel que alucinan con tal sarta de bobadas.
Trump se va a jugar al golf después de poner el mundo patas arriba; su vicepresidente resulta maleducado y provocador; vemos las broncas públicas entre Musk y el asesor económico de Trump; y, ante el desorden mundial que ha provocado, entre risas y burlas, habla de que “el mundo le besará el culo”. ¿Alguien podría imaginar que esto podría pasar? Tenemos a un impresentable gobernando el mundo.
Pero además no quiero dejar de citar el artículo de John Carlin, “¿por quién doblan las campanas” que define perfectamente la política cruel de Trump, cuando habla de países como Lesoto calificándolos como “the shithole countries”, los países agujero de mierda, y está dispuesto a que mueran de hambre. ([1])
Trump no solo es un payaso sin escrúpulos: es mucho peor, es tan terrible que no me atrevo a escribirlo públicamente. Y a él no le importa, al contrario, se enorgullece de su propia maldad.
Todo el mundo sufrirá este colapso comercial que, aunque no queramos imaginarlo, con alguien como Trump nos aboca también a una guerra. Sin embargo, la guerra, de momento comercial, iniciada por Trump es contra todo el mundo, lo que está haciendo que todos reaccionen.
China sufrirá el 104% de los aranceles, pero vende a EEUU un 14 % de sus importaciones, lo que significa que probablemente lo pasará peor EEUU. Y no irá a “besarle el culo” porque China, hoy por hoy, tiene suficiente fuerza comercial y militar para resistir el envite. Sinceramente, creo que EEUU no es consciente de qué es China, ni siquiera de cuál es el crecimiento y futuro de Asia como continente con un aliado como África en el suministro de recursos naturales.
Mientras tanto, el resto del mundo mira a China como un futuro aliado como un socio comercial, como un “protector” frente a la antipatía y enemistad que está creando EEUU.
No comparto la opinión de que la Unión Europea no sabe qué hacer o no pinta nada. Al contrario. Considero que la diplomacia y actuación de UE está siendo ajustada y correcta; mantiene la tensión, no rompe la cuerda, pero no se queda quieta. Y tiene mucho que enseñar en relaciones internacionales, comerciales, derechos sociales y actuaciones democráticas. Hoy más que nunca la UE recupera su validez como brújula política.
No obstante, y sin perder las formas diplomáticas, esperamos ver mayor contundencia en el lenguaje que haga respetar la dignidad como países europeos y como ciudadanía. Los insultos de Trump no son tolerables; nadie podría imaginar a un dirigente europeo hablando de la forma que lo hace este “mercachifle”, como bien lo ha descrito Felipe González. Es cierto que no queremos provocar a la bestia, pero tampoco dejarnos avasallar: es el primer principio del trato de igualdad en dignidad. Y, como he escuchado varias veces con orgullo, somos herederos de Kant.
A medio plazo, quien peor saldrá de esta guerra comercial es, sin duda, EEUU.
Porque una cosa es esta guerra comercial, llena de aranceles, pero el daño se producirá con dos consecuencias: el aislacionismo y la pérdida de prestigio.
En estos momentos, EEUU está contra el mundo. Se queda aislado de una economía globalizada que ya no tiene vuelta atrás. Y, los aranceles podrán revertirse, pero la pérdida de prestigio tiene un daño difícilmente de recuperar en poco tiempo. EEUU se ha convertido en un país odioso, antipático, poco de fiar, representante de las amenazas y el matonismo, burlón y maleducado, lejos de representar un modelo político y económico.
Si EEUU quiebra el prestigio realizado durante el último siglo XX y pierde la confianza del resto de países del mundo, perderá sin duda su posición de primera fuerza y liderazgo mundial, incluso su hegemonía cultural.
[1] John Carlin: ¿Por quién doblan las campanas?

