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Rafael Sanabria Martínez: El Balcón del Pueblo: más que un balcón, un símbolo de El Consejo

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El emblemático balcón del pueblo, un símbolo silencioso, ha sido testigo del incesante cambio en El Consejo, Aragua, desde hace ya mucho tiempo. El balcón se alza allí desde que se abrió la calle Bolívar aquel 19 de enero de 1866. Precisamente allí se levantó, por ese año, su casa el General Donato Rivero, figura clave de la Federación. Jefe civil de nuestro pueblo durante muchos años, fundador de una familia honorable, fundador de la casa comercial Rivero & Colmenares hermanos en la Casa Morgado. Después, casa de habitación de Juan Salazar. Cabe mencionar que sus barandas son obra de la Junta Comunal de 1953-1954; ellas han visto de todo: alegrías, tristezas, fiestas y discusiones, construyendo así una historia local llena de riqueza que aún vive en la memoria de todos. Ahora, el balcón comparte espacio con el afecto de los hogares de los Chávez Ríos, los Durán Torres, los Torres González y los Alfonzo Pino.

El balcón, a un pasito de la plaza Bolívar, con vista a la avenida Bolívar, muy cerca de la iglesia Nuestra Señora del Buen Consejo, ha sido lugar de encuentro de los habitantes. En sus inicios, sirvió como escenario para los discursos, ¡sí! , de presidentes, gobernadores y líderes, anuncios importantes y, a veces, ¡hasta como tarima para los grupos musicales!

Antes, vecinos, escuelas e instituciones cívicas se reunían en ese sitio, sobre todo durante el gobierno de Gómez, ya fuese para celebrar el 19 de diciembre, día de la Rehabilitación Nacional, ¡o para conmemorar alguna celebración nacional! , convirtiéndolo en un símbolo de hermandad y unión social.

El balcón, con el correr del tiempo, ha sido espectador de cambios asombrosos. Las generaciones van y vienen, la arquitectura del pueblo se transforma y la vida diaria se adapta a las últimas innovaciones tecnológicas, pero el balcón, ¡sigue ahí! , observando sereno la metamorfosis. Recuerdo cómo, en la Venezuela de antes, se oían discursos patrióticos desde su altura, ¡encendiendo la llama del fervor patrio! Más adelante, en momentos difíciles, se convirtió en refugio, un espacio de esperanza donde las personas hallaban consuelo y unión.

En la actualidad, el balcón persiste como punto clave, aunque su función ha variado. Aunque ya no es el centro de eventos públicos como antes, aún sirve de escenario para los músicos durante Semana Santa, así como lugar de encuentro, permitiendo a las familias de hoy disfrutar de la vista y la brisa fresca.

A pesar de los cambios, el balcón aún perdura como símbolo de la identidad y la historia de El Consejo, un constante recordatorio del linaje y legado del pueblo.

Las narraciones y mitos que envuelven al mirador son pieza clave del legado cultural del propio poblado. Cuentan hechos curiosos, figuras fantasmales, acontecimientos incomprensibles ocurridos en la cercanía, realzando su peso histórico y representativo, aún más. El mirador viene a ser, en el fondo, un narrador mudo de la crónica lugareña, un espectador que aguanta, mirando el día a día y cambio de El Consejo, Aragua, una conexión perpetua entre el ayer y el ahora, sin duda.

Balcón del Pueblo El Consejo

 

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