Los gatos y los perros “lloran”. No es fácil adivinar el o los motivos del llanto de un canino. Sus llantos son totalmente diferentes. Sin embargo, ellos también sufren y por tanto, exteriorizan su “dolor” con el llanto. Muchas veces sentimos la necesidad, por ejemplo, de saber por qué llora un perro. Es un llanto que nos amarga, nos entristece. Es traumático, enloquecedor y desconcertante. Muchas veces no damos con la causa. Cuando lo vemos o escuchamos llorar, nos preocupa. Pueden llorar por ansiedad, temor, soledad o porque padecen de algún mal. Lloran por hambre. Por abandono.
Ahora demos un paseo por nuestra realidad cotidiana. Nosotros, obviamente como animales racionales, también lloramos. Durante los días de cada año, se presentan hechos muy dolorosos para muchos. Y lo que más indina es que no tienen sentido para algunos pocos. Mucha gente lloró de indignación por la actitud del régimen de turno. Lloran por la burla a las que somos sometidos durante todos estos años. Lloraron y aún lloran, por la tragedia socio-económica donde nos han lanzado. La gente llora por hambre. El ciudadano venezolano, en esta hora menguada, llora porque no consigue satisfacer sus necesidades básicas. Lloran por el cierre de su comercio, por el asesinato de un familiar, por los “cortes de luz”, por no recibir un aumento salarial digno. Llora de rabia, de impotencia porque lo que tiene en el bolsillo se lo lleva la hiperinflación. ¿Inducida? Mire usted esta perla: ¡los que trabajamos cobramos en bolívares, pero los gastos se hacen en dólares!
Los de a pie lloran porque quieren una justicia objetiva. Casos hay a granel. Miren el asunto de los 6 “trabajadores” que reclamaban sus derechos constitucionales: 16 años de cárcel. Pero al jefe del llamado colectivo la “Piedrita”, le condecoran con una réplica de la espada de Simón Bolívar. Allí está todo reseñado en las redes. El pueblo Clama equidad. ¿Existe? El llanto también es por falta de una vivienda digna. Hoy más que nunca, la gente llora al migrar o ver partir a un ser querido a otras latitudes dejando su Patria y a su familia. Porque lamentablemente, en Venezuela solo hay infelicidad y desolación. Ahora mismo, vean los llamados “cinturones de ranchos” alrededor de las carreteras y autopistas. La migración es descomunal. En el título III de nuestra Constitución, están nuestros derechos humanos, fundamentales para la convivencia de los ciudadanos. Pero su acatamiento brilla por su ausencia. ¿Hay impunidad?
El llanto, la amargura, la necesidad de los hombres y mujeres del mismísimo “proceso revolucionario”, se hacen aún más visibles en cualquier rincón de nuestra amada Venezuela. Al parecer, las mentiras de algunos personeros del régimen, enardecen mucho más a los ciudadanos. “Oh sorpresa”, apareció un desfalco en PDVSA. Pero el máximo responsable de esa empresa venezolana, renuncia, no aparece y nada se sabe de él. Vuelvo a preguntar: ¿Hay impunidad? Y lo que aquí escribo lo hago ajustado a la Carta Magna y a los hechos que nos hacen llorar por estas “calles de Dios”. Solo hay bonanza económica para un reducido número de pobladores. Pero, para las clases menos favorecidas, nada que ver. Ahora mismo las redes sociales estallan con múltiples mensajes subliminales contra el régimen de turno. Donde usted llega, los mensajes contra este modelo político es, si se quiere, bastante cuesta arriba. El tamaño de la situación de desespero en la población es tal, que solo esperan que llegue el 2024 para ejercer su derecho al voto y salir de este nefasto modelo social, político y económico. El desespero es mayúsculo. Al igual que muchos animales irracionales, nosotros también lloramos. Ojalá que con el llanto, nuestras lágrimas no inunden la pradera. Y cierro este artículo de opinión con una expresión de Gervasio Artigas, quien decía en su momento: “Con la verdad ni ofendo ni temo”. Y acoto: jamás he pertenecido a tolda política alguna. Soy un ciudadano educador, preocupado por nuestra amada Venezuela. Punto. Se abre el debate pues.
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