En su interesante libro “Bermúdez. El héroe olvidado” (2016), el distinguido amigos Eduardo Morales Gil desarrolla un capítulo que lo titula “La diversión de Bermúdez”. Cualquier lector atrevido pudiera interesarse en saber cuál era el entretenimiento favorito del prócer sucrense. Sin embargo, el autor nos advierte que nada tiene que ver con eso. La palabra “diversión”, en dicha obra, tiene un significado distinto al que se maneja comúnmente.
Eduardo Morales Gil, exgobernador de Sucre y acucioso investigador, nos precisa que dicho término proviene del léxico militar para referirse a una operación especial que tiene como objetivo principal desviar la atención del enemigo del centro neurálgico de combate. Por eso narra la ocupación de Caracas por parte del General José Francisco Bermúdez los días 13 y 14 de mayo de 1821, como acción del plan orquestado por Bolívar, para distraer a las fuerzas realistas en el centro político más importante del país y, en consecuencia, evitar que llegaran al campo de Carabobo a reforzar el ejército comandado por el General La Torre que se enfrentaría al dirigido por el Libertador Simón Bolívar el 22 de junio de ese año.
La táctica de distracción ejecutada por Bermúdez dio los resultados esperados. Atrajo a la tropa realista del coronel José Pereira y el 23 de junio decidió combatir en la colina de El Calvario. Con arrojo y valentía se lanzó en combate, pero fue derrotado por la superioridad del ejército realista. Como pudo salió por La Candelaria rumbo al cerro de la Auyama, a tres leguas distantes de la capital. Lo importante es que distrajo a las tropas enemigas y evitó que se sumaran al día siguiente al General La Torre en Carabobo, facilitando la superioridad y victoria de Bolívar y su ejército republicano.
Se sella así la independencia de nuestra patria. No es casual, entonces, que cuando el Libertador entra triunfante a Caracas, después de la Batalla de Carabobo tenga palabras de reconocimiento hacia el General Bermúdez, el paisano sucrense, por la toma de Caracas. Sin ella no hubiese sido posible la victoria en el campo de Carabobo. Por tal osadía, Bermúdez fue ascendido a General en Jefe. Su atrevida diversión, por muy minúscula que pareciera, se convirtió en pieza clave para el proceso emancipador de nuestra nación.
Hemos referido este episodio histórico como ejercicio didáctico para ubicarnos en el contexto político actual. En efecto, Nicolás Maduro, un gobernante de facto, sin legitimidad y fraudulento, busca desesperadamente mantenerse en el poder a través de diversas acciones estratégicas que le han resultado efectivas: a) poner al pelear al bando contrario, b) alentar la abstención, c) imponer el terror colectivo y c) distraer al contrario.
De todas esas tácticas empleadas, la diversión es la que acaba de sacar recientemente a propósito de la decisión de Donald Trump de suspender y abrir una investigación al Programa Internacional de Ayuda Humanitaria (USAID) ante presuntos manejos irregulares del denominado como mandato interino de Juan Guaidó.
Como la política es parecida a la guerra, el asunto le vino a servir a Maduro como anillo al dedo. Ha comenzado, desde su poderosa maquinaria propagandística, a sembrar en la psiquis colectiva la escandalosa actuación del mencionado político venezolano hoy radicado en Estados Unidos. Por lo menos, ha logrado que la dirigencia opositora hable del asunto, se despedace entre sí y distraiga del verdadero foco de atención que es la salida de Maduro del poder.
Maduro distrae a sus adversarios para ganar tiempo. Coloca elecciones en dos bloques para que éstos se diluyan en debatir si es conveniente o no participar. Es la táctica de la diversión que pone en práctica, tal como lo conceptualizó el General y teórico militar prusiano Karl Von Clausewitz en su obra “De la guerra”, de gran influencia en el campo político. La dirigencia opositora, entonces, está obligada a aprender la lección y sortear con éxito todos los obstáculos en el campo de batalla.
¡Amanecerá y veremos!

