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Rafael Fauquié: En el pecho de cada hombre

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Hay un texto, o mejor dicho, un fragmento de texto del poeta Rafael Cadenas, que me gusta especialmente: “Solo en un sitio puede ser derrotada una sociedad: en el pecho de cada hombre”. Es revelador. Lo dice todo. Alude a la potestad de cada conciencia individual de conjurar el amenazador riesgo de la desaparición de la libertad. Los poderes que nos gobiernan pueden -y suelen- degradar por muy diversas causas -ambiciones personales, fanatismos ideológicos, corrupción, inmoralidad- aquellos principios que deberían regir la justa convivencia de una sociedad en medio de un sano gobierno. Cuando eso sucede, las consecuencias son previsibles: desvanecimiento de cuanto pudiese significar un espacio social conviviendo en humana armonía.

Todo régimen despótico generará, a la larga, la desarticulación de su sociedad. Y una respuesta a esa amenaza será la fuerza de cada conciencia inserta en el pecho de todo ser humano dispuesto a defender su dignidad y su derecho a vivir en libertad. Contra los excesos y bajezas del poder será, esencialmente, la humanidad, la voluntad de muchos la encargada de enfrentar el monstruo de la arbitrariedad y la injusticia. Y, desde luego, será siempre necesaria la esperanza.

Esperanza: imposible renunciar a ella. Es impulso, orientación, apoyo; también respuesta. Nos permite creer y nos impulsa a querer. Es inspiración necesaria. Nos pertenece en la medida en que sepamos alimentarla. Junto a ella dibujamos propósitos. Tiene que ver con legitimación de intenciones. Solo es posible en la acción. Carece de sentido en la vaga ilusión o en la pasiva espera. La esperanza nos aleja del pesimismo y nos permite conjurar escepticismos o desconciertos. En cualquier propósito humano, en todo esfuerzo al que nos entreguemos, debería existir la compañía de la esperanza; sentimiento que nos diga que nuestra labor está destinada a trascender, que nuestros esfuerzos serán recompensados y que la expectativa de esa recompensa los justifica.

Solo una vez que la persona humana sea sepa capaz de conquistar su personal esperanza, solo entonces la despiadada maquinaria de inhumanos poderes políticos entronizados, carecerá para siempre de la desoladora potestad del miedo.

 

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