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Román Ibarra: Participar y vencer

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Confiar en ¨fórmulas mágicas¨ no ayuda en nada, especialmente si se trata de asuntos tan serios como la gestión del Estado. Se trata de hacer política recurriendo a la racionalidad, y precisamente, con fundamento en las ventajas comparativas y competitivas, que derivan de un liderazgo bien ganado; conquistado a pulso -justamente- en la participación electoral, y no en la equivocada abstención.

La demostración más evidente de las cualidades, y ventajas que acompañan al liderazgo opositor actual, devienen de la paliza que bajo su conducción fue posible alcanzar en las elecciones del 28J, más allá del robo perpetrado por el abuso del poder dictatorial.

El gobierno de facto ha hecho cuanta maldad y desafuero le son cotidianos, y sigue provocando reacciones que pueden ser comprensibles por un instante, pero la política y sus actores, no pueden rendirse ante gestos desvergonzados; brutales, o abusivos. Tiene que enfrentarlos con decisión e inteligencia, mientras ello es posible.

La nuestra es –todavía- una dictadura no tan dura, es decir, que promueve escenarios electorales ventajistas; abusivos, y también excesivos en detrimento de la oposición, pero los lleva adelante aunque sea para lavarse la cara frente a interlocutores internacionales. Lo peor que podemos hacer es dejarles el camino libre para seguir asaltando el poder sin contención política y social.

Todos los abusos y provocaciones en los que incurre el gobierno de facto están diseñados para desalentar; inhibir; molestar, y dividir a los factores de oposición. Por ello, mal servicio hacemos a los venezolanos, si caemos en esa trampa cazabobos, y permitimos que se apoderen de todo el espectro institucional en juego, como son los Diputados de la Asamblea Nacional; los Gobernadores de Estado, y los legisladores regionales respectivos. Si ellos actúan de esa forma, nosotros tenemos la obligación de llevarles la contraria, porque eso es exactamente lo que les hace daño.

Si a esa intención abstencionista que juega al servicio del gobierno, le sumamos las sanciones económicas impuestas por el gobierno norteamericano con el retiro de las licencias petroleras, el desgano que hoy existe en la población se agravaría, pues sentirá la sociedad que nada vale la pena.

Ya lo hemos dicho en ocasión anterior; más daño puede hacer el gobierno norteamericano, y sus aliados internacionales, si con el uso de la información de la Reserva Federal; la banca comercial privada; los mecanismos policiales internos e internacionales; el registro inmobiliario; el registro de empresas, entre otras, procede a la incautación y confiscación de bienes mal habidos por enchufados; testaferros, e incluso por quienes han formado parte del entramado de corrupción gubernamental venezolano (civiles y militares), cuyas fortunas se lavan presuntamente en territorio norteamericano; europeo; medio oriente, e incluso en países caribeños.

Las sanciones económicas, en principio, no tumban gobiernos, y al contrario logran que se atornillen en el poder, y se hagan más crueles con la población civil, como está ocurriendo en Venezuela con el sometimiento a la ¨justicia¨ discrecional para amedrentar a todo aquel que proteste. Pero todo ello aumentará, si los factores de oposición se rinden a la abstención, y la gente de a pie no tenga donde acudir para defenderse. Se impondrá como algo cotidiano, el terrorismo de estado.

Es bueno recordar que desde la Asamblea Nacional se escogen instituciones emblemáticas del sistema constitucional vigente. Desde la AN se elige el TSJ; el CNE; La Fiscalía General de la República; La Contraloría General de la República, y la Defensoría del Pueblo. Del mismo modo, que no se nos olvide que ya proyectaron la reforma constitucional, cuyo objetivo central es la creación del adefesio del Estado Comunal, lo cual, lograrán si la oposición se abstiene.

Hay que impedir a toda costa esa posibilidad, y el camino correcto para ello, es la participación. Esa decisión debe ser tomada por todos los factores vinculados con la política opositora, pero es sumamente importante que el liderazgo actual lo asuma con convicción; entusiasmo y la misma alegría de la campaña presidencial, venciendo obstáculos a diario, pero demostrando una fuerza social decidida a no dejarse avasallar por el abuso.

Estamos convencidos de que el liderazgo, encarnado en María Corina Machado, y Edmundo González Urrutia debe, no sólo llamar a la participación de la ciudadanía, sino concitar –también- la participación de todo el liderazgo que existe en todos y cada uno de los partidos de oposición –judicializados o no- y si fuera necesario meternos todos detrás de una sola tarjeta y con ella participar para volver a vencer, y con ello evitar el descalabro que se propone el gobierno de facto para reinar entre ruinas, como es costumbre en los países donde su visión del mundo existe.

No podemos seguir descendiendo en la oscuridad que se propone desde el poder actual, y por el contrario, enfrentar con decisión inquebrantable la necesidad de competir y derrotarlos, otra vez.

Es de advertir, que así como puede haber desencanto en la población por la imposibilidad de cobrar; también puede venir un gran desencuentro con un liderazgo incapaz de empinarse por encima de la adversidad.

El país merece lo mejor, y lo tiene todo. Ahora depende de sus mejores ciudadanos. Hay que volver a derrotarlos.

¡Si se puede¡

 

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