Antonio Urdaneta Aguirre: Un terremoto anunciado

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Desde hace tiempo empezó a sonar el río que arrastra las piedras que hoy están cayendo como cascadas sobre la cabeza de Nicolás Maduro; piedras que lo golpean sin piedad donde más le duele. Hubo momentos que los rumores del choque de las olas mutaron en comentarios que fluían de boca a oreja en las barriadas y urbanismos del Zulia. Por supuesto, lo mismo ha debido suceder en el resto del país.

Todavía la gente hace conjeturas y pretende sacar conclusiones, cada vez que dos o más personas conversan con relación al vergonzoso episodio de los llamados narcosobrinos, hoy condenados por un juez de Norteamérica, al comprobarse que los sobrinos sanguíneos de Cilia Flores y afines de Maduro, estuvieron quince años o más dedicados al negocio de las drogas; actividad que realizaron con todas las facilicdades que tal ocupación requería, a los efectos de garantizar los resultados exitosos en sus andanzas de narcocomercialización. Ellos mismos así lo confesaron durante el juicio pertinente.

Se cuestionaba entonces y se sigue haciendo hoy, por qué en ese largo período los sobrinos narcotraficantes nunca fueron sorprendidos por el “mejor sistema de inteligencia y contrainteligencia”, del que hacía gala Hugo Chávez, primero, y Nicolás Maduro después. Sería ingenuo pensar que “el comandante supremo” o su heredero, desconocieran los “malos pasos” de los narcosobrinos. Partiendo de esta premisa difícil de negar, la única conclusión lógica que tiene visos indiscutibles de una verdad del tamaño de una catedral, es que Chávez y Maduro estuvieron incursos en las operaciones ilícitas de los sobrinos de Cilia Flores.

Visto así el bochornoso asunto, ninguna duda puede interponerse al momento de aseverar que el régimen y sus cabezas visibles, por acción directa o por encubrimiento de un delito de tal magnitud, formó parte del escandaloso narconegocio.

Pues bien, con esos antecedentes como soporte válido, luce cuesta arriba acusar al Departamento de Justicia de los Estados Unidos de América de un posible atropello contra Nicolás Maduro y sus más cercanos socios o colaboradores necesarios. Por otra parte tiene poca lógica que la primera potencia bélica y económica del planeta, se exponga a dar un salto al vacío. Hasta que se demuestre legalmente lo contrario, el mundo y la mayoría de los venezolanos, sin riesgo de caer en equivocación, le daremos el crédito al Fiscal que puso en evidencia las supuestas andanzas de Maduro y su séquito de confianza por el mismo sendero que transitaron los narcosobrinos.

Sin abordar un terreno de alarma, la situación de Nicolás Maduro parece un tanto complicada en este momento. Habría que ver si los militares honestos, ajenos al sabor del narcotráfico y la corrupción, se lanzan por ese abismo que abrió el régimen. Tampoco es factible que los amigos geopolíticos del indiciado, en especial China y Rusia, vayan a meter las manos en un fuego que está en pleno apogeo. Los próximos días serán de expectativa para el mundo y de insomnios para Maduro. ¡Sólo queda desear que la ley y la justicia hagan lo suyo y que a nadie se le ocurra pensar en un “usurpadicidio”!

Educador – Escritor

 

urdaneta.antonio@gmail.com

@UrdanetaAguirre

 

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