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Gloria Cuenca: Momento cumbre

 

Contradictorios lectores: pasamos por un momento cumbre, como digo en el título, para todo el planeta y la humanidad. No se, hasta donde pueda ser considerado, desde esa mirada en otros países. Lo qué se con certeza es, a nosotros venezolanos, los que estamos aquí y, los que están allá, en el exterior, nos ha tocado una situación que nunca jamás pensamos viviríamos. Al menos, yo, optimista siempre, no pensé en una posibilidad tan triste y lamentable como esta que atravesamos. Recurro a todas las herramientas posibles, en primer lugar: mi Fe, ¡Gracias a Dios, recuperada. Orar, Meditar, Reflexionar. Luego, sigo con la siguiente y más poderosa herramienta: escribir. Sigo siempre la recomendación de mi admirado Maestro Kotepa Delgado: “Escribe, que algo queda”. Eso hago. Soy optimista por eso escribo, pensando siempre, en el futuro y para los jóvenes. En efecto, pienso y siento: estamos en una situación límite, para la humanidad, para el planeta, para la vida. Saberlo, puede significar varias cosas: asumir con discreción esta etapa terrible; volvernos locos, gritar y protestar hasta perder el sentido, contra todo lo que nos está ocurriendo. También posible y necesario: volver los ojos hacia la misericordia de Dios, e invocarlo, junto a toda la Corte Celestial, para que nos ayude en esta circunstancia difícil de enfrentar. Esto, lo mejor para mí, sin duda, requiere tener Fe.

Obligatoriamente, debemos acercarnos a la circunstancia que presenciamos y entender lo que nos ha tocado vivir. Importante: aceptar la realidad, como primer paso. ¡Se trata de todo el Planeta! He reflexionado al respecto. Pienso que debemos mantenernos muy centrados y, como periodistas no bajar la guardia. Me refiero a ser capaces de analizar nuestro entorno. Darnos cuenta de que, no todos los que tienen malas reacciones, algunas suceden, a diario, es a pesar de ellos mismos.

Insisto en la idea de que, muchos ciudadanos aprendan algo que no parece sencillo.  Ser consciente de los muchos aprendizajes que produce esta extraña y difícil situación. En primer lugar, se observa: hay quien comprende, el dinero no lo es todo, pero es importante para resolver situaciones críticas. No obstante, sin compasión, solidaridad, clemencia, misericordia, piedad, entre los múltiples sentimientos necesarios para mitigar o apaciguar el sufrimiento de los demás, la vida se transforma en un hecho vacío y sin trascendencia.  Por otra parte, se considera tener una buena salud, resistente a los virus, algo valioso, necesario, que permite manejarnos aceptablemente, dentro de los espacios permitidos y factibles. Al impedirnos el encuentro fraternal y amistoso, el teléfono, el correo y las demás formas comunicativas que las tecnologías nos ponen al alcance, logramos saber de la gente que queremos y necesitamos: hijos, nietos, hermanas, sobrinos, amigos y amigas entre otros; ser capaces de darnos cuenta de la situación, de analizarla serenamente y aceptar nuestra condición humana, ínfima y vulnerable, permite que nos aproximemos a una verdad inapelable: irremediablemente somos humanos, mortales, débiles y finitos, frente a la magnitud de Dios, Nuestro Señor. ¡Que prueba, contradictorios lectores! Con el deseo sincero de que, este momento cumbre cese pronto. Les recomiendo la sentencia: “preparada para lo peor, esperando lo mejor”, como dice la admirada Mayte Sepúlveda. No hay otra.

 

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