Rafael Fauquié: Dibujo de épocas

Compartir

 

Las doctrinas filosóficas son dibujo de épocas, visiones con las que los hombres conciben su entorno. Toda filosofía se nutre del mundo. Es un diseño del mundo. Un acompañar el camino humano dentro del tiempo. La acción de la historia corre paralela a la mirada humana que trata de interpretarla. Como la mitología, la filosofía es una metaforización de los itinerarios humanos.

Tras la terrible experiencia de la Segunda Guerra Mundial fue el turno del Existencialismo sartreano: argumentación de náuseas y negaciones, filosofía del asco como sola respuesta, filosofía del tiempo congelado, sin un antes, sin un después: sólo intrascendentes ahoras viviendo y muriendo en ellos mismos.

Los años finales de la década de los sesenta, los años de la revolución juvenil, fueron los del anuncio de una nueva mirada que distinguía en el mundo caduco de la modernidad sólo represión y razón destructiva. En medio de esa época de bullente entusiasmo henchido de iconoclastia, nació un pensamiento crítico que condenaba a la Razón de ser culpable de haber producido demasiada irracionalidad. De muchas maneras, todavía hoy vivimos la significativa herencia de aquel instante. Se mantienen sus proclamadas convicciones de una necesaria filosofía crítica que, por sobre todo, ofrezca respuestas prácticas a las preguntas con las cuales el hombre indaga sobre su incierto destino. Las preguntas de esa filosofía necesaria no pueden resignarse al pesimismo. Son preguntas que, necesariamente, empujan a los hombres hacia una ética de la otredad; o mejor: una ética de la “nostredad”.

Los otros son el infierno, los otros son la pesadilla del yo: toda la fuerza de la imagen del drama sartreano A puerta cerrada, se dibuja en la realidad de un mundo convertido en espacio saturado. La única forma de superar el asfixiante agobio es por medio de la comunicación y de la solidaridad. En un lugar sobrepoblado, estrecha superficie de cuerpos apretujados unos contra otros, sólo la comunicación, la comprensión y la solidaridad nos ayudarán a no aplastarnos mutuamente. Nos ayudarán a sobrevivir.

Tolerar a los otros es el primer estadio de la convivencia: el rostro del otro se acerca demasiado al mío y ambos sonreímos. Cruzamos apenas unas correctas palabras. Nos devolvemos saludos rituales. Entender al otro es el siguiente escalón: hablamos con él y tratamos de que comprenda eso que le decimos. Tratamos, también, de entender lo que él nos dice. La solidaridad es la última escala de la convivencia. Significa ayudarnos mutuamente el otro y yo: caminar juntos; superar, ambos, nuestros errores. Comprensión convertida, pues, en comunicación, y solidaridad, en una ética del nosotros: la del próximo-prójimo.

 

Traducción »
     
Sobre María Corina Machado
     
 
Nuestra Señora del Monte Carmelo
   

Recuerdos de las festividades de Nuestra Señora del Monte Carmelo