La vida de los venezolanos del último cuarto de siglo ha estado rodeada permanentemente de incertidumbre, y desesperanza. Es un vértigo constante sometido a un péndulo de posiciones extremas que lejos de estimular salidas constructivas, nos tiene metidos en un abismo interminable que no atiende a quienes –apuesta tras apuesta- depositan su fe en una nueva aventura mesiánica.
No se acude a posiciones intermedias, y quien se atreva a sugerirlas, la respuesta inmediata es la descalificación, y el insulto procaz. Se nos empuja a tomar partido por una, u otra opción de los extremos, sin que medie el intento por hallar salidas perfectibles, no perfectas. No se auspicia el diálogo, sino la imposición de criterios que responden a decisiones tomadas e irreductibles sin margen para la negociación de nuevos escenarios, que sin ser definitivos, ayuden a minimizar daños que pudieran ser irreversibles.
Además de que hoy constituimos la segunda diáspora más extensa del mundo, luego de la que representa Siria en medio de una guerra abierta, los estudios de opinión reflejan que el 30% de la población sigue evaluando la posibilidad de abandonar el país hacia cualquier lugar del mundo que ofrezca alivio a su angustia personal o familiar, a pesar de que crece –insensiblemente- la incomprensión internacional por el drama venezolano.
Ese deseo de abandonar el país, y su entorno, también se expresa en el hecho de que cada vez hay menos profesores, y maestros; menos profesionales; técnicos; estudiantes, menos gente. La mediocridad, y la corrupción extendida en el gobierno y sus aliados; la inexistencia de un pacto social verdadero, nos está convirtiendo en un país fantasma. Sin presente, ni futuro; sin esperanzas.
Al escribir estas líneas recordamos que se cumplen 8 meses del más grande descaro institucional representado en el robo electoral del 28J sin que el CNE haya entregado los resultados prometidos, incumpliendo su deber constitucional y legal. Del mismo modo, el país asiste atónito al descalabro económico representado en la disparidad del valor real de la moneda entre un dólar oficial mentiroso y artificial, frente a uno paralelo; real y catastrófico que destruye cualquier posibilidad de desarrollo personal del ciudadano común. Todo ello, en medio de la desaparición o fulminación del signo monetario de la nación, como es el Bolívar, sin que haya una política monetaria responsable.
Con este escenario, el gobierno de facto no tiene una idea más ¨brillante¨ que llamar a elecciones adelantadas de la Asamblea Nacional; Gobernadores, y legisladores regionales de manera inconsulta, y adelantada para sorprender a la oposición sin respuestas unitarias; tácticas y pragmáticas para enfrentar el desmadre.
Es increíble que después de la proeza de ganar las elecciones presidenciales del 28J, a pesar del inmenso abuso, atropello, y saboteo protagonizado por el gobierno autoritario, ahora la respuesta frente a un nuevo abuso, sea el llamado a la abstención y la promoción de sanciones que –como se ha demostrado- terminan dañando la vida de la gente común, y sirven de excusa para que el gobierno de facto se escude y denuncie a sus adversarios, sin tener que hacer lo que les corresponde, como es enderezar los entuertos que ellos mismo han creado.
Insistimos en la necesidad de asumir con inteligencia; precisión táctica, y pragmatismo político, el reto que significa defender de manera simultánea la victoria del 28J, y las venideras elecciones, que se harán con o sin la oposición. Dejarles el camino libre no resuelve, como tampoco sirve insultar a quienes tienen la voluntad de participar y desenmascarar al gobierno en esta nueva patraña.
En vez de promover sanciones que atornillan al gobierno dictatorial, y empobrecen a la ciudadanía común, estimulemos en los aliados la necesidad de recurrir a sus mecanismos de inteligencia policial; bancaria y financiera; empresarial e inmobiliaria para confiscar las propiedades mal habidas en esos sectores, producto del lavado de activos vinculados al gobierno venezolano que son perfectamente identificables, especialmente en territorio norteamericano; europeo; del medio oriente, y del Caribe.
Eso si les va a doler, amén de que ellos si merecen la expulsión de esos países por haber accedido fraudulentamente a residencias permanentes, y a estatus de ciudadanos, en detrimento de quienes si lo requieren y lo han solicitado cumpliendo a cabalidad con las exigencias de orden legal.
Debemos seguir haciendo esfuerzos por convencer al liderazgo actual de que sin participación nada es posible. Hay que hablar con el Presidente electo, y la líder de la oposición, a ver si piensan igual al respecto; y si no, persuadirlos de que ellos son parte muy importante del todo, pero no son el todo. Hay que respetar a quienes dieron su esfuerzo y dedicación desde las bases sociales para procurar el cambio, y hoy sufren persecución; cárcel, y el terrorismo de estado.
Tenemos todos la obligación de ayudar al rescate del país, pero ello pasa por la comprensión del fenómeno dentro del cual estamos metidos, para enfrentarlo y vencerlo. La ayuda internacional con su presión es importante, pero lo nuestro es actuar con responsabilidad. Destrabar el juego supone atender posiciones intermedias; creíbles, y pragmáticas. Una muy importante la ha propuesto el Secretario de Estado norteamericano, al sugerir la repetición de elecciones presidenciales. Pensemos y actuemos; es la hora.
@romanibarra

