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Sergio Monsalve: Turista de la catástrofe

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Katrina: Contra viento y marea es el título del nuevo seriado documental de Netflix, producido y dirigido por Spike Lee. En tres episodios, el contenido narra la tragedia desde la perspectiva de los habitantes de Nueva Orleans, quienes resultaron afectados por la tragedia, cuyas relaciones con la famosa vaguada venezolana se pierden de vista.

Los dos primeros capítulos se centran en los orígenes y efectos devastadores del huracán en el estado de Luisiana, durante la gestión de George Bush, quien en aquel momento desplegaba fuerzas militares en la zona del Medio Oriente, tras los sucesos del 11 de septiembre.

El desastre natural afectó al golfo de Estados Unidos, causando serios estragos entre la población afroamericana. Katrina: contra viento y marea propone una crítica frontal y dura contra la pésima planificación, contingencia y administración del desastre, a cargo de unas autoridades improvisadas y desbordadas por diversos conflictos burocráticos.

El tercer acto corre por cuenta de la ejecución del propio creador del contenido, un Spike Lee muy comprometido con la causa, al emplear planos y ángulos oblicuos que recuerdan a los protagonistas de sus películas, desahogándose delante de las cámaras.

En especial, las mejores entrevistas, con poetas y activistas, logran transmitir la fuerza militante de títulos maestros como Haz lo correcto y La hora 25.

Un poeta declama en la puerta de un cementerio, anunciando el tono funerario y crepuscular de la historia por verse. En el interior, descubriremos una crónica de la devastación, como aquellos despachos de guerra escritos por autores del nuevo periodismo norteamericano, a la usanza de Jon Lee Anderson en la caída de Bagdad, la fina ironía de Tom Wolfe o el espíritu de combate de Norman Mailer.

Spike Lee hace una exposición de personajes y situaciones kafkianas, evidenciando las profundas contradicciones de la política doméstica, para atender la crisis de refugiados y a las víctimas de la debacle, después de la ruptura de diques abandonados a su mala suerte, como los habitantes de las áreas periféricas.

Por ratos, la serie adopta un enfoque moral y maniqueo, centrado en la polarización racial. Un asunto predecible y menos interesante. El documental baja línea con sentencias contundentes, pero evita salir de los límites de su planteamiento, haciéndolo obvio en su toma de posición.

Mientras se mantiene como un seriado partisano y populista, Katrina: contra viento y marea se apega a los peores clichés de la escritura gruesa de un Michael Moore, pasado de moda. Ni hablar de las propias contradicciones del director, un Spike Lee rico y millonario con puesto fijo en las finales de conferencia de los Nicks, mientras vampiriza las miserias del tercer mundo de su país, con el objetivo de posar de digno en festivales y en el desarrollo de su propio contenido, atendiendo al llamado demagógico de “Spike”.

Al respecto, comparto dos historias breves. Spike Lee vino a Venezuela como turista de lujo, como estrella de Hollywood, para presentarse en la Cinemateca Nacional, donde tuve ocasión de verlo, estar muy de cerca y tomarle una foto. En aquella visita, Spike respondía a una parcialidad política, a una parte de nuestra grieta, a la oficialidad, validándola. Lo criticamos por ello en su momento, pues refrendaba una diplomacia problemática que buscaba afirmación extranjera en las voces de directores y actores de la meca. Por aquí vinieron varios de ellos, prometiendo blockbusters y proyectos que no se cumplieron, en un clásico trabajo de limpieza de imagen de ribetes neocoloniales. No fueron de gratis aquellas invitaciones VIP, y dicho dinero se malgastó en hospedar a Oliver Stone y compañía. Al día de hoy, dicha gestión de nuestra crisis tampoco produjo resultados beneficiosos para el cine venezolano. Apenas vimos otro capítulo de nuestro eterno “Bienvenido, Mister Marshall”.

 

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