La prolongada crisis de Venezuela que alcanza su más grave expresión en los últimos 30 años de vida republicana: Caldera II; Chávez, y Maduro, tiene que ser corregida.
El daño ya está hecho y hay que decidir si dejamos que continúe, o si nos ponemos de acuerdo para frenar la destrucción.
El país necesita reencontrarse urgentemente con todos los factores para acometer los cambios importantes, y alcanzar la reinstitucionalización perdida.
Es necesario invertir en la recuperación de los servicios esenciales, como electricidad; sistema hidrológico; transporte superficial, y subterráneo; servicio de salud pre y hospitalario; seguridad de bienes y personas; recuperación de la industria petrolera; las zonas industriales de Carabobo; Aragua, Guarenas-Guatire, y Guayana; las zonas francas de Margarita y Falcón; educación desde el preescolar, hasta la universidad y rescatar las escuelas técnicas, así como devolverle la orientación tradicional al INCE; revertir las expropiaciones y entregárselas a sus dueños legítimos; recomponer los mecanismos tripartitos para crear empleos estables y bien remunerados; reducir la burocracia del Estado, todo ello en el orden socioeconómico.
En el orden político institucional, necesitamos producir una reforma constitucional que haga viable y mejore la vida del país. Nos referimos a la necesidad de eliminar rémoras como la reelección presidencial de manera absoluta; la Asamblea Nacional Constituyente; el Revocatorio, y recuperar formulas exitosas del pasado, como la bicameralidad con el regreso del Senado como expresión de los Estados, y la cámara de Diputados como la representación popular; volver a la representación proporcional de las minorías; garantizar la descentralización, y devolverle el poder real a Gobernadores y Alcaldes. Garantizar la autonomía e independencia del TSJ; la Contraloría; la AN; la Fiscalía; el CNE; la Defensoría del Pueblo, y recuperar el carácter profesional, e institucional de la Fuerza Armada Nacional en los términos del artículo 328 Constitucional.
Desarrollar un nuevo pacto social y político que nos permita la convivencia pacífica, dentro del cual, la garantía del estado de derecho, la independencia de los poderes para la realización plena de los fines del Estado sea la regla, y no la excepción. Acabar con la discrecionalidad, y dar paso al profesionalismo y la responsabilidad institucional.
Ya lo hemos dicho, un pacto de gobernabilidad para la coexistencia pacífica, libre de odios, y venganzas, que flexibilice la vida cotidiana del ciudadano para el más amplio desarrollo personal; familiar; laboral, y espiritual.
Que la política atienda y resuelva los asuntos del Estado, y la justicia los asuntos que le son propios, dentro de un marco autónomo, y profesionalmente responsable.
Todo lo dicho puede sonar lógico para cualquier espectador sensato, pero lograrlo supone una dosis importante de inteligencia; madurez; equilibrio; racionalidad política; desprendimiento; sentido de Estado, y mucho pragmatismo.
En otras palabras, se requiere pisar tierra y no seguir perdiendo tiempo en la búsqueda de momentos épicos imposibles, porque frente a un gobierno autoritario como el actual, solo es posible atender la realidad.
Para hacer posible el plan, es necesario ganar las elecciones; cobrarlas, y gobernar para todos los venezolanos, incluyendo a los adeptos del oficialismo. Si, aunque a algunos les provoque borrarlos del mapa, no es posible. Son una fuerza real.
Tenemos que garantizar la transición pacífica y democrática, y sin negar el derecho que tienen los afectados a luchar por su habilitación, es urgente también un plan alternativo que se adelante a las posibles astucias del gobierno, como el adelanto de las elecciones cuando le provoque.
Necesitamos un acuerdo amplio de todos los factores para acompañar y apoyar un plan de gobernabilidad, y un candidato que extienda las manos a todo el país, y a los sectores internacionales, que ofrezca confianza para la inversión nacional y foránea.
Para ello hace falta un candidato de jerarquía; experiencia; bien preparado; cordial; honesto, que construya puentes, y sinergia con los factores decisivos para la reconstrucción del país.
El país tiene todo para triunfar y desarrollarse; hace falta voluntad y claridad de objetivos para alcanzarlo. Para mañana es tarde.
@romanibarra

