Tiempo de dificultad sigue azotando a los venezolanos, no solo en nuestras fronteras, sino en otras latitudes. Ha expirado la vigencia del TPS para nuestros compatriotas en los Estados Unidos, y con ello, pierden esa protección y estatus más de 600.000 ciudadanos que ahora claman por asistencia jurídica; política, y protección urgente, frente a una realidad que nos sitúa en condición de parias.
En efecto, la finalización del TPS va a obligar a la ejecución de deportaciones de manera masiva, y en otros casos, autodeportaciones voluntarias para evitar permanencia ilegal en el territorio, salvo que los afectados hayan optado por otra posibilidad, como el asilo, entre las factibles.
Las razones que permitieron la existencia del TPS, persisten. No es verdad que las condiciones políticas, y socioeconómicas en nuestro país hayan mejorado. Por el contrario, se han profundizado, y hasta el momento no hay razones para pensar que vayan a mejorar.
La crisis en Venezuela se ha agravado, y se profundiza a diario, porque el gobierno de facto, además de violar la Constitución y leyes electorales con la vulneración del resultado del 28J, se ha dedicado a la práctica deleznable del terrorismo de estado, y cada día aumenta el número de desaparecidos; secuestrados; presos sin proceso judicial; reos que han cumplido su (injusta e ilegal) condena, y aun así no son liberados y hasta se desconoce su paradero, según la denuncia de familiares y defensores de DDHH. Hay varios fallecidos en custodia del Estado; en fin, son muchas las denuncias acerca de violaciones sistemáticas a la legislación interna, y también de tratados internacionales suscritos por la República, las cuales, fueron claramente expresadas en el informe de la comisión de seguimiento de las Naciones Unidas, sin que haya habido correcciones, y menos aun sanciones por tan aberrantes conductas.
Frente a la amenaza de miedo creíble que se materializa con la presencia de la flota militar norteamericana, y sus aliados en el Caribe, el gobierno de facto ha intentado varias estrategias para tratar de ganar tiempo, y mantenerse en el poder.
Por una parte, envía mensajes y emisarios tratando de convencer acerca de su ¨buena intención¨ de negociar, y ofrece hasta ¨gobiernos¨ de transición sin Maduro, pero con sus más estrechos colaboradores o socios al mando. Piden también que les levanten las sanciones para poder negociar salidas posibles; negocios e inversiones con las riquezas materiales del país, como el petróleo, entre otras, pero sin que expresen seriedad, o ánimo real de llegar a acuerdos. Es a todas luces una manera de ganar tiempo y con ello permanecer en el poder, con la visión que tienen todos los totalitarios.
En diversas ocasiones, y a través de distintas voces, se les ha pedido un gesto de buena voluntad como la liberación irrestricta de todos los presos políticos para demostrar su interés por encontrar una salida, y en vez de ello, continúan persiguiendo y encarcelando inocentes.
Son incapaces de tender puentes de comunicación con factores de oposición para entenderse y solucionar la crisis, y prefieren el insulto y la descalificación, quizás de manera deliberada para producir polarización; tirantez, y desencuentros. Y en medio de todo, queda el conjunto de la ciudadanía a merced de la pobreza que produce la destrucción económica sistemática por parte de un gobierno que ha ejercido de manera ininterrumpida por 26 años. Esto es, una sociedad sometida a la destrucción, y al rebusque para llegar a fin de mes, frente a la opulencia descarada que exhiben los del gobierno y sus aliados.
La gente sigue preguntándose donde están los recursos del Metro Guarenas-Guatire; el Tren Tinaco; los Puentes del Orinoco; el segundo Puente del Lago de Maracaibo; las Centrales azucareras; los 23.000 millones de dólares del desfalco a PDVSA a cargo presuntamente de Tarek El Aisami; el eje Orinoco-Apure; las empresas básicas de Guayana; las zonas industriales de Guatire; Aragua y Carabobo; las Centrales Hidroeléctricas; en fin, el robo astronómico de los recursos del Estado.
Nadie sabe nada, ni se investiga; mientras la gente común no tiene empleo, y se ve en la necesidad de recurrir al rebusque; a la mendicidad, e incluso al delito para sobrevivir. Estas injusticias claman ante los ojos de Dios; se hacen insoportables estas condiciones en las que sobreviven –a duras penas- la mayoría de nuestros ciudadanos.
Por ello, y en vista de la situación calamitosa que se agrava a diario, se hace urgente que la oposición ganadora amplíe su radio de acción hacia todos los factores, también de oposición, para que coadyuven en la búsqueda de negociaciones, y acuerdos, que permitan una salida certera a la prolongada crisis.
Hay que aferrarse a las declaraciones del Papa León XIV, así como las de otros voceros calificados de la Iglesia Católica Universal, como el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, y el Cardenal Baltazar Porras, y avanzar en la búsqueda de salidas eficaces para superar este drama.
También es positiva la declaración contundente del Presidente Trump, al advertir que no tiene intenciones de atacar militarmente a Venezuela, lo cual, favorece la necesidad de abrir mecanismos de negociación para evitar desenlaces, cuyos efectos colaterales pudieran ser muy graves. Creemos que además de la Iglesia Católica, podrían sumarse organismos internacionales; gobiernos, y parlamentos, y entre todos contribuir para hallar la mejor salida posible. Pero eso sí, no puede ser para que el gobierno de facto se burle de los negociadores como en el pasado, incumpla los acuerdos, y pretenda ganar tiempo para seguir.
Está claro que perdieron las elecciones de manera abrumadora y permanecen en el poder por la fuerza; eso es inaceptable, pero vista la realidad, se hace necesario encontrar una fórmula que permita la salida ordenada, y la transición pacífica hacia la democracia que el pueblo decidió de manera libérrima, y clara el 28J.
Siempre hay formas de conseguir los objetivos sin que haya desenlaces indeseados, o fatales. La guerra no deja nada bueno; solo destrucción. De manera que el principal logro será evitar eventos de fuerza de los que podamos arrepentirnos, y lamentar. Acuerdos para la paz.
@romanibarra

