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Tomás Chitty: Las horas más oscuras

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La riqueza no consiste en tener muchas posesiones, sino en tener pocas necesidades. Epicteto

El mundo occidental se encuentra inmerso en una espiral populista que agita los pilares de las grandes naciones democráticas. El auge de actores con aires caudillescos se fusiona con un fantasmagórico nacionalismo. Las alianzas tradicionales se desfiguran y los autócratas euroasiáticos se solidifican.

EE. UU. se aleja de la idea de una república con instituciones independientes para involucionar a un estado con sesgos autoritarios. Un poder ejecutivo polarizante que a diario tensa los mecanismos diseñados para su auditoría. Los mesías Musk y Trump señalan, entre aplausos y vitoreos, el camino al aislacionismo ostracista. Purgan el pentágono prefiriendo lealtad a méritos y en un intento miope por achicar el tamaño del estado, recortan gastos sacrificando influencia.

Los gestos nazis ya no se esconden y se promocionan en cumbres donde asisten los supuestos campeones del “anti wokismo”. La prensa se apresura a calificarlos como “ultraderecha” sin que esa denominación recoja en su totalidad las características elementales de dichos personajes. Incluso el francés Bardella, representante de la “ultra” francesa, se asustó ante aquella convención de “patriotas”.

En Alemania, la AFD es la segunda fuerza más votada con la anuencia del omnipresente empresario y amigo de todas las causas “justas”, Elon Musk. Con la principal economía de la zona euro en fuerte desindustrialización, el discurso antiinmigrante se radicaliza. Sus promotores quieren volver a la gloria germana del siglo XIX, pero el mundo ha cambiado. No es posible competir contra los gigantes asiáticos con una población en recesión demográfica y con un entorno que asusta a los talentos foráneos.

Los desdichados ucranianos ahora tienen que lidiar con un supuesto aliado que piensa que su territorio es un lote de terreno que está en subasta. Acostumbrado a especular con lo ajeno, Trump piensa que puede sentarse con Putin, de hombre fuerte a hombre fuerte y repartirse el botín de guerra. Los europeos fueron completamente marginados y no logran cohesionarse como bloque.

Vale la pena recordar que Trump no resolvió el conflicto en 24 horas, como se ufanó múltiples veces en campaña. Otro truco de rating mediático y nada más. Los europeos aún tienen cartas por jugar. Hay una cantidad importante de activos rusos congelados bajo su jurisdicción y líderes como Macron o Starmer son diplomáticos con gran margen de negociación. El presidente Zelensky viajó a Turquía para involucrar al ambicioso Erdogan en el juego.

Los próximos cuatro años serán una dura prueba para la preservación de las instituciones republicanas occidentales que tanto ha costado construir. Solo un bloque europeo cohesionado, ampliando su gasto militar e involucrando a la industria armamentística americana, podría lograr una disuasión suficiente y estabilizar nuevamente el continente. Ahora los ojos se vuelven hacia Taiwán, pues el precedente en Ucrania revela que para Trump las alianzas son meramente transacciones.

 

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