Impresiona ver como amplios sectores de la sociedad política o pretendidamente politizada, lejos de aprender de los errores, persisten en querer profundizarlos para seguir en el pantano que vivimos desde hace 30 años.
Una cosa es luchar por la reivindicación legítima del derecho a participar en los términos de la Constitución vigente, y otra muy distinta, es tratar de imponer criterios frente a un control institucional férreo que existe, precisamente porque sus adversarios se lo regalaron con sus yerros recurrentes, como el de la abstención.
Insultar, amenazar sin tener con qué, y creer que por esa vía van a obtener los resultados esperados sin que el contrario mueva sus piezas, es una ingenuidad inmensa en manos de quienes ya deberían haber aprendido a que se enfrentan.
Hemos advertido acerca del peligro que se cierne sobre el país en caso de seguir siendo gobernado por quienes hoy ejercen de manera autoritaria el poder, entre otras cosas, porque luego de 25 años ininterrumpidos de ejercicio, han demostrado incompetencia; incapacidad, y falta de voluntad para resolver los asuntos más importantes, pero también los de la cotidianidad.
La falta de claridad en los objetivos de desarrollo; el desinterés por esos asuntos cruciales, y la división interna en el seno del gobierno y el partido que lo sustenta, impide la realización de un plan coherente de crecimiento sistemático que alivie la carga de la ciudadanía en asuntos vertebrales como la buena marcha de los servicios públicos esenciales: Electricidad; servicios hidrológicos; acceso a la gasolina y el gas; educación; seguridad de personas y bienes; infraestructura, entre otros.
En estos 25 años de Chávez y Maduro, se destruyó PDVSA; las empresas básicas de Guayana; las zonas industriales de Aragua, y Carabobo; las zonas libres de Margarita, y Falcón; la empresa privada con las expropiaciones; el sector agropecuario; las PYMES; el sector educativo en todos sus niveles; la vialidad; el transporte superficial y subterráneo, y con ellos, el empleo y el salario, así como la generación de la más grotesca de corrupción nunca antes vista, tanto en el gobierno real, como en el interino.
No obstante, y aunque parezca una locura, la manera de cambiar las cosas pasa, paradójicamente, por crear mecanismos de entendimiento con el gobierno que garanticen la gobernabilidad. Evitar confrontaciones imposibles de ganar, y promover formas de coexistencia pacífica. Hay que detener y revertir la destrucción que ya existe, y comenzar la recuperación.
No más insultos y diatribas inconducentes, hay que buscar soluciones, y entender que así como hay decisiones tomadas en un sector de la oposición en cuanto a candidatura en este año de elecciones presidenciales, hay otros que no tienen eso resuelto, amén de que el gobierno con todo su poder, puede actuar a su antojo promoviendo, como hasta ahora, persecuciones e inhabilitaciones, que no por odiosas e ilegales dejan de ser reales.
Hemos dicho hasta la saciedad que hay que discutir ampliamente un plan de gobernabilidad, y también una candidatura de consenso que allane el camino para ganar; cobrar, y ejercer un gobierno de transición, frente a 2024, y especialmente 2025, año en el cual, habrá renovación de la Asamblea Nacional, así como de Gobernaciones; Alcaldías; Consejos Legislativos Regionales y Cámaras Municipales. Esto quiere decir, que tenemos la gran oportunidad de cambiar las cosas en paz, y evitar un desenlace lamentable y retrocesos, como cuando los golpes de estado chapuceros que atornillaron a Chávez, y Maduro en el poder.
Pensar con frialdad; realismo, y pragmatismo acerca de lo que queremos y como alcanzar el objetivo, sin que ello produzca más drama y destrucción de lo que ya conocemos.
Nadie quiere cambiar el poder total por un calabozo, y mucho menos nos van a poner alfombra roja para llegar a Miraflores. Necesitamos un triunfo muy amplio que sea útil para todos.
Inteligencia para alcanzar la gobernabilidad, y la paz.
@romanibarra

