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Simón García: Carabobo, de pueblos a ciudades

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La industrialización fue la palanca de la modernización de Carabobo. Los pioneros de la industria en Valencia, Puerto Cabello y Guacara aportaron capital y maquinaria. Los trabajadores mano de obra y de trabajo especializado.

Entre esos fundadores abundan inmigrantes y sus descendientes. Una labor que se remonta a mediados del siglo XIX, cuando en 1853 en Valencia se construye el primer motor a vapor en la Fundición de los hermanos Winkelmann. En 1870 José Antonio Feo abre en Valencia la primera fábrica de hielo. En 1876 la Fábrica de cigarrillos El Cojo instala una planta en Valencia. En 1877 los hermanos Frey compran en el Puerto una vieja fábrica de velas para producir el famoso jabón azul Las Llaves

En 1879, Domingo Olavarría funda Telares Valencia para fabricar pabilo. Cuatro años después, Olavarría, Ernesto Luis Branger, Luis Klose, Lesur Romer y Joly crean el Banco Carabobo. En 1892 Enrique Olivares abre una fábrica de chocolate, La Venezolana, en Valencia y tres años más tarde, Ettedgui registra en Puerto Cabello La indiana. En ese año, Manuel Corao y Victor Marcano inauguran su fábrica de fósforos.

Una preparación del desplazamiento del pueblo por la ciudad es su iluminación eléctrica. El plan inicial lo formuló Hermógenes López cuando intentó un acuerdo con una empresa norteamericana que no concluyó. En 1904 Carlos Stelling adquirió la planta americana y en 1908, al incorporar nuevos socios, creó la Electricidad de Valencia cuya gerencia, después de la muerte de Don Carlos, pasó a manos de su hija, Margarita. En 1915 Ernesto Branger y Guillermo Degwitz fundan La Cumaca, una nueva empresa dedicada a prestar servicio eléctrico residencial.

No podía faltar la mención a las bebidas alcohólicas. En 1897 frente a la Capilla de La Inmaculada Concepción se instala la fábrica de cervezas Valencia cuyos propietarios fueron los alemanes Muller y Hellmund. Nueves años después llega a Valencia, como socio de la fábrica de jarabes medicinales de Gabrielle Orlac, Jean Garlínquien en 1910 se dedica a producir anís, licores y bebidas dulces.

El crecimiento de la capa de empresarios repite el mismo ciclo. Trabajo duro, ahorro y acierto para colocar el capital disponible. Es la ruta de Julio Karam que pasa de vender telas finas a crear Manufacturas Karam y una moderna Mueblería.

El ramo de las gaseosas, delicia de la infancia, lo inicia en 1901 en Puerto Cabello el señor Barnotti y en Valencia la familia Malpica. Pero sus impulsores son los Sarquís Rached con su fábrica de NicholKola y Kola 5 que funcionaba en la Av. Bolívar donde después estuvo la Funeraria Cristo Rey. A su vez, José Ramos Rached compró y modernizó la Kola G. Posteriormente surgieron la Orange Crush, Bidúo la Green Spot, no gasificada, que funcionaba en la Navas Espínola y también fabricaba el Milkao y la Chicha A1, todas en envase de boca ancha

Los empresarios se organizaron para defender sus intereses. En junio de 1894 se creó la Cámara de Comercio de Puerto Cabello, cincuenta años antes que Fedecámaras. Ya los inventores del trabajo por cuenta propia, del comercio puerta a puerta y del crédito en base a la confianza, los llamados turcos coteros, habían creado crearon en 1936 en Valencia su propia Asociación.

Así comenzó en Carabobo el tránsito a una economía capitalista. En ese tránsito las personas reorientaron sus actividades económicas como Nazri David Dao, quien arribó a Puerto Cabello como periodista en 1926 y abandona la corresponsalía por el comercio. En 1954 funda en Puerto Cabello el Banco del Caribe. Una movilización parecida, con un pié en el campo y otro en la industrialización protagoniza Iván Darío Maldonado quien en 1949 crea Industrias Lácteas de Carabobo e introduce la venta de leche en cartón parafinado.

Entre 1950 y 1960 la vida citadina va disolviendo la de los pueblos. La centralidad de la plaza Bolívar; la reglamentación del comportamiento por la Iglesia, el Concejo Municipal y el Capitolio ceden lugar a otros núcleos de poder. La quinta sustituye a la casa y la aristocracia se muda a residencias exclusivas cuyo modelo fue la Urbanización Carabobo imaginada por el viejo Degwitz.

Las normas de moral, los consumos, las vestimentas, las diversiones se apartaron de la tierra. Al estilo apacible lo atropella la velocidad. Las relaciones de vecindad se debilitan y desaparece el ritual cívico de compartir dulces o platillos especiales que comenzaba con la frase “aquí está lo que le manda mi mamá”.

 

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