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Sergio Monsalve: Romería de Carla Simón

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Carla Simón estrenó Romería en la selección oficial de Cannes. La directora española es una de las nuevas grandes voces del cine de su país, después de consagrarse en el certamen de Berlín con Alcarraz.

Pudimos ver Romería en la edición 2025 del Festival de Cine Español, organizado por Trasnocho Cultural.

La cinta refrenda la evolución de la autora y su densidad estética.

El filme cuenta la historia de una chica huérfana de padre y madre, que emprende un viaje a Vigo para descubrir su pasado, reencontrarse con su familia y obtener el reconocimiento oficial del fallecimiento de sus progenitores, quienes permanecen en un estado de ocultamiento y de limbo legal por diversas circunstancias.

Ella llega con su cámara a la zona de la pequeña burguesía de provincia, grabando el mar y algunas situaciones desde una mirada documental, con un sello intimista.

Desde ahí, Romería expone su rica gama de matices y de capas de narración, al plantear una relectura que va del aspecto social y cultural, pasando por una revisión que abarca lo personal y lo metacinematográfico.

A través de un logrado enfoque naturalista, Carla Simón refleja la censura que rodea su caso, el pacto de silencio que se establece entre abuelos y tíos, para mantener en el armario una historia delicada de la familia conservadora que genera vergüenza y rechazo, es decir, el relato de un hijo que fue considerado una oveja descarriada, por su vida libertina y su muerte prematura, a manos de la adicción al “caballo”, en los tiempos posteriores a la movida española.

Por ende, Romería nos habla de España, de su transición aperturista hasta las secuelas que dejaron aquellas experimentaciones existenciales e informales.

La propia película se escinde en dos, se quiebra como una propuesta moderna del Antonioni de La aventura y Zabriskie Point, con el propósito de ilustrar el viaje de la chica y el de sus padres, que soñaron con un mundo mejor y distinto, más libre acaso, y ajeno a las severas rutinas de antes.

Lo que se reivindica es el derecho de la joven y de la mujer a contar su propia historia, sin cortapisas morales, sin silencios de por medio, sin restricciones y borrados.

En tal sentido, la película es metáfora de los crudos efectos que tuvo la censura en la etapa del franquismo y en su subsiguiente renacimiento contemporáneo.

La protagonista desea rescatar su legado, por mucho que es resistido, callado y negado por los miembros de su familia en Vigo.

Ante su ausencia, el personaje femenino va armando el rompecabezas que se le escondió, para comprender a su padre y su madre como aventureros del mar, que lamentablemente perecieron por el sida y el enganche a la heroína.

El corte que establece la cinta en su segunda mitad es ciertamente discutible.

Capaz se convierte en un artefacto demasiado retórico en sus idealizadas imágenes de los padres de la joven, surcando el océano y corriendo por la orilla como Dios los trajo al mundo.

Hay algo que toma el cariz de un spot de publicidad, de un seriado cutre de televisión, de un remake castizo de las rupturas de Godard en los sesenta al estilo de un erothriller ochentoso como Emmanuelle en la Laguna Azul.

Más convincente es el primer tramo y el último, cuando nos atrapa la dirección sutil y atenta a los detalles, para sumergirnos en las fiestas, las casas, los barcos, las calles y los bares, donde la familia revela sus bondades e injusticias, que nadie sataniza.

Romería cumple con retratar como en un documental recreado con actores, de modo que cada espectador puede juzgar e interpretar.

En mi caso, he quedado hipnotizado con la cámara, con el juego intertextual entre la realidad y la ficción, con las indirectas hacia el cine y la cultura española, que van juntas y de la mano en su proceso de elaborar duelos y lutos.

Carla Simón nos dice que así como la familia ocultó, también el estado lo hizo con muchos esqueletos y fantasmas que están por volver, como lo proclama Almodóvar, que no descansarán en paz, hasta no tener una digna sepultura y el reconocimiento de sus descendientes.

Por igual, Romería encarna el cambio que significa la generación de Carla Simón para un cine que reclama su lugar para las mujeres, ante un estamento patriarcal que las ignoró por mucho tiempo.

De ahí que la película tenga una fuerza inusitada y que constituya un punto de inflexión, un símbolo de la búsqueda de emancipación de Carla Simón y de su inscripción en el firmamento, en el olimpo de los dioses del cine español, que la tiene a ella como un nuevo referente que dialoga con el presente, el pasado y el futuro.

 

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