Cuando Gran Bretaña impulsaba la creación de la OTAN, la idea que guiaba el diseño que tendría ese tratado militar era: Los Estado Unidos, dentro Rusia, fuera Alemania, abajo.
Los resultados de ese diseño se ponen de manifiesto en estos momentos en los que somos testigos del desmoronamiento de la OTAN (¡Gracias a Dios!), mientras los pasos que se dan para detener la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, más que acelerados, son atropellantes para las diplomacias europeas.
Después de tres años de una guerra tan horrorosa como inútil, guiada por el capricho británico y demócrata de incorporar a Ucrania en la OTAN, la economía rusa se ha convertido en la más grande de Europa, a pesar de los 14 paquetes de sanciones aplicados;
Las economías europeas están sumidas en una verdadera crisis existencial, dados los diversos desequilibrios macroeconómicos y microeconómicos que enfrentan;
Militarmente la OTAN ha sufrido una derrota estratégica y táctica inmensa ante las fuerzas rusas, mostrando la inutilidad de sus muy costosos equipos, el atraso tecnológico en materia misilística respecto de los rusos, su muy baja capacidad de producción de municiones de todo tipo, al producir toda la OTAN lo que Rusia produce en uno o dos meses. Pero lo peor de todo, para la OTAN que no para el ciudadano común, es que se ha demostrado que sin la asistencia de EE.UU. las fuerzas militares europeas no tienen capacidad de enfrentar al ejército que ellos dicen que estaría a punto de llegar hasta Portugal, y que sin embargo hasta ahora, ha contenido su avance en Ucrania, en una estrategia de machacar a las fuerzas Otanistas, que nos recuerda a Muhammad Ali recostado de las cuerdas, dejando que el poderoso George Foreman desgastara su asombrosa fuerza, antes de desplomarse completamente agotado. Fue una guerra de desgaste en la que se metió la OTAN, para la cual se requiere una gran capacidad industrial militar que ellos no tienen y que a los rusos les ha sobrado.
En este marco, la velocidad de F1 que Donald Trump le ha impuesto a las iniciativas de paz en Ucrania, hasta ahora según los términos rusos, eso hay que decirlo, ha generado una crisis política en la estructura de la burocracia europea, que muy posiblemente lleve a la desintegración de la UE, el cambio de gobiernos en esos países, lo de las elecciones de Alemania, son una campanada de alerta para las fuerzas del progresismo izquierdista; la disolución de la OTAN por inservible y muy probablemente, a un cambio incluso en la geografía europea. Si se le suma a esto, la ahora disposición de Zelensky de “renunciar” al cargo que ya no detenta, dado que su período constitucional se le venció, y de firmar el acuerdo que Trump le pondrá por delante cuando esta semana visite la Casa Blanca, podremos entender porque los jerarcas de las capitales europeas están dando más vueltas que cochino chiquito, sin saber qué hacer ni a dónde ir.
El enfrentamiento que estamos enfrentando en estos momentos es en realidad entre el proyecto británico woke, guerrerista y totalitario y la visión de Donald Trump y su equipo de relegar a Europa a su condición de segundones de la política y la economía mundial y entenderse de tú a tú con Rusia, China e India, en un reconocimiento de que el breve período de brillo europeo, ha pasado a la historia y que el epicentro de la política y de la economía mundial, se ha movido al Asia Pacífico y las estepas siberianas.
Gran Bretaña se opone a esto, porque tienen un proyecto, un propósito de expansión, que pasaba por la desintegración de Rusia y de empujar a USA a una guerra en contra de China.
No nos engañemos, las diferencias entre USA y los británicos, no son nuevas: mientras los gringos apoyan a Israel, Hamas siendo una creación de la inteligencia británica, es una de sus palancas de influencia en el Medio Oriente; mientras el interés estratégico de USA es desde hace mucho tiempo cesar la guerra en Ucrania, Zelensky, siguiendo las instrucciones de sus amos británicos, quiere seguir la guerra, aunque por sus últimas declaraciones, parece que el coraje ya se le va pasando, gracias al martillo hidráulico con el que Trump lo está presionando.
Hay que entender que la iniciativa de Trump de anexionar Canadá, comprar Groenlandia, establecer una relación casi simbiótica con Rusia, va en contra de los intereses británicos, es de oposición frontal a la cosmovisión de la aristocracia británica y del sector financiero atrincherado en la City de Londres. La guerra es entre USA y Gran Bretaña y muchos desarrollos de la misma veremos, una guerra en la que se vale todo, en la que Londres está dispuesta a todo a fin de quitar de en medio a Donald Trump, incluso si eso implica literalmente quitarlo de en medio.

