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Ezequiel Querales Viloria: Nada se mueve… Y todo se mueve…

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¿Cómo hacer política con o contra seres desarticulados de sí mismos? Esa es la pregunta que han intentado responder quienes sufren bajo el imperio de dictaduras.

Según los expertos analistas  de la historia y sociología política, la respuesta parece ser muy difícil. Aseguran no obstante, que hay una premisa que ha funcionado en diferentes gestas democráticas, como la que orienta, a no hacer lo que se quiere, solo lo que se debe y, cuando se pueda, sin abandonar nunca el sentido de realidad.

En palabras más simples: no hacer nunca lo que el dictador quisiera, y menos, dejarse engatusar por sus falsos patucos y carcomidos dilemas.

Tras el cisma del confabulado fraude  y golpe electoral de estado, el país nacional entró en una espiral de insólita expectación, indescifrable e insostenible. De repente fue como una tensa calma, que no era tal, pero que se palpaba a distancia, como el más profundo y ensordecedor silencio, registrado hasta ahora en la historia del país.  “Un río subterráneo rugiendo su cólera en cada rincón del mapa”, como acertadamente, lo describiera el gran escritor y dramaturgo venezolano Leonardo Padrón.

Estamos muy lejos de zafarnos del yugo chavista politiquero del siglo XXI, y volvemos a toparnos de frente, con su grotesca y malévola irrealidad.  Esa suerte de anti país izquierdoso, cubano castrista, de retóricas vacías,  que se ha dedicado a generar falsas esperanzas desde que llegó al poder, hace 25 años.

Un perverso modelo politiquero, carente de un legado político ideológico  civilizadamente coherente, empeñado en imponer un pensamiento único.  En calificar de terrorista y traidores a la patria, a todos quienes  opinen diferentes, al postulado dictatorial.

Una suerte de “socialismo rupestre tropicalizado”, con su insólito juego, donde el demócrata es golpista,  y delincuente un héroe, donde la gente decente va presa y los verdugos torturadores del pueblo, sancionados por el imperio, son alegremente condecorados con la Orden del Libertador.

Tal vez el movimiento de lo que se mueve no se perciba a simple vista, pero el consenso sobre la voluntad de cambio para decirle NO a la Dictadura, y que se respete la voluntad del pueblo expresada gallardamente el pasado 28 de julio, es unánime, e  indetenible. “Una avalancha imparable.”.

Como nunca antes, se han juntado las voces y plumas más lúcidas y preclaras, de Venezuela, y de todo el mundo (49 países), para repudiar el fraude y evitar que la dictadura se salga con la suya.

“Nicolás Maduro debió asumir la inevadible realidad de su hundimiento político y afectivo en la sociedad venezolana. Solo una tozudez sin límite lo encallejonó en la aventura del fraude, que  es insostenible”, aprecia en su valoración del momento,  el periodista y dirigente político Manuel Isidro Molina.

En tanto, para el avezado político, luchador social y aguerrido defensor de la democracia,  Eduardo Fernández,  “el proceso electoral presidencial venezolano trae consecuencias inevitables. El gobierno pudo aprovechar esas elecciones para resolver la crisis política, económica y social que viene afectando a los venezolanos desde hace más de dos décadas. Prefirió asumir una línea de agravamiento de la crisis. Vamos a quedarnos en el poder por las buenas o por las malas. Lo dijeron con mucha claridad”, cuestionó el director de “Unión y Progreso”.

Por su parte, incansable Dama de Hierro, e infatigable luchadora por la libertad de Venezuela, María Corina Machado, no abandona su lucha de “ hasta el final”, cuando postula: “Nos costó mucho llegar hasta aquí, fue el sacrificio de millones de venezolanos quienes luchamos todo este esfuerzo. Valió la pena para dejarles un país libre del que se sientan orgullosos y donde puedan volver a soñar, para devolvernos, entre todos unidos: La Libertad”, sancionó.

Asombrosamente, estamos inmersos en un país, obnubilado, donde todo se mueve y nada se mueve.  Y el ruido de la ira, se percibe, cada vez más de cerca.

ezzevil34@gmail.com

 

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