The Bride no es un remake de La novia de Frankenstein al uso. Se trata de una adaptación heterodoxa y vanguardista de la novela de Shelley, según el filtro metamoderno y glam de Maggie Gyllenhaal, quien propone una revisión punk e iconoclasta del mito del Prometeo moderno.
En tal sentido, el filme se arma como un puzzle con diferentes piezas e influencias de los géneros más populares: el terror de monstruos, el noir gangsteril, la ciencia ficción, la acción oscura de los villanos de la DC Cómics y el amor loco de parejas surrealistas como Bonnie and Clyde, Asesinos por naturaleza y La novia de Chucky.
La actriz interpreta a la escritora Shelley, manipulando a la distancia a su criatura, dialogando con las mujeres excéntricas del pasado y el presente, entre el guiño a Poor things y el homenaje a las grandes damas del séptimo arte, amén de los trabajos teatrales y sensoriales de Claire Denis. Todo cabe en el rompecabezas de la película de una realizadora con absoluta libertad de acción.
También destaca el unipersonal de Christian Bayle como el Frankie que busca una novia a su imagen y semejanza, pero que termina por encontrar un emblema de la mujer que reclama su independencia y autonomía.
Puede que el filme luzca dislocado o fallido, si nos atenemos a los rigores de un guion y una dirección bajo el estándar de tres actos. Una pega está en la verbalización de su contenido militante, la otra radica en su desenlace agridulce que garantiza un retorno de los personajes, siguiendo el canon impuesto por el bucle inmortal de las escenas postcréditos.
Sin embargo, The bride se disfruta por su desparpajo y su ganas de incomodar al personal, enfrentándolo con el cine convencional que oculta la realidad y la disfraza.
Los antihéroes románticos de La novia recuperan la esencia del primer New Hollywood, cuando se buscaba un destino outsider fuera de las mafias y los mundos opresivos.
Lo que cambia es la perspectiva que ahora es de una mujer empoderada de la industria.
Así que la película requiere que seamos abiertos y aceptemos su viaje con sus subidas y bajadas. No es perfecta, tampoco quiere serlo, desea seguir un trayecto irreverente y oblicuo, en ángulos expresionistas y marcos de arte dadá con su humor negro. Personalmente, me encantó The bride en sus apartados de arte, vestuario, música, montaje y diseño gráfico.
Una novia que se diseña en laboratorio para mostrarnos su cruento viaje de emancipación.
Discutiría algunas decisiones de guion y actuación. En resumen, considero que el balance es positivo para el desarrollo del terror de las nuevas mujeres del cine que son las que están proponiéndole más cambios y trastornos. Una película con un subtexto profundo que a veces se hace explícito por el diálogo y que nos entrega algunas de las mejores escenas del año, como espejo retorcido del cine dentro del cine. La novia sale del lugar común y rehúye de las narrativas en blanco y negro. Una pena que los incels que odiaron a Joker 2 la vayan a tomar contra ella.
De hecho, supone uno de los primeros grandes fiascos de taquilla del año, al recaudar apenas 14 millones de dólares de su presupuesto y mercadeo, estimados en cerca de 150 millones. Considero que la película estaba condenada desde el avance, sobre todo por ser un largometraje a contracorriente de las tendencias normativas en la nueva era del conservadurismo y el rearme moral americano.
En última instancia, es un filme de arte hecho por una mujer del futuro.

